Opinion El Paso

Los ataques contra los spas asiáticos tienen un tinte familiar de racismo

Los que niegan el racismo son malvados, ingenuos o tontos

Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

martes, 23 marzo 2021 | 06:00

San Diego— Los que niegan el racismo son malvados, ingenuos o tontos.  Sin mencionar a los abundantes varones anglosajones de los podcasts, presentadores de Fox News y comentaristas de radio.

En su podcast, Ben Shapiro –un conservador anglosajón que debería dejar de hablar acerca de la raza– ofreció un destello de sabiduría que fue un fiasco.

“La izquierda condena el odio contra los asiáticos, pero sólo cuando ellos creen que el culpable es la “blancura”, les comentó Shapiro a sus radioescuchas.

En algunas ocasiones, parece como si los estadounidenses de todos los colores no pudieran dejar de hablar acerca de la raza. Luego, un día, algo racista ocurre realmente y la gente quiere hablar de todo excepto de la raza.

Ahora que los que lo niegan están hablando nuevamente sobre eso, todos lo hicieron acerca de un ataque ocurrido en esta semana en contra de tres spas asiáticos ubicados cerca de Atlanta.

En una aterradora repetición del “Día de la Marmota”, los estadounidenses –debido a que no han reconocido y no han podido confrontar a la supremacía blanca– tienen el maleficio de volver a vivir el mismo tipo de tragedias.

Los actores cambian, pero el argumento siempre tiene un ritmo familiar. Y los jóvenes anglosajones, sintiéndose impotentes en contra de fuerzas que no pueden controlar, canalizan su enojo contra la gente de color. Así que, toman un arma y buscan un lugar en donde se reúnen esas personas.

En el 2015, un supremacista blanco de 21 años, Dylann Roof, llegó a la Iglesia Episcopal Metodista Africana Emmanuel situada en Charleston, S.C., y mató a nueve afroamericanos que se reunieron para estudiar la Biblia.

En el 2019, un supremacista blanco de 21 años Patrick Crusius, viajo hasta Texas, a un Walmart de El Paso, en donde mató a 23 personas e hirió a otras 23.  La mayoría de las víctimas eran mexicanos o méxicoamericanos.

Y en esta semana, cerca de Atlanta, Robert Aaron Long de 21 años presuntamente disparó y mató a ocho personas  --- incluyendo a seis mujeres asiáticas --- en tres spas conocidos por emplear a mujeres asiáticas, por lo menos una de los cuales era propiedad de una fémina oriental.

Esos son los hechos, ahora falta el contexto.

Primero, los ataques contra los spas se llevaron a cabo después de una oleada de violencia anti-asiática que se ha registrado en las últimas semanas, incluyendo actos de violencia en contra de asiático-americanos de edad avanzada.

Enseguida, acabamos de concluir el 2020, que produjo una serie de crímenes de odio anti-asiáticos en medio de la pandemia global en donde el entonces presidente Donald Trump culpó a China y la apodó “La Influenza Kung”.

Durante el transcurso de un año de la pandemia, hubo casi 3 mil 800 incidentes de odio anti-asiáticos, que incluyen todo desde gritarles insultos hasta actos violentos, de acuerdo al grupo Paremos el Odio AAPI. El 68 por ciento de esos ataques fueron contra mujeres asiáticas, comparado con el 29 por ciento de hombres de esa raza.

Finalmente, existe un historial de violencia anti-asiática en Estados Unidos.

Las fechas datan desde mediados de los años 1880, cuando los inmigrantes chinos llegaron por primera vez a California para hacer trabajos que los estadounidenses no hacían. Uno de ellos era colgar de una cuerda para colocar cartuchos de dinamita en las montañas para construir el ferrocarril.

En 1882, el Congreso aprobó inequívocamente el Decreto de la Exclusión China para prohibir más migración de China. Cuando cayó la cortina de hierro en el siglo 19, en poblaciones occidentales hubo “ligas anti-chinos”. Allí, ciudadanos que pensaban igual, se unieron para deshacerse de las comunidades de inmigrantes chinos a los que en algún tiempo les habían dado la bienvenida como trabajadores esenciales.

El siglo 20 trajo más intolerancia y dolor. En los años 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, los japoneses-americanos fueron colocados en campos de internamiento. Durante los años 1970 y 1980, en la parte central de California, el nuevo objetivo eran los refugiados del sureste de Asia, incluyendo Hmong, muchos de los cuales huyeron a Laos después de la Caída de Saigon debido a que temían ser castigado por haber ayudado en operativos de la CIA durante la Guerra de Vietnam.

Dejando todo eso a un lado, hay muchos estadounidenses en las redes sociales y pláticas en la radio que parecen desesperados por negar que la raza ha incidido en el tiroteo ocurrido en los spas asiáticos.

Los que niegan eso caen en la línea conocida que fue un hombre armado solitario con algún defecto mental. Las autoridades han dicho que en el caso del responsable de los tiroteos en los spas asiáticos, ese defecto es una adicción al sexo que supuestamente dio lugar a que el sospechoso se enfocara en los salones de masajes que él consideró como una tentación.

Por supuesto, escuchamos eso del Departamento del Sheriff del Condado Cherokee, y ese Departamento está actualmente balo escrutinio. El capitán Jay Baker, director de Comunicaciones y Relaciones Comunitarias del Departamento, dijo sin pensar a los reporteros que Long “había tenido un mal día”.

En abril del 2020, Baker publicó un material racista en Facebook, mostrando una camiseta en donde culpaba a China de la pandemia. Se lee:  “El Covid-19 es un virus importado de Chy-na”, en el comentario, que fue eliminado, Baker escribió “Me fascina esta camiseta”.

Él no es un muchacho que debería decidir lo que es o no racismo hacia los asiático-americanos.

¿Quién podría negar eso?