Opinion El Paso

La sabiduría no es lo que crees que es

Sin embargo, si analizamos los agudos comentarios de Schwartz, lo cierto es que, en realidad, no son tan especiales

David Brooks / The New York Times

martes, 20 abril 2021 | 06:00

Nueva York— Morrie Schwartz era profesor de Sociología en la Universidad de Brandeis y murió de esclerosis lateral amiotrófica en 1995. Cuando estaba a punto de morir, sostuvo un par de conversaciones con Ted Koppel para el programa “Nightline” y otras muchas con su antiguo estudiante Mitch Albom, autor del libro titulado “Martes con mi viejo profesor”, que vendió más de 15 millones de copias. Durante algunos años, Schwartz fue el epítome nacional de la persona sabia, del gentil mentor que todos ansiamos.

Sin embargo, si analizamos los agudos comentarios de Schwartz, lo cierto es que, en realidad, no son tan especiales: “Acepta lo que puedes hacer y lo que no puedes hacer”. Más bien, el genio de Schwartz radica en la calidad de atención que ponía en la vida. Todos sabemos, en teoría, que debemos vivir en el presente y disfrutar a plenitud cada momento. Schwartz no solo lo sabía, sino que de verdad lo hacía, por igual con un baile desenfrenado antes de su diagnóstico que con su rotunda presencia cuando alguien hacía la peregrinación para verlo después de él.

Schwartz reclutó a Albom para compartir su calidad de atención. Bañó a su antiguo alumno en una incondicional contemplación positiva, observó la vida de Albom deslizarse en una espiral de adicción al trabajo y le dio un pequeño empujón para abrirse a aspectos que podría apreciar al enfrentar su propia muerte.

Cuando pienso en las personas sabias que han pasado por mi vida, descubro que son exactamente así. Lo importante no son las palabras trascendentales para la vida que salen de sus labios, sino cómo acogen a los demás. Por lo regular, elegimos como representación pública para la sabiduría a eruditos ancianos e inalcanzables en cuya presencia te estremeces y que tienen la habilidad de elegir las palabras perfectas para cambiarte la vida, como Yoda, Dumbledore o Solomon. Cuando un grupo de académicos influyentes intentaron definir la sabiduría, se centraron en la cantidad de conocimientos que había acumulado una persona sabia. Escribieron que la sabiduría es “un sistema de conocimiento experto sobre las cuestiones prácticas fundamentales de la vida”.

No obstante, cuando he percibido destellos de sabiduría en mi vida, no ha sido tanto un conjunto de conocimientos, sino una manera de interactuar; no ha sido información secreta, sino una forma de relación que me ayudó a toparme, casi sin querer, con mi propio entendimiento.

La sabiduría no es conocimiento. Montaigne dijo que puedes estar bien informado con el conocimiento de otras personas, pero no puedes ser sabio con la sabiduría de otros. La sabiduría tiene un elemento moral que es encarnado; solo tus propios momentos de sufrimiento te permiten contemplar con compasión la fragilidad de los demás.

Las personas sabias no nos dicen qué hacer, se contentan con ser testigos de nuestra historia. Toman las anécdotas, racionalizaciones e historias que contamos y nos observan en la noble batalla. Ven nuestra narrativa desde el interior, tal como la experimentamos nosotros, y desde el exterior, desde la perspectiva que no podemos tener. Observan cómo navegamos la dialéctica de la vida (intimidad en oposición a independencia, control contra incertidumbre) y comprenden que nuestro ser actual es solo el lugar en el que nos encontramos justo ahora, parte de un largo camino de crecimiento.

Tengo una amiga, Kate Bowler, que da clases en Duke y descubrió a los 35 años que tenía cáncer en estadio IV. En la vida real y en su pódcast, “Everything Happens”, la he visto utilizar esa historia una y otra vez como plataforma para dejar que otros enmarquen su mejor historia. Su confrontación con una muerte a edad temprana, así como sus respuestas, a veces graciosas y a veces tristes, despiertan en los demás cierta especie de honestidad. Modela vulnerabilidad y concentración en los temas importantes, y ayuda a las personas a comprender dónde están en este momento.

La gente solo cambia si se siente comprendida. Los confidentes de verdad buenos, las personas en las que buscamos sabiduría, son más bien editores de historias que eruditos. Interiorizan nuestra historia y la aceptan, pero nos hacen reconsiderarla de tal forma que podamos cambiar la relación con nuestro pasado y nuestro futuro. Te piden aclarar qué es lo que quieres en realidad, o qué oscuros secretos dejaste fuera de tu relato inmaculado. Te piden explorar e identificar el problema profundo que se esconde detrás del conveniente problema superficial que les has expuesto.

Este proceso de llevar a las personas, con gran paciencia y habilidad, a sus propias conclusiones es lo que percibo como sabiduría; quizá por eso Aristóteles describió la ética como una “práctica social”.

El conocimiento derivado de este proceso es personal y contextual, no es una generalización ni una máxima que podamos incluir en un libro de frases interesantes. Cuando alguien nos contempla así, por lo regular la tensión disminuye y nos permite distanciarnos de nuestra situación, para tener esperanza.

Una razón por la que las personas sabias como Morrie Schwartz parecen impresionantes es que tienen una gran compostura y conciencia de sí mismas. Me pregunto si lo lograron gracias a su observación de otros. Es más fácil tomar decisiones por otros que para nosotros mismos. Quizá las personas sabias toman las habilidades que han desarrollado para pensar en tercera persona y las aplican a la persona que ven en el espejo. Tal vez la conciencia de uno mismo no se base tanto en la reflexión interior, sino en observarte como si fueras alguien más.

Vivimos en una era ideológica que reduce a la gente a categorías públicas (rojo/azul, negro/blanco) y pulveriza el conocimiento personal del que he hablado. Sin embargo, todos podemos elegir observar a la gente como personas, no como tipos. Tal como lo expresó el educador Parker J. Palmer, “la forma de nuestro conocimiento se convierte en la forma de nuestra vida”.