Opinion El Paso

La gente común está guiando a los líderes

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David Brooks / The New York Times

sábado, 16 mayo 2020 | 06:00

Hemos entrado en la fase de resistencia de esta pandemia. Estamos dominando lentamente esta enfermedad, pero aún no lo hemos logrado del todo. Así que debemos esperar y aguantar.

La resistencia es paciencia. Lo que está sucediendo acorta tu horizonte de tiempo, así que solo tienes que pasar este día. La resistencia significa vivir con lo desagradable. De hecho, se trata de adaptarse y convertir la circunstancia más extraña en rutina.

La resistencia es fortificante. Es descubrir que se puede recibir un golpe en la nariz y soportarlo.

Sobre todo, la resistencia es vivir con incertidumbre. A veces, se trata de permanecer en silencio ante la incertidumbre porque ninguna conjetura podrá prepararte para lo que viene. La resistencia es el conocimiento de que la única salida es atravesar esta situación y todo lo que deba ser soportado será soportado.

En mi profesión no somos buenos para permanecer callados ante la incertidumbre. Es un factor no negociable. He notado un gran abismo entre la información y las opiniones que veo en línea y la información y las opiniones que obtengo de las conversaciones con otras personas por teléfono o Zoom.

Twitter nunca ha sido la vida real. Pero ahora, Twitter y muchos de sus comentarios son básicamente lo opuesto a la vida real.

En primer lugar, la vida en línea es muy política. Las personas ven el mundo a través de categorías políticas y toman posiciones que afirman sus identidades políticas.

En Zoom, la mayoría de las conversaciones tratan sobre cómo enfrentar el momento actual. Según Gallup, los estadounidenses están experimentando la mayor caída en el bienestar percibido que se haya registrado.

Lo que escuchas en conversaciones casuales es que, por ejemplo, el director de una escuela primaria intenta encontrar un departamento y camas para uno de sus estudiantes. Algunas personas comentan que se ha incrementado la actividad en sus iglesias y sinagogas para preservar sus comunidades. Otras intentan lidiar con la ansiedad física y el terror económico dando un paseo diario, mirando los árboles y ofreciéndose mutuamente el tipo de atención psíquica que solíamos dejar en manos de profesionales. No estamos en una era de autosuficiencia.

La vida en línea te da la impresión de que Estados Unidos está amargamente dividido. En mi profesión cubrimos principalmente los conflictos. Todos hacemos clic en las noticias que apelan a las emociones negativas, por lo que existe un poderoso sesgo de negatividad en línea. El internet es el lugar donde los partidarios van a tomar partido.

Pero, en la vida real, Estados Unidos está menos dividido de lo que estaba antes de la pandemia. En una encuesta de The Washington Post e Ipsos, solo el 16 por ciento de los estadounidenses dice que su estado está tardando demasiado en reanudar actividades. Tres cuartas partes de los consultados dicen que debemos seguir desacelerando la enfermedad, incluso si eso significa mantener cerrados los negocios. Ahora, la gran noticia es que los republicanos regulares no están siguiendo a los talibanes de Trump en sus estridentes llamados para reabrir todo de inmediato.

Tanto en los estados republicanos como en los demócratas, los estadounidenses se quedan en casa casi en los mismos porcentajes. Hay poca correlación entre el hecho de que un estado sea republicano o demócrata y su manera de luchar contra la enfermedad.

Tim Dixon me dice que en sus encuestas “More in Common”, la proporción de estadounidenses que sienten que viven en una sociedad dividida ha caído del 87 al 48 por ciento. Ahora, el 82 por ciento expresa que son más cosas las que nos unen, que las que nos dividen.

En línea, las personas tienen opiniones muy contundentes y dogmáticas sobre lo que debemos hacer ahora. Rush Limbaugh y otros líderes de la derecha piensan que el bloqueo es un complot demócrata para afectar al presidente Donald Trump. Cuando los gobernadores de Georgia y Florida tomaron medidas para abrir ciertas áreas de sus estados, muchos comentaristas de la izquierda los trataron como si fueran asesinos en serie, como si lo que estaban haciendo fuera una atrocidad innegable. La verdad es que la gente de Georgia y Florida no está peor que antes y hay evidencia de que, en realidad, están mejor. Al menos hasta ahora.

En la vida real, las personas son menos dogmáticas y más inseguras, solo tratan de encontrar a tientas el camino a seguir. Buscan el equilibrio correcto entre seguridad y normalidad.

No esperan que los políticos les digan qué hacer. La gente se encerró antes de que los gobernadores actuaran y se quedaron en casa incluso cuando los gobernadores decidieron abrir sus estados. Las decisiones importantes no se toman en los entes gubernamentales. Esas decisiones se toman a nivel familiar y comunitario, a medida que las redes de personas intentan averiguar qué hacer, en función de su contexto local particular.

La humildad es poco común en el contexto digital. A las personas entrenadas en el arte de las ideologías rígidas les está costando lidiar con una enfermedad tan misteriosa y aparentemente aleatoria. Me preocupa que la falsa narrativa de división y conflicto de la industria de la polarización se cumpla.

Pero, en lo que respecta al país, nos estamos juntando. Y estamos en un proceso de descubrimiento. Poco a poco estamos aprendiendo las características extrañas de esta enfermedad, improvisando lentamente lo que será una gran variedad de caminos locales hacia adelante. La resistencia no es estática. Se aprende y se mejora de manera lenta.

La pandemia ha revelado la podredumbre de muchos de nuestros dogmas e instituciones políticas, pero también una mayor humanidad, una compasión más profunda frente al sufrimiento y una solidaridad oculta que, al menos yo, no sabía que estaba allí.