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José López Zamorano/La Red Hispana
viernes, 08 febrero 2019 | 06:00

Washington – El Mensaje sobe el Estado de la Unión del presidente Donald Trump cumplió con las expectativas: una colección deshilvanada de llamados a la conciliación y a la unidad nacional, combinados contradictoriamente con la repetición de sus obsesiones más controvertidas y polarizantes: la insistencia en un oneroso muro fronterizo y la falsa equivalencia entre la inmigración indocumentada y la violencia criminal.

En la sesión solemne ante la Cámara de Representantes y el Senado, el presidente Trump empleó ciertamente un tono más cortés si se le compara con sus dos mensajes previos, pero la sustancia de sus políticas se mantuvo inalterable: guerra sin cuartel contra los inmigrantes más pobres a través del despliegue de 3 mil 750 soldados a la frontera y un ramo de olivo a los rivales geopolíticos de Estados Unidos, en especial el líder de Corea del Norte Kim Jong Un.

Ni los 72 mil estadounidenses que murieron el año por sobredosis de drogas, ni las más de 30 muertes muertes por armas de fuego entraron al radar de las principales preocupaciones del presidente Trump. En su narrativa, las empobrecidas familias de migrantes centroamericanos que se acercan en caravanas a la frontera entre México y Estados Unidos representan un más peligroso embate a la seguridad nacional de los Estados Unidos.

Más aún, el presidente lanzó una abierta amenaza a los demócratas: “si va a haber paz y legislación, no puede haber guerra e investigación. ¡No funciona así!”. Al parecer en la Casa Blanca no han tomado nota de las lecciones del cierre del gobierno federal durante 35 días, un episodio del que Trump salió con las manos vacías: los demócratas son la nueva mayoría en la Cámara de Representantes y son el nuevo contrapeso real del ejecutivo estadounidense.

Por eso fue natural que el Mensaje de Trump fuera recibida con expresiones de rechazo por parte de los demócratas. La respuesta demócrata en español correspondió al procurador de California, al mexicano americano Xavier Becerra, quien acusó al presidente de ignorar la importancia de mejores escuelas, salarios con beneficios, mejores leyes, protección a los dreamers y una reforma migratoria integral.

Es necesario decir sin embargo que el presidente obtuvo aplausos tanto de demócratas como de republicanos cuando habló de la necesidad de combatir el cáncer infantil, de erradicar el virus del VIH en 10 años, así como del logro de la reforma del sistema de justicia criminal. La posibilidad de temas de consenso es real pero no aparecieron como prioridad presidencial.

Si el Mensaje del Estado de la Unión se ve desde una óptica electoral, el presidente hizo muchos guiños a su base más conservadora, pero hubiera sido deseable que trazara un camino bipartidista en migración y seguridad nacional para evitar que el país regrese al borde de una nueva parálisis el 15 de febrero. Lamentablemente fue una oportunidad perdida.