No celebren la acusación formal vs Julian Assange

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Paul Waldman/The Washington Post
viernes, 12 abril 2019 | 06:00

Washington – Julian Assange, creo que estamos de acuerdo, es una bolsa de basura. Pero eso no significa necesariamente que su arresto  y extradición a los Estados Unidos sean positivos.

Esto es lo que acaba de pasar, según informó el Post:

"Las autoridades británicas arrestaron el jueves al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, en respuesta a una solicitud de extradición de EU, y un tribunal federal estadounidense reveló una acusación formal con un solo cargo de conspiración para divulgar información que podría usarse en perjuicio de los Estados Unidos. .

"La acusación estadounidense dada a conocer el jueves acusa a Assange de haber acordado ayudar a [Chelsea] Manning para ingresar una contraseña en la red informática del Departamento de Defensa en 2010. Eso, según los fiscales, habría permitido que Manning ingresar con otro nombre de usuario. La acusación formal non incluye evidencias del que el esfuerzo de robar contraseñas realmente tuvo éxito.

“Incluso antes de romper las contraseñas, sin embargo, Manning le proporcionó a WikiLeaks cientos de registros clasificados, alegan los fiscales. El material supestamemente incluye casi cuatro bases de datos completas, con 90 mil informes de la guerra de Afganistán, 400 mil informes de la guerra de Irak y 250 mil cables del Departamento de Estado. 

Como usted probablemente sabe, Assange ha estado escondido en la Embajada de Ecuador en Londres desde 2012, donde buscó asilo para evitar cargos por ataque sexual en Suecia. La administración de Obama, aunque criticaba a Assange, decidió que las implicaciones de la Primera Enmienda para acusarlo de un delito eran demasiado preocupantes, por lo que se negaron a fincarle cargos.

Esto se debe a que, independientemente de lo que piense en WikiLeaks, si criminalizamos la recepción de información clasificada, algunos de los trabajos investigados más importantes del periodismo en la historia de los Estados Unidos se convertirían en delitos, y cada reportero que trabaje en seguridad nacional sería un posible delincuente.

Hay una regla clara que siguen los periodistas: si mi fuente robó documentos importantes y me los entregó, puedo escribir sobre lo que contienen. Lo que no se puede hacer es allanar la puerta del edificio del gobierno para que mi informante pueda entrar.

Eso es esencialmente de lo que se acusa a Assange: de conspirar con Chelsea Manning para irrumpir sin permiso en el gobierno. Según la acusación, "Assange aceptó ayudar a Manning a descifrar una contraseña almacenada en las computadoras del Departamento de Defensa de los Estados Unidos" para encontrar más documentos. (Su intento fue aparentemente infructuoso).

Pero dada la magnitud de lo que WikiLeaks ha publicado a lo largo de los años y las críticas que ha recibido la organización, la acusación parece ser mucho como un pretexto, una manera de acusar a Assange de algo para que puedan extraditarlo. Y Assange puede preguntarse por qué los servicios que le prestó al presidente Donald Trump no le brindaron protección.

Lo que nos lleva a entender por la que hay muchos liberales que se sienten satisfechos con ver a Assange detenido y esposado. Si bien el modus operandi de WikiLeaks era muy controvertido antes de 2016, al menos funcionaba de acuerdo con un conjunto de principios defendibles, promoviendo la idea de que las personas de todo el mundo deberían saber las cosas que los gobiernos buscan ocultar. Pero en 2016, parece que Assange y el grupo decidieron que, por alguna razón –su aversión a Hillary Clinton, probablemente–, cooperarían con el gobierno ruso en un esfuerzo conjunto para ayudar a que Trump fuera electo presidente de los Estados Unidos. Ese esfuerzo fue exitoso y no fue exactamente una victoria para la causa de la transparencia y la libertad de prensa.

Hasta 2016, los conservadores habían sido más críticos que los liberales de Wikileaks, dada la mayor sospecha que sienten los conservadores tanto hacia los denunciantes de irregularidades en el gobierno como a la idea de exponer los secretos gubernamentales. Estoy seguro de que tienen una pizca de ambivalencia cuando la organización hacia la cual han manifestado tanta hostilidad se unió a la causa Trump y su candidato los ha elogiado profusamente en la campaña electoral. “¡Me encanta WikiLeaks!”, proclamó Trump, y los mencionó 164 veces en el último mes de la campaña. Pero lo superaron: pongamos sólo el ejemplo del secretario de Estado Mike Pompeo, quien se volvió muy crítico con WikiLeaks después de haber sido un gran fanático durante la campaña.

La hipocresía de Trump y sus partidarios no nos dice –de una manera o la otra– si resulta algo bueno tras el arresto de Assange. Si los fiscales pueden probar que la acusación de que intentó apoyar la piratería de sistemas del gobierno, entonces se le puede hacer responsable por ese cargo. Pero si lo que realmente se discute es si WikiLeaks publicó información clasificada, deberíamos estar preocupados sobre qué hará a continuación la administración Trump.