Opinion El Paso

La Policía sólo debería presentarnos los hechos

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Ruben Navarrete Jr. / The Washington Post

lunes, 29 marzo 2021 | 06:00

San Diego— En mi tribu, la desconfianza es una tradición familiar. Mi padre fue oficial de la Policía durante 37 años. Yo he sido periodista durante 32 años. Ambos hemos tenido trabajos en donde, de manera habitual, la gente nos ha mentido.

Eso lo hace a uno cínico y que sospeche de todos. Cuando uno pasa todo el tiempo en las coladeras, todo le parece que son ratas.

Por otro lado, si uno se enfoca en la verdad se debe a que usualmente puede detectar las mentiras.

Sin embargo, ¿qué sucede cuando los policías y los periodistas se mienten unos a otros?

Los periodistas no deberían confiar automáticamente en los policías. Los comentarios acerca de los crímenes, sospechosos o motivos deben ser verificados antes de ser informados al público. Cuando los policías y periodistas son demasiado amigables, es fácil olvidar eso.

Me pregunto si ése fue el problema en Georgia, que es en donde recientemente ocho personas fueron asesinadas –seis de ellas eran mujeres asiáticas– en tres diferentes ataques ocurridos en spas asiáticos. Cuatro de los homicidios sucedieron en el Condado Cherokee, y los otros cuatro en Atlanta.

Todo ese derramamiento de sangre está ocurriendo con el trasfondo de una oleada de violencia en contra de los asiáticos. La mayoría de ese odio puede deberse al hecho de que algunas personas –incluyendo al ex presidente Donald Trump– culpan a China del Covid-19. Aunque parte de eso podría provenir del hecho histórico de que algunos estadounidenses nunca recibieron con agrado a los inmigrantes asiáticos.

Oficiales del Departamento del Sheriff del Condado Cherokee rápidamente cargaron sobre sus cabezas una trágica historia que se hizo nacional, global y viral. La falta de habilidad para comunicarse –y caer presa en una era de las redes sociales en donde todos, incluyendo a los oficiales, sienten la necesidad de compartir las opiniones– el sheriff Frank Reynolds y el capitán Jay Baker hicieron comentarios por separado al público y a los medios de comunicación. Ambos fueron torpes y la situación empeoró.

Por alguna razón, pareció que los policías mostraron más empatía por el sospechoso del tiroteo, Robert Aaron Long de 21 años, que por las víctimas y sus dolidas familias. La versión oficial fue que el sospechoso se vio atormentado por una urgencia que no pudo controlar.

De acuerdo a Reynolds, Long les comentó a los investigadores que “tuvo algunos problemas, posiblemente con la adicción al sexo”. Baker agregó que Long vio los spas como una “tentación” y que el sospechoso estaba “harto y se encontraba a punto de llegar a su límite”. Baker, –quien fue irónicamente el director de Comunicaciones y Relaciones Comunitarias del Departamento– también les dijo a los reporteros que el día en que ocurrieron los asesinatos fue “realmente un mal día” para Long.

Inicialmente, Reynolds y Baker dijeron que el presunto responsable negó que los ataques hayan tenido motivos raciales. Una semana después, tras haber sido criticados, Reynolds suavizó su postura. Durante una aparición en el programa “Las Noticias de Shepard Smith” de CNBC, sugirió que mantiene abierta su mente.

“Yo no escuché nada acerca de la raza –además de que nosotros hicimos la pregunta, pero no vamos a descartarlo”, dijo Reynolds.

Cuando el presentador Shepard Smith le preguntó a Reynolds acerca de los reportes de que el sospechoso hizo unas declaraciones en contra de los asiáticos en los salones de masajes, el sheriff comentó: “No sé si eso sea cierto. He escuchado eso en las redes sociales y medios de comunicación, pero no lo he escuchado de nuestros investigadores”.

Yo me siento mejor. No hay nada más tranquilizador que tener a un hombre anglosajón que nos diga que los ataques contra las personas de color no se deben al racismo.

En cierto momento, Reynolds y Baker se convirtieron en abogados de la defensa. Intencionalmente o no, le proporcionaron un posible móvil alterno para lo que Long había hecho. No fue racismo, sino adicción al sexo.

Ahora, si se hace un juicio, imagine lo difícil que será convencer al jurado que no existe una duda razonable sobre cuál fue el móvil.

Sin embargo, los que niegan el racismo en los medios de comunicación de derecha adoptaron ese móvil alterno y eludieron lo que debería ser un diálogo nacional sobre el racismo contra los asiáticos.

Los medios de comunicación convencionales también soltaron el balón. Simplemente aceptaron la psiquiatría amateur de los oficiales sin investigar sus afirmaciones.

Aún no sabemos si Long dijo que tenía una adicción al sexo, o si los investigadores pusieron esas palabras en su boca debido a que querían apartarse del polémico tema del racismo.

Se han cometido errores y el Departamento lo sabe. Baker no tiene permitido comentar sobre el caso, y Reynolds ha dicho que su Departamento no opinará más sobre el tema hasta que la investigación haya concluido.

Además, es bueno ser escépticos sobre las autoridades, porque se supone que los periodistas tienen ese instinto de manera natural.

Así que, ¿qué estuvo mal con el Condado Cherokee?