Opinion El Paso

Lo que nos enseñó el apagón de Facebook

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Molly Roberts / The Washington Post

domingo, 10 octubre 2021 | 06:00

Washington— Finalmente, Facebook dejó de verse invencible en esta semana. Las revelaciones de una ex empleada desquebrajaron a la empresa desde dentro, y las entrañas que se desbordaron fueron lo suficientemente desagradables que es razonable preguntar si el escándalo representó una amenaza existencial.

¿Qué sucedió después? Facebook desapareció.

La secuencia del ruido de los pecados de Facebook ante el universo muestra temporalmente que Facebook fue prácticamente algo cinematográfico. El apagón masivo que ocurrió este lunes y que duró horas nos lanzó, como sucede en las películas que valen la pena verlas, a un mundo de fantasía que nos dijo de una manera muy desagradable la realidad: imaginen la vida sin Facebook.

El resultado mostró lo esencial y lo poco esencial que es la plataforma, todo al mismo tiempo.

Convenientemente, el día en que Facebook no estuvo en ningún lado parece ser el resultado de un intento de que Facebook estuviera en todos lados.

La explicación que los expertos parecen haber acordado se reduce a esto: alguien dentro de Facebook, probablemente de manera accidental, envió una señal a un sistema de ruta en el Internet que hizo que fuera imposible encontrar los servidores de la empresa. Usualmente, esta situación es más molesta que un embrollo debido a que envía una nueva señal que corrige el récord.

Aunque Facebook, que es casi risible en su predictibilidad, lleva a cabo todas sus reparaciones a través de Facebook —así que, absolutamente cada aspecto de la infraestructura remota necesaria para relanzar la plataforma fue inaccesible.

Además de que Instagram y WhatsApp también desaparecieron, debido a que Facebook insistió años antes en lo inextricable de la maraña de servicios en una medida que los escépticos creyeron que estaba diseñado para prevenir una acción antimonopolio que pudiera fracturar la empresa fuera mucho muy difícil de lograr.

Naturalmente, la inadecuada dependencia de Facebook en sí mismo es un reflejo que muestra nuestra propia dependencia de Facebook.

No importa a quién le pregunten, la desaparición de la plataforma reveló muchas verdades. Entre ellas que Facebook es muy poderoso, debido a que cuando desapareció, también lo hicieron Instagram y WhatsApp, que Facebook es bueno para la sociedad porque sin ese servicio no tenemos acceso a Instagram ni a WhatsApp, y que Facebook no es tan poderoso después de todo, debido a que cuando se colapsó brevemente la sociedad no lo hizo. Si eso último es la verdad para uno, ¿por qué estamos tan preocupados por su monopolio de la atención humana?

La realidad, por lo menos en Estados Unidos, es más matizada. Muchas personas inteligentes argumentan que Facebook debió ser regulada como un servicio, pero fue mucho más fácil pasar una tarde sin el sitio y sus aplicaciones filiales que estar sin electricidad o agua.

El mundo y la Web siguieron funcionando, ya que le dieron la bienvenida a la cuenta corporativa de Twitter, preguntándole a la diáspora instantánea y disfuncional “¿Esto es un apagón? Los que les agradan las teorías de la conspiración se preguntaron en los foros que utilizan sobre la idea de QAnon respecto a un período de 10 días de arrestos masivos de las élites pedófilas. Y todo esto pudo ocurrir sin Facebook.

Aunque en cierta medida pudo ocurrió debido a Facebook. La conversación en Twitter fue dominada por el tema de Facebook, muchos de ellos ocuparon los foros y fueron los primeros en exponer las teorías siniestras que actualmente les obsesiona en Facebook.

La tensión fue más marcada en los países en donde los ciudadanos realmente dependen casi exclusivamente de Facebook, WhatsApp e Instagram para la comunicación y el comercio.

Facebook desapareció y la vida empeoró. Sin embargo, la vida empeoró sólo porque un mercado hambriento de Facebook se hizo indispensable al succionar a WhatsApp e Instagram allá en los años 2010. Sin embargo, WhatsApp e Instagram nunca habían sido tan útiles sin que Facebook les prestara sus recursos y marca.

Este círculo infinito de eventos y eventualidades nos atrapó, así que, dentro de cada faceta de la lucha sobre el pasado y futuro de la empresa provoca una sensación de inevitabilidad. Aunque por lo menos en este país, en donde ahora es obvio que Facebook no es el Internet, no tenemos que quedarnos atrapados.

Una red de amigos es más conveniente que una nueva red construida de la nada, un producto apoyado por billones de dólares de ganancias es usualmente superior al inicio de la nada, una oportunidad de conectar con cualquier alrededor del mundo cuándo y en dónde sea, aún con los daños, es preferible a no tener la oportunidad de conectar del todo. La manera en que nos involucramos en esa red, este producto y esta oportunidad depende de nosotros.

Lo cual nos regresa a la falla fatal que causó el apagón del lunes:  El deliberado entrelazamiento de Facebok de él mismo con él mismo.  Esto fue una decisión de diseño y no es especialmente algo inteligente, a juzgar por los resultados.  Aunque nuestras vidas no están diseñadas por la deidad creadora de Menlo Park, California.

Los legisladores tienen la responsabilidad de regular a Facebook para que se comporte de una manera más responsable —aunque el éxito del sitio depende de nuestra devoción al mismo. Nos desconectamos en esta semana por necesidad. La próxima semana podríamos desconectarnos por decisión.

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