Opinion El Paso

Los errores policíacos pueden ser letales

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Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

viernes, 07 enero 2022 | 06:00

San Diego— Los latinos son la minoría más grande de Estados Unidos, y unos de los más tranquilos.  Nosotros no generamos problemas –aún cuando es necesario.

¿Qué nos lleva a la pregunta: las vidas de los morenos importan?

¿Qué pasó con Valentina Orellana Peralta? ¿Su vida –incluyendo los planes que tenia esta jovencita de 14 años de convertirse en ingeniero y ciudadana de Estados Unidos– importan?

El futuro con el que Valentina soñaba no sucederá.  No podemos culpar a la pandemia. Su muerte fue provocada por un hombre, causada por un error humano y una mala decisión.

La adolescente está muerta y su familia destruida, debido a un trágico y prevenible error de un oficial veterano del Departamento de Policía de Los Ángeles.

Al parecer, el oficial cree en la responsabilidad. Supongamos que él es un policía “despierto” que desea que haya confianza entre el Departamento de Policía de Los Ángeles y la comunidad en la que presta sus servicios.

No hay nada más horrible que un padre tenga que hacer el ritual no natural de enterrar a un hijo.Imagine que lleva a su hija a comprar ropa para Navidad y en lugar de eso, unos días después, tiene que escoger su ataúd.

Ese es el horror que sufren los padres de Valentina, quienes siempre compararán la época navideña con la pérdida y el dolor. Su Navidad nunca volverá a ser Feliz.

La adolescente se acababa de mudar de su nativo Chile a Estados Unidos, y afirmaba que para ella “era el país más seguro del mundo”.

Estados Unidos no fue seguro para ella, Valentina murió el 23 de diciembre a consecuencia de un balazo que disparó William Dorsey Jones Jr., un oficial de policía afroamericano de 42 años, veterano del Departamento de Policía de Los Ángeles, quien –irónicamente– había construido una reputación como reformador de la policía.

Uno podría preguntarse:¿La raza del oficial es relevante? Los medios de comunicación rutinariamente mencionan la raza de los policías anglosajones y latinos acusados de todo, desde errores, mal comportamiento y hasta homicidio. No podemos tener reglas diferentes para los policías afroamericanos. 

Además, no es ningún secreto que una de las cosas que la Policía necesita reformar es la manera como los oficiales interactúan con los hombres afroamericanos.

En este caso, el oficial que cometió un error mortal es afroamericano, y la víctima es latina. Eso abre una nueva dinámica racial que se convierte en parte de la historia.

La jovencita se encontraba con su madre en el vestidor de una tienda departamental del Norte de Hollywood cuando policías irrumpieron para confrontar a un hombre que estaba blandiendo un candado de bicicleta contra los compradores, provocando el sangrado en uno de ellos. El hombre no iba armado, y de acuerdo a la cámara corporal de la policía, no se acercó a los oficiales.

En ese lugar público, los agentes abrieron fuego con armas semi-automáticas. Una bala penetró en el panel de yeso que estaba detrás del sospechoso, matando a la adolescente. De acuerdo a la madre de Valentina, los oficiales no le proporcionaron ayuda a su hija, simplemente abandonaron el lugar.

En una publicación en las redes sociales que fue eliminada, Jones proclamó orgullosamente ser parte tanto de La Delgada Línea Azul como de Las Vidas de los Afroamericanos Importa.

Su comportamiento de ese día no es algo de lo que deba enorgullecerse. Él necesita responder por eso. Múltiples investigaciones se están llevando a cabo. Esperemos que produzcan lo que los defensores de la reforma policíaca siempre dicen en estos casos: responsabilidad y justicia.

Un amigo mío, quien es un jefe policíaco retirado en tres ciudades y que actualmente entrena a los oficiales, dijo que él hubiera manejado la situación de manera diferente.

Cuando la policía entra a un espacio público cerrado en donde hay muchos desconocidos, dice que no debe usar armas de alto poder, sino sólo la pistola. Según él, una pistola pudo haber sido más precisa y es menos probable que sus balas penetren las paredes que un rifle de alto poder.

Oficiales que aplican la ley hacen el juramento de proteger y servir. Sin embargo, su primera prioridad debería ser, al igual que los médicos, no hacer daño.

Ustedes han escuchado esto anteriormente, ¿verdad?

¿No es esa la lección que se supone que Estados Unidos aprendió 20 meses después de que George Floyd –quien era afroamericano– fue asesinado por Derek Chauvin, un policía anglosajón de Minneapolis?

¿No es el mensaje que un jurado de un suburbio de Minneapolis envió el mes pasado cuando condenó a una ex oficial de policía, Kim Potter, por homicidio culposo en primero y segundo grado por haber matado a Daunte Wright, un conductor afroamericano, después que Potter aseguró que erróneamente confundió su arma con su pistola Taser?

Oigan, los errores suceden. Pero no todas las profesiones permiten que los errores no sean castigados. Los carteros pueden dejar una carta en el buzón equivocado, o un empleado de supermercado podría olvidar colocar un cartón de huevos en la bolsa de las compras.

Sin embargo, un policía no puede ser descuidado. Sus errores pueden costar vidas. Así es ese trabajo. Si no pueden hacerlo deberían considerar tener un empleo menos estresante, como ser guardias de seguridad en un centro comercial.

Tomando en cuenta los recientes eventos, se supone que los estadounidenses están más conscientes que nunca acerca de la violencia policíaca.

Ya veremos si eso es cierto.

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