Opinion El Paso

La razón por la que Texas será un estado disputado

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Nate Cohn / The New York Times
sábado, 16 marzo 2019 | 06:00

Nueva York— Tal vez el desempeño de Beto O’Rourke en su reñida la campaña del 2018 por el Senado demuestre que Texas está a punto de convertirse en un estado disputado, mientras que en el 2020 probablemente muchos demócratas tengan oportunidad de competir ahí por la Presidencia.

La derrota relativamente por pocos puntos de O’Rourke ante Ted Cruz resulta prometedora para el partido debido a que el excongresista no aprovechó toda la ventaja de las tendencias a largo plazo. Su impulso provino casi exclusivamente de los electores blancos, no de la creciente población estatal hispana.

Esto no le quita méritos. Pero, en general, su éxito se debió a tendencias más profundas.

Los demócratas pueden esperar resultados más favorables en el 2020 debido a que las contiendas presidenciales tienden a atraer más electores jóvenes e hispanos. Tal vez O’Rourke hubiera ganado en noviembre en Texas si la presencia en las urnas hubiera estado al nivel de una contienda presidencial reñida, según análisis realizado por el New York Times de las respuestas a un sondeo del Times y Siena, los resultados electorales y datos del servicio apartidista de archivos electorales L2.

En la información se calcula cómo hubiera votado cada elector registrado en Texas, con base en numerosos factores geográficos y demográficos. 

Los datos indican que en los resultados en las urnas influyeron dos tendencias opuestas. El electorado era mayor, más blanco y más republicano que la generalidad en el estado —o que los electores del 2016—. Pero un partidario de O’Rourke tenía en general más probabilidades de votar que un seguidor demográfica y políticamente similar de Cruz. Eso fue el patrón registrado a nivel nacional, pudiéndose haberse tratado de un ambiente más favorable a los demócratas. 

Los resultados dejan claro que O’Rourke atrajo a muchos electores que en otras contiendas apoyaron a los republicanos. 

Probablemente su carisma personal influyó, pero no fue lo único. La ola que favorece a todos los demócratas en Texas es una rebelión contra Trump.

En general, la tasa de aprobación del presidente Trump fue de 49 por ciento a la salida de las urnas y de 50 por ciento en el sondeo AP/Fox Votecast. Al parecer dicho índice implica por lo menos la existencia de otra ventaja para los demócratas, más allá del efecto de O’Rourke. Y la tasa mucho más baja de aprobación que el presidente tiene entre todos los adultos (a comparación de los electores registrados) es indicio de otra oportunidad para que los demócratas movilicen a los electores sin registrar. En ambos casos, los electores hispanos podrían inclinar la balanza hacia los demócratas. 

Aunque de tendencias republicanas, Texas está a punto de ser un estado disputado. Tal vez de manera no tan inmediata y vigorosa como Arizona y Carolina del Norte, dados el mayor costo de hacer campaña en Texas y el hecho de que se encuentra a la derecha de esas entidades. Pero si los demócratas apuestan a luchar en serio por el estado en el 2020, la idea no tiene nada de absurda.