Opinion El Paso

La otra crisis a lo largo de la frontera entre EU y México

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Fernanda Santos / The Washington Post

viernes, 30 abril 2021 | 06:00

Washington— Hay una crisis a lo largo de la frontera entre Estados Unidos y México, pero no es la crisis que los medios de comunicación han cubierto y que los gobernadores republicanos de Arizona y Texas recientemente culparon al presidente Joe Biden. La crisis de la que estoy hablando es la que está erosionando las vidas de los ciudadanos estadounidenses que viven en la frontera.

Sólo habría que preguntarle a Blanca Gallardo de 45 años, sobre su colega Iván Caballero de 39 años, dos de los tres trabajadores que fueron dejados en La Familia, una tienda de mega-descuentos que se encuentra en la ciudad fronteriza de Nogales, Arizona.  En un tiempo, la tienda empleaba a 24 personas. La Familia ocupa un importante inmueble en la Avenida Morley, la calle principal de Nogales. Al igual que cualquier otro negocio al detalle que está en o alrededor de este lugar, La Familia depende de casi todos los compradores que viven en el otro lado del cerco fronterizo, a unos cuantos pasos de retirado —a los mexicanos no les permiten ingresar a Estados Unidos desde el mes de marzo del año pasado, cuando los puertos de entrada terrestres fueron cerrados a los viajeros no esenciales que tienen visas, con el fin de contener la pandemia del coronavirus.

El resultado ha sido devastador.  Los parquímetros han estado apagados durante meses.  En un correo electrónico, el alcalde Arturo Guarino me dijo que la ciudad ha registrado un descenso de 250 mil dólares en cuanto a la recaudación de impuestos sobre ventas en este año, aunque una importante pregunta podría ser cuánto de eso podría recolectarse si la frontera estuviera abierta. El sheriff David Hathaway, quien ha vivido toda su vida en Nogales y es la máxima autoridad en el Condado Santa Cruz, uno de los cuatro condados fronterizos de Arizona, comentó que el 90 por ciento de los negocios locales han cerrado sus puertas y tal vez nunca vuelvan a reabrir.

“No existe una crisis migratoria”, me dijo Hathaway. “Lo que tenemos es una gran crisis económica”.

Hace unos días, manejé tres horas desde mi casa en Phoenix para dirigirme a Nogales, pero aunque hubiera sido a Chicago, hasta ahora es la ciudad que está alejada de la realidad y el entendimiento de la vida en la frontera. Encontré a Gallardo y Caballero empujando carritos de supermercado llenos de mercancías de una tienda que está cerrada y es propiedad del mismo dueño de La Familia. Así es como han mantenido surtida a La Familia desde el mes de octubre, cuando reabrió después de cerrar en marzo del 2020, esperando un boom navideño que nunca llegó. Dijeron que así es como esperan seguir hasta que los clientes empiecen a entrar nuevamente por las puertas.

“Queremos que regresen los clientes”, comentó en español, que es el idioma que se usa en la frontera sur.

“Permitan que la gente que tiene visas crucen nuevamente la frontera. Los necesitamos”, dijo Gallardo.

Aunque ése no es sólo problema de Nogales.  Un comerciante del centro de la fronteriza ciudad de El Paso, Texas, le comentó a Border REport en el mes de noviembre que su tienda había perdido al 90 por ciento de sus clientes desde marzo del 2020.  En McAllen, una ciudad de Texas que está cerca del extremo sur del Valle del Río Grande, en donde un albergue ha recibido de 200 a 300 migrantes al día, el alcalde Jim Darling dijo en una reciente reunión del Consejo de la Ciudad:  “Necesitamos abrir la frontera para ayudar a nuestros negocios que han resultado gravemente afectados por esto”.

México es el principal socio comercial de Estados Unidos, representando el 14.9 por ciento de las exportaciones e importaciones de Estados Unidos en el mes de febrero, superando a China que significa el 14.7 por ciento y a Canadá con el 14.3 por ciento.  Para Arizona, México es el destino del 35.5 por ciento de todas las exportaciones.  En La Familia, Gallardo y Caballero le agradecen a los mexicanos por sus empleos, el dinero que ganan y su habilidad para alimentarse, tener una casa y vestirse ellos y a sus familias.  Muchos de nosotros no se dan cuenta de esto o no lo aceptan, pero muchos estadounidenses dependen mucho de México y sus ciudadanos.

“Existe una disonancia cognitiva en todo este lugar y nunca había sido más fuerte”, comentó Erik Lee, director ejecutivo de la Sociedad de Investigación de Norteamérica, un grupo que estudia el comercio y la sustentabilidad que está a lo largo de las fronteras norte y sur y que tiene su sede en Arizona.

Un ejemplo, dijo Lee, es el tratado comercial entre Estados Unidos, México y Canadá firmado por el presidente Donald Trump en enero del 2020.Eso reafirmó la importancia de México aun después de las repetidas amenazas de imponerle una tarifa adicional a los productos mexicanos para solucionar lo que Trump llamó una “crisis fronteriza”. Los aranceles nunca se materializaron.

Luego, está la decisión que tomó la semana pasada el gobernador republicano Doug Ducey,  de gastar 25 millones de dólares de los contribuyentes de Arizona para enviar 250 soldados de la Guardia Nacional de Arizona a partes de la frontera entre Arizona y México para ayudar a las agencias locales y estatales que aplican la ley y manejar la crisis que él ha decidido que debe enfocarse.

Hathaway, el sheriff de Nogales, me dijo que él ofreció reunirse con Ducey “para explicarle la realidad de lo que está pasando en la frontera, y no lo que se está publicitando”. El gobernador rechazó su oferta.