Opinion El Paso

Los estadounidenses quieren que el presidente sienta su dolor

Una de sus cualidades personales más apreciadas es que Biden carga sus emociones a flor de piel

Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

jueves, 01 abril 2021 | 06:00

San Diego— Después de estar solo dos meses en la Casa Blanca, el presidente Joe Biden ha ido de ser la persona más empática en la política a alguien cuyos instintos políticos dejan poco espacio para la empatía.

Una de sus cualidades personales más apreciadas es que Biden carga sus emociones a flor de piel. Este irlandés conoce dolorosamente bien la lección de la Isla Esmeralda, que, tarde o temprano, la vida le romperá el corazón. A Biden se le ha roto el corazón por lo menos en tres ocasiones, después de perder a su primera esposa Neilia, y a su hija de 1 año, Naomi, en un terrible accidente una semana antes de la Navidad de 1972, y luego, perder a su hijo Beau debido al cáncer de cerebro en el 2015.

Durante más de 30 años prestó sus servicios en el Senado de Estados Unidos y ocho años como vicepresidente, en los que Biden exudó empatía.  Sin embargo, hasta ahora y como presidente, no lo ha hecho mucho.

Lo hemos visto con el asunto de las armas. El hecho de que Estados Unidos haya sufrido dos tiroteos masivos en una semana, dejando ocho muertos en Atlanta, Georgia el 16 de marzo y otros 10 en Boulder, Colorado el 22 de marzo, tiene a los defensores del control de armas alzando la voz para que el presidente ejerza presión para que se promulgue una legislación para el control de armas.  Al parecer eso encajaría de manera natural, tomando en cuenta que Biden, allá en los años 1990, ayudó a que se aprobara la Propuesta Brady, que requirió la revisión de antecedentes en la mayoría de las compras de armas y detuvo la venta de armas semi-automáticas.

A la luz de esa historia, fue surreal ver, durante su primera conferencia de prensa, que Biden ignorara la pregunta sobre qué tan lejos estaba dispuesto a ir para impedir una violencia adicional con las armas. Al insistir en que él sabe muy bien cómo impulsar una legislación, el presidente lo consideró como una “cuestión de tiempo”.

Por el contrario, para Biden, éste es el momento para que se apruebe una propuesta de ley para infraestructura por 4 trillones de dólares.

Biden también parece pensar que éste no es un buen momento para solucionar la crisis de refugiados y tratar humanamente a miles de menores no acompañados que han cruzado la frontera entre Estados Unidos y México.

Biden tiene sentimientos mezclados en ese tema. Da un paso para adelante y luego dos para atrás. Da a conocer una buena política y luego sigue con una mala.

Los republicanos, que por ahora, e inesperadamente, les está importando lo que le sucede a la gente morena que cruza la frontera, culpan del flujo de refugiados a lo que se supone sería un enfoque más amable de Biden para los recién llegados.

Aunque el Partido Republicano falló nuevamente y no ha dado en el blanco.  El problema no es la compasión de Biden, son sus contradicciones. En cierto momento, Biden le comentó a Cecilia Vega de ABC News que no se disculpará por aceptar niños refugiados en la frontera en lugar de “dejarlos morir de hambre y que se queden en el otro lado”. Enseguida, le informó fríamente a Vega que el niño de 9 años que ella conoció en la frontera, a quien ella identificó como “Yossell” y que llegó de Honduras, debería ser “subido a un avión para regresarlo con su mamá”.

Brillante. Esa podría ser la misma madre que envió a su hijo al norte con la caravana migrante para que pudiera sobrevivir, en lugar de dejarlo a merced de las despiadadas pandillas que hay en su país. El enviar de regreso al niño a ese infierno podría solucionar el problema político de Biden, pero crearía más problemas para la madre del niño allá en Honduras.

Uno esperaría algo mejor de alguien que ha visto esa película anteriormente. Como lo reveló Biden en la conferencia de prensa, como vicepresidente en el 2014, encabezó la respuesta a una anterior oleada en la frontera. Biden recordó: “El presidente Obama me pidió que regresara para que atendiera eso, en ese momento yo estaba en Turquía, y me dijo “Regresa y encárgate de eso”, así que, preparamos un plan y logramos tener un impacto”.

Un desastroso impacto. La administración Obama no logró una buena respuesta a la crisis fronteriza, en parte debido a que la dividió en tres estrategias: liberar a los niños y dejarlos al cuidado de tutores en todo Estados Unidos, colocar a los niños en jaulas y en centros de detención, y regresarlos a sus países de origen, en donde muchos perecieron, de acuerdo a varias versiones nuevas.

Ahora que nos enteramos de esa debacle, ¿eso es todo lo que ha hecho Biden? ¿Aprendió algo de sus errores? Al parecer no. Hay un tiempo para ser político y lograr grandes cosas y poner los puntos en el tablero. Pero en este momento, es tiempo de ser humano.

En tiempos de calamidad, los estadounidenses quieren que sus líderes sientan lo que ellos sienten. ¡Vuelve a ser empático, Joe!