Opinion El Paso

Llegó el momento de que los niños finalmente regresen a la vida normal

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Tracy Beth Høeg, Lucy McBride, Allison Krug y Monica Gandhi / The Washington Post

viernes, 28 mayo 2021 | 06:00

Washington— A medida que continúan disminuyendo los casos de Covid-19 y las vacunas demuestran su vigor en contra de las variantes más preocupantes, llegó el momento de evaluar cuáles restricciones contra la pandemia valen la pena mantener. Ésta es una sencilla recomendación:  los niños deberían regresar a su vida normal en este verano y en el próximo año escolar, sin mascarillas e independientemente de cuál sea su estatus de vacunación.

En general, el riesgo para los niños es muy bajo para justificar las restricciones que enfrentan. Entre un 0.1 y 1.9 por ciento de las infecciones de Covid-19 en niños da como resultado su hospitalización —y es muy probable que esto esté sobreestimado tomando en cuenta que recientes estudios sugieren que aproximadamente el 40 por ciento de las admisiones pediátricas por Covid-19 a los hospitales fueron mal clasificadas.

El riesgo de que un niño desarrolle MIS-C, una condición inflamatoria grave con tratamientos efectivos, es menos de 1 en cada 1 mil. El virus ha cobrado la vida de casi 400 niños en 17 meses, lo cual es una cifra más baja respecto a las muertes estimadas entre infantes en la reciente temporada de influenza.

“Un largo padecimiento por Covid” es más raro de lo que anteriormente se pensó, ya que menos del 2 por ciento de los niños experimentan algún síntoma dos meses después de ser infectados. Múltiples estudios tranquilizadores han encontrado poca evidencia de la enfermedad que ha afectado los corazones de los pequeños.

El bajo riesgo para los niños casi desaparece a medida que los casos se han desplomado.  Como lo vimos en Israel y Gran Bretaña, vacunar a los adultos protege indirectamente a los niños.  La misma tendencia es evidente aquí en Estados Unidos: la vacunación de los adultos ha disminuido la incidencia de Covid-19 entre los niños en un 50 por ciento en las últimas cuatro semanas.

En promedio, menos del 0.01 por ciento de los estadounidenses están actualmente infectados, y la probabilidad de que una persona asintomática lo transmita a un contacto cercano es de aproximadamente el 0.7 por ciento. Eso da como resultado una posibilidad del 0.00007 por ciento de que cualquier contacto cercano transmita la infección a un menor. Si el contacto está al aire libre, el riesgo podría ser más de 1 mil veces más bajo.

Tomando en cuenta esas cifras, el ímpetu por regresar a los niños a su vida normal es enorme. Empecemos con la educación presencial: información reciente de más de 1.5 millones de estudiantes y staff de escuelas K-12 —antes de la vacunación de los adultos— encontró que una densidad más baja en los salones de clase estaba asociada con índices más altos de infección. El uso obligatorio de mascarillas tampoco estuvo asociado con los índices de infección de estudiantes o maestros cuando está controlada la propagación dentro de la comunidad.

Por esas razones, las escuelas deberían levantar el requisito de usar mascarillas para los niños, especialmente al aire libre. También deberían eliminar las barreras de plexiglass, protectores faciales y una limpieza profunda, que nunca fueron apoyados por la ciencia.  En lugar de eso, las escuelas deberían depender de la vacunación del staff para proteger a los adultos y niños.

Los maestros vacunados, de acuerdo a las instrucciones de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), no necesitan usar mascarillas en la escuela, lo cual puede crear barreras para el aprendizaje, especialmente para los niños más pequeños, aunque los maestros que tienen un alto riesgo y que no están vacunados pueden optar por usar una mascarilla de tela o una N95.

Tampoco se ha detectado que el uso de mascarillas por los jóvenes cuando practican algún deporte, intramuros o al aire libre, haya impactado la propagación de la enfermedad. Esto podría ser debido a que la difusión relacionada con los deportes es muy baja —con o sin mascarillas— que el agregar esa capa de mitigación no ha tenido un efecto detectable.

De manera similar, el cerrar las áreas de juegos, restringir el uso de equipo atlético y mascarillas durante los recesos no está respaldada por la ciencia. Una investigación detectó una propagación mínima en las escuelas en donde los niños no usan mascarillas, aun en comunidades que tienen altos índices de transmisión.

El contagio a través del equipo atlético también ha demostrado ser excepcionalmente bajo.  Además, las restricciones durante el receso desalientan a los niños a disfrutar de su tiempo para jugar y el ejercicio, que son de bajo riesgo y son esenciales.

Hacemos estas recomendaciones asumiendo que los niños pequeños no son elegibles para ser vacunados. La decisión de las familias para vacunar a sus hijos no debería ser basado en el temor o en las repercusiones académicas o sociales.  Ha habido raros reportes de miocarditis después de aplicarse una vacuna del mRNA, principalmente en hombres jóvenes, el CDC hará recomendaciones adicionales en relación con ese raro evento en las próximas semanas.

Regresar a la escuela y a los recesos de manera normal podría ser un considerable paso para restaurar una buena salud mental en los niños. Las restricciones sobre la pandemia provocaron el año pasado un aumento en las visitas a la sala de emergencia relacionada con la salud mental, incluyendo un incremento del 24 por ciento en niños de 5 a 11 años y un aumento del 31 por ciento en adolescentes de 12 a 17 años.

De hecho este martes el Hospital Infantil de Colorado declaró una emergencia pediátrica de salud mental, diciendo que a los niños “se les acabó la resistencia” contra los estresantes relacionados con el Covid-19.

Aun los pequeños pasos hacia la normalidad pueden tener un gran impacto en un niño. Un estudio encontró que los atletas adolescentes que practicaron un deporte durante la pandemia tuvieron menos ansiedad y depresión que los que no lo hicieron. El simple gesto de permitir que un niño se quite la mascarilla podría darles una sensación de más control y permitirles ver la agradable sonrisa de un amigo.

Al surgir de estos difíciles 14 meses, actuemos para mejorar el bienestar de nuestros hijos.  Una simple métrica de la capacidad para atender a los enfermos graves —tales como los índices de hospitalización y capacidad de las Unidades de Cuidados Intensivos— puede ayudar a guiar a las escuelas sobre cuándo deben permitir que los niños dejen de usar mascarillas en el interior. Aunque no importa qué métrica utilicen, nuestros hijos merecen que se consideren primero sus necesidades.