Opinion El Paso

La justicia en base a los números

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Robin Givhan/The Washington Post

miércoles, 31 marzo 2021 | 06:00

Washington— El juicio de Derek Chauvin, el ex oficial de Policía de Minneapolis acusado de la muerte de George Floyd, empezó como lo hacen muchos juicios penales, con una tensión entre los hechos y los sentimientos. En sus declaraciones iniciales, tanto la defensa como la fiscalía proporcionaron una abundante y fría información y prometieron diseccionarla en los próximos días.

También se utilizó la empatía —para aquellos que atestiguaron la muerte de Floyd y para el hombre acusado de provocarla.  Sin embargo, la simpatía para el mismo Floyd fue mínima. Para la defensa, el recuerdo de Floyd fue como leña seca, que está preparada para encender otra ronda de protestas globales exigiendo justicia racial.  Para sus propósitos, Floyd fue un revoltoso adicto a las drogas que mayormente sucumbió debido a su mala salud.

El proceso fue un resumen de la historia de la vida de Floyd con unos cuantos puntos destacados: le gustaba el basquetbol y futbol americano. Se mudó de Houston a Minneapolis. Aunque el proceso no se refiere a la humanidad de Floyd.

La triste verdad es que la historia ha mostrado que se trata de una fuerza razonable para lidiar con un hombre afroamericano lleno de temores, debilidades y furia, que no tuvo derecho a una decencia humana básica, y es probable que eso no importara del todo. Eso tampoco importó en el caso de Trayvon Martin, ni en el de Breonna Taylor, tampoco en el de Philando Castile.

Floyd murió en mayo del 2020 después que Chauvin lo mantuvo en el suelo presionando su rodilla sobre él. Floyd, quien había sido acusado de usar un billete falso de 20 dólares para comprar cigarrillos, permaneció boca abajo sobre el cemento, aun cuando estaba esposado, mientras que Chauvin recargó todo su peso en él durante más de nueve minutos. Aun cuando arribaron los paramédicos al lugar de los hechos y empezaron a revisar los signos vitales de Floyd, Chauvin, quien es anglosajón, permaneció sobre él, presionando el cuerpo del afroamericano sobre el pavimento.

“No dejaron que se levantara y ya no puede hacerlo”, comentó Jerry Blackwell, fiscal especial del caso.  Esas palabras podrían convertirse en un refrán.

Este lunes por la mañana, Blackwell inició sus declaraciones iniciales disculpándose ante el jurado.  Para mantener las precauciones contra el coronavirus, fue forzado a mantener la distancia y hablar a los jueces ciudadanos desde detrás de un protector de acrílico —circunstancias que para él significan una falta de respeto. La proximidad es una cortesía, también es una forma de comunicación.

Blackwell vestía un traje gris con una camisa impecablemente blanca y habló con un ligero acento sureño con una voz modulada para tranquilizar en lugar de arrullar.  El tiempo es el centro de este caso estatal. La magnitud de las penurias y alegrías de Floyd durante su vida no pudieron comprimirse en unos cuantos minutos, no así las promesas, fallas, peligros y decepciones de la policía de Estados Unidos.

“En este caso ustedes van a enterarse de mucho de lo que significa ser un servidor público y tener el honor de usar una placa. Es una pequeña placa que conlleva una gran responsabilidad y una gran responsabilidad ante el público”, empezó diciendo Blackwell. “La santidad de vida y la protección del público deberían ser las piedras angulares del uso de fuerza del Departamento de Policía de Minneapolis. La compasión y la santidad de vida son las piedras angulares”.

“Y esa pequeña placa está colocada justo sobre el corazón del oficial”, agregó Blackwell.

Mostró un panorama de lo que es una policía idílica, la manera en que muchos creen que es. La manera en que muchos estadounidenses anglosajones experimentan el trato de la policía y la manera en que muchos afroamericanos no lo hacen. Le dio al jurado una versión de un oficial de la policía con el que ellos podrían ser empáticos y luego trató de mostrar que Chauvin no es ése tipo de oficial.

Los números, indicó Blackwater, cuentan la historia de la brutalidad de Chauvin. En 27 ocasiones Floyd gritó “no puedo respirar”. Los 53 segundos durante los cuales Floyd se quedó en silenció y su cuerpo se convulsionó por la falta de oxígeno. Los tres minutos y 51 segundos en los que Floyd no pudo moverse. Y Chauvin simplemente se rehusó a permitir.

“Él no puede levantarse”, le dijo Blackwell al acusado.

Blackwell mostró el video del letal encuentro de Floyd con Chauvin. Sigue siendo insoportable como siempre, pero en el contexto del juicio, las reacciones de los espectadores se convirtieron en algo central. El tono de su voz cambia de volumen durante esos agonizantes minutos, de una curiosidad a algo más profundo.  Sus voces aumentan de volumen, sus súplicas son más urgentes y las burlas de Chauvin más pronunciadas.

Blackwell describe el pánico y la alarma. Algunos de los espectadores hacen movimientos para ayudar a Floyd, y la policía les advierte que deben retroceder.

El abogado de la defensa, Eric Nelson, no escuchó el temor ni las súplicas. Él describió a ese grupo de personas como enojadas. Ellos no se acercaron para ayudar al hombre que estaba en el suelo, sino para atacar posiblemente al oficial de la policía que lo mantiene allí.  Nelson quiere que el jurado simpatice con Chauvin. Él es el oficial a cargo de una situación volátil. Está involucrado en una tarea que en algunas ocasiones es desagradable, la de ser policía, y tuvo que hacerlo bajo la mirada vigilante de una muchedumbre que cada vez era más amenazante.

“El Sr. Chauvin usó su rodilla para sujetar el hombro izquierdo del Sr. Floyd y mantener su espalda sobre el suelo y su rodilla derecha para sujetar el brazo izquierdo de Floyd”, dijo Nelson, sin hacer mención a la presión que ejerció sobre el cuello de Floyd —como si su cuello no hubiera estado justamente debajo de la rodilla.

Desde la perspectiva de Nelson, el tiempo también importa —todo lo que se necesita para su investigación. Nelson señaló rápidamente lo vasto: los cientos de testigos civiles, las docenas de órdenes de cateo, los miles de puntos de información. Él quería que el jurado supiera cuánto esfuerzo se hizo para saber todo lo que ocurrió antes de este fatal encuentro y lo que ocurrió después.

Sin embargo, a pesar de todo lo que incluye la naturaleza de la investigación, “no existe una causa política ni social en esta corte”, dijo Nelson.Sólo está Chauvin.

Este juicio tal vez no altere a nuestra sociedad ni afecte la política del país.  De muchas maneras, estamos tercamente estancados. Pero el pedir que el jurado simpatice con los espectadores, algunos de los cuales están testificando actualmente, Blackwell también le está pidiendo al jurado que vea el horror de un policía malo. Que sienta el pánico reflejado en el rostro de una muerte que está ocurriendo. El sentirse perturbado por la crueldad de un hombre que ignora la súplica de otro para que lo deje tomar oxígeno. El forcejeo de alguien desvalido que desea zafarse pero no puede hacerlo.

“Uno no puede creer lo que está viendo”, le dijo Blackwell al jurado. Especialmente porque la defensa, que pasó mucho tiempo grabando estereotipos culturales y pintando a Floyd como un gigante adicto, podría hacer difícil de creer en la humanidad de Floyd.