La politización del comercio

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José López Zamorano / La Red Hispana
viernes, 17 mayo 2019 | 06:00

Maryland— Un dicho centenario sostiene que en ocasiones es mejor un mal arreglo que un buen pleito donde ambas partes salen perdiendo. El presidente Donald Trump, un conocido rival de las tradiciones, parece estar dispuesto a escalar aún más la guerra comercial con China en su afán de anotarse supuestos dividendos electorales y al margen del impacto negativo para el pueblo y la economía estadounidense.

Su decisión de imponer nuevos aranceles a unos 200 mil millones de dólares a las exportaciones chinas ha detonado, finalmente, el rechazo público de legisladores de su propio Partido Republicano, quienes salieron a la defensa de los estadounidenses residentes en aquellos distritos que dependen de sus ventas agrícolas al gigantesco mercado de China. 

¿Debería sorprender que el presidente, quien cursó estudios de negocios en la prestigiosa escuela Wharton de la Universidad de Pensilvania, no parezca comprender que los aranceles perjudican especialmente a los consumidores de los países que los aplican? Después de todo, los aranceles son pagados por los importadores y ese virtual impuesto al consumo se traslada con frecuencia al precio final del producto. 

Pero no sorprende la decisión del presidente de escalar la guerra comercial porque se trata en esencia de una apuesta política: Trump está convencido que en el mediano plazo es una estrategia ganadora con su principal núcleo de seguidores, a los que necesita para su reelección en 2020, al margen de las penurias inmediatas que su política ocasiona entre agricultores, rancheros y empresarios. 

 Todo lo cual no quiere decir que China sea una blanca paloma injustamente singularizada por la ira presidencial. Desde hace muchos años, antes de la presidencia de Trump, el coloso asiático ha sido acusado por sucesivas administraciones estadounidenses de realizar prácticas comerciales desleales, dumping, robo descarado de la protección intelectual a través de productos “piratas” y, todavía más grave, de espionaje industrial.

Pero existen instituciones, mecanismos y procesos institucionales para lidiar con ese tipo de comportamiento antes de jalar el gatillo de una guerra comercial que, de llegar a una escala mayor, podría afectar no solo a los Estados Unidos y a China, sino eventualmente al mundo. La Bolsa de valores de Nueva York resintió esta semana una de sus peores caídas del año, aunque después recuperó terreno. En el mejor de los casos estamos entrando a un periodo de volatilidad financiera, aunque algunos expertos empiezan a especular con una recesión.

Confrontar a un rival comercial por sus prácticas comerciales es legítimo porque es una defensa válida de los intereses comerciales, pero hacerlo primordialmente por una motivación electoral, para cumplir una promesa de campaña, sin importar las consecuencias negativas, es no sólo contraproducente sino irresponsable.