Opinion El Paso

Las vacunas contra el Covid-19 no son el enemigo, la ignorancia sí lo es

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Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

viernes, 12 noviembre 2021 | 06:00

San Diego— Al tratar de evitar el dolor en el brazo, los que están en contra de las vacunas se han convertido en un verdadero dolor de cabeza.

Hace meses, desde que las vacunas contra el Covid-19 han estado disponibles, he tratado de ser paciente y entender. Eso le ha dado a los que se oponen el tiempo para reflexionar. El país se encuentra más dividido actualmente sobre la cura que lo que nunca estuvo con la enfermedad. Hay tontos insufribles y engreídos que probablemente están preocupados de que una sola aguja los haga reventar como un globo lleno de aire caliente.

La semana pasada, una corte federal de apelaciones frenó el mandato sobre las vacunas de la administración Biden que requería que todos los negocios con 100 o más empleados se aseguraran –para el 4 de enero– que sus trabajadores estén completamente vacunados o se hagan una prueba semanal para detectar el Covid-19.

La segunda opción pretende persuadir a la gente sobre la sensibilidad de la primera, ya que en muchos casos, los costos de las pruebas recaen en el empleado. Si uno desea cerrar la mente, es mejor que esté preparado para abrir la billetera.

Hablando de mentes cerradas, el elefante que está en la sala es que la mayoría de los que se oponen a la vacuna son republicanos. La resistencia incluye a un grupo de gobernadores del Partido Republicano que es probable que van a buscar la nominación presidencial de su partido en el 2024 y al parecer piensan que oponerse a los mandatos sobre las vacunas es un tema ganador y que la salud pública no importa.

Dentro de las 24 horas siguientes al anuncio del mandato de la vacuna por parte de Biden, 26 estados demandaron para bloquearlo.

Ahora vemos uno de los problemas más importantes que hay en este país: muchos estadounidenses quieren tener todo el pastel y comérselo.

Es como si alguien se sentara con la Generación X y los Millenials –aquellas personas que tienen entre 25 y 56 años– y les dijeran que la manera de ganar en el juego de la vida es disfrutar de todos los beneficios sin incurrir en ningún costo.

¿Quieren ser un oficial de la Policía? Increíble. Van a recibir la protección al servicio civil para que no puedan ser despedidos, tendrán aumentos de sueldo garantizado gracias a un fuerte sindicato y una pensión holgada cuando se retiren. Sólo hay un detalle, van a tener que ponerse a trabajar.

Veamos, el trabajo consiste en proteger y servir y no podrán proteger muy bien al público mientras corren el riesgo de exponerse a un virus letal que ya ha matado a más de 750 mil estadounidenses desde marzo del 2020.

Algunas personas quieren los beneficios de ser empleado del sector público, pero no quieren dar nada a cambio.

Aunque no existe una estadística nacional que demuestre que el índice de vacunación, los paramédicos de Estados Unidos, la Policía y los departamentos de bomberos de todo el país han reportado cifras muy por debajo del índice nacional de adultos que por lo menos se han aplicado una dosis –lo cual representa un 77 por ciento–.

En Chicago, Los Ángeles y la Ciudad de Nueva York, los sindicatos de policías se han opuesto a los mandatos sobre las vacunas. En Denver, los policías demandaron para frenar el mandato, pero un juez echo abajo el desafío.

Ahora pueden ver por qué eso es confuso para el público. La aplicación de la ley es, después de todo, una profesión que existe para asegurar que el resto de nosotros la obedezcamos, desde los mandatos que condenan el irrumpir en la propiedad privada, los límites de velocidad y hasta la prohibición de cometer crímenes violentos. Y ahora tenemos una gran parte de esas personas encargadas de aplicar las reglas que están pidiendo que los exenten de ellas.

Uno ha escuchado que hay médicos que son los peores pacientes y maestros que son los peores alumnos. Aquí está otro ejemplo: resulta que la autoridad está considerando que en algunas ocasiones va a tener problemas con la autoridad. ¿Quién podría decirlo?

Como si eso no fuera lo suficientemente confuso, la gente probablemente está sorprendida sobre el hecho de que muchos padres de familia están luchando contra los requisitos de las vacunas en las escuelas públicas. Después de todo, durante generaciones, ha sido el caso que los padres de familia ni siquiera pueden inscribir a sus hijos en su primer día de clases sin mostrar la prueba de inmunización en contra de media docena de otras enfermedades. ¿Qué importaría añadir otra más a la lista?

Nuestros dirigentes nos han fallado nuevamente. En estos días, los estadounidenses están escuchando mucho acerca de los derechos, pero no han escuchado lo suficiente acerca de las responsabilidades que conlleva el ejercitarlas. Estamos ansiosos de afirmar la autonomía de la persona que hemos perdido de vista el precio que tenemos que pagar por pertenecer a una comunidad.

Eso no es libertad. Eso es egoísmo y locura y desafortunadamente, no hay vacunas para esos padecimientos.

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