Los lugares vacantes de la política estadounidense

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Paul Krugman/The New York Times
miércoles, 06 febrero 2019 | 06:00


Nueva York – Howard Schultz, el multimillonario del café, quien imaginó que podría atraer un amplio apoyo como “centrista”, resultó tener un apoyo del cuatro por ciento, contra un 40 por ciento de desaprobación.

Ralph Northam, un demócrata que ganó la gubernatura de Virginia por un amplio margen, está enfrentando un aluvión de denuncias de su propio partido en relación con imágenes racistas que hay en la página donde aparece su fotografía dentro del anuario de su escuela de medicina.

Donald Trump, quien contendió a la presidencia con promesas de expandir los servicios médicos y aumentar los impuestos a los ricos, comenzó traicionando a sus seguidores de la clase trabajadora desde el momento en que tomó protesta, impulsando la aprobación de enormes recortes fiscales para los ricos mientras trataba de dejar sin cobertura médica a millones.

Resulta que estas son historias relacionadas, todas vinculadas con dos grandes ausencias en la vida política estadounidense.

Una es la ausencia de los electores económicamente conservadores pero socialmente liberales. Estas eran las personas que Schultz pensó que podría atraer, pero básicamente no existen, ya que solo representan alrededor de, sí, solo el cuatro por ciento del electorado.

La otra es la ausencia de los políticos económicamente liberales pero socialmente conservadores; seamos directos y llamémosles “populistas racistas”. Hay muchos electores a los que les gustaría esa combinación y Trump fingió ser el hombre que buscaban, pero no lo fue, y hasta ahora nadie más lo es.

Yo argumentaría que entender estos lugares vacantes es la clave para entender la política estadounidense.

Alguna vez hubo populistas racistas en el Congreso: la coalición del Nuevo Acuerdo se basó en un amplio contingente de segregacionistas que eran miembros del Partido Demócrata por los derechos de los estados. Sin embargo, esta coalición siempre fue inestable. En la práctica, defender la inclusión económica parece equipararse a defender la inclusión racial y social. Para la década de 1940, los demócratas del norte estaban más a favor de los derechos civiles que los republicanos del norte, y como demuestra el escándalo de Northam, ahora el partido tiene muy poca tolerancia incluso ante lo que se pueda interpretar como racismo.

Mientras tanto, al Partido Republicano moderno solo le importa recortarles los impuestos a los ricos y las prestaciones sociales a los pobres y a la clase media. Y Trump, a pesar de su postura de campaña, no ha resultado ser distinto.

De ahí el fracaso de nuestro sistema político para complacer a los electores socialmente conservadores/racistas que también quieren cobrarles impuestos a los ricos y mantener la Seguridad Social. Los demócratas no ratificarán su racismo; los republicanos, que no tienen tales reparos, lo harán —recuerden, la clase dirigente del partido respaldó sólidamente la candidatura de Roy Moore en el Senado—, pero no protegerán los programas de los que dependen.

No obstante, ¿por qué hay tan pocos electores que mantienen la postura contraria, que combina el liberalismo social/racial con el conservadurismo económico? En mi opinión, la respuesta se encuentra en lo mucho que el Partido Republicano se ha inclinado hacia la derecha.

Las encuestas son inequívocas en este aspecto. Si definen “centro” como una postura que se encuentra de algún modo entre las de los dos partidos, en lo que respecta a las cuestiones económicas, el pueblo se posiciona de manera abrumadora a la izquierda del centro; a la izquierda de los demócratas, de hecho. Los recortes fiscales para los ricos son la política que define al Partido Republicano, pero dos terceras partes del electorado creen que los impuestos a los ricos son demasiado bajos, mientras que solo el siete por ciento cree que son demasiado altos. Los electores apoyan el impuesto propuesto por Elizabeth Warren a las enormes fortunas por una mayoría de tres a uno. Solo una pequeña minoría quiere ver recortes en Medicaid, aun cuando dichos recortes han sido centrales para todas las propuestas de servicios médicos del Partido Republicano en años recientes.

¿Por qué los republicanos adoptan una postura que dista tanto de las preferencias de los electores? Porque pueden hacerlo. A medida que los demócratas se convierten en el partido de los derechos civiles, el Partido Republicano puede atraer a blancos de la clase trabajadora satisfaciendo su iliberalismo social y racial, aun mientras buscan imponer políticas públicas que dañan a los trabajadores comunes y corrientes.

El resultado es que ser un conservador económico en Estados Unidos significa defender políticas que, por sí mismas, solo resultan atractivas para una pequeña élite. En esencia, nadie quiere esas políticas por sí mismas; solo se venden si van acompañadas de hostilidad racial.

Entonces, ¿qué significan los espacios vacantes para el futuro de la política estadounidense? En primer lugar, por supuesto, que Schultz es un tonto, al igual que aquellos que sueñan con un Partido Republicano reformado que siga siendo conservador, pero que abandone su vínculo con los racistas. Casi nadie quiere esa mezcla de posturas.

En segundo lugar, los temores de que los demócratas están poniendo en riesgo a sus futuros candidatos electorales al tomar una postura que está demasiado a la izquierda, por ejemplo, con la propuesta de impuestos más elevados a los ricos y la expansión de Medicare, son bastante exagerados. Los electores quieren un movimiento económico a la izquierda, solo que a algunos de ellos les desagrada el apoyo demócrata a los derechos civiles, que el partido no puede abandonar sin perder su esencia.

Lo que está menos claro es si hay espacio para políticos dispuestos a ser verdaderos populistas racistas, a diferencia de Trump, quien estaba fingiendo lo segundo. Hay un bloque importante de electores populistas y racistas, y uno podría pensar que alguien podría tratar de complacerlos. Puede que la atracción gravitacional de los grandes capitales —que se ha apoderado por completo del Partido Republicano, y se diría que ha evitado que los demócratas den ese giro tan a la izquierda como el electorado realmente quiere— sea demasiado fuerte.

En cualquier caso, si hay una verdadera apertura para un independiente, ese candidato se verá más como George Wallace que como Howard Schultz. Los multimillonarios que desprecian a los partidos convencionales deberían tener cuidado con lo que desean.