Junto con útiles, maestros deben llevar esperanza y valentía

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Esther J. Cepeda / The Washington Post
lunes, 09 septiembre 2019 | 06:00

Chicago— Papel para forrar libros, cajas de plástico y crayones, ganchos para colgar fotos… Si usted es maestra, esa lista le parecerá familiar.

Pósters, marcadores, etiquetas blancas autoadheribles, etc.

Esos son el tipo de objetos que no siempre aparecen en las listas estándar de útiles escolares, sin embargo, las compramos al inicio del año escolar para que los estudiantes que llegan a nuestros salones de clase en su primer día de escuela puedan sentirse bienvenidos y en casa, además de a salvo.

Almohadas suaves, cobijas confortables, unas cuantas granolas extras y barras de pretzels para cuando se tiene hambre.

Para algunos estudiantes, la escuela es el único lugar que les ofrecerá dos comidas cada día y el apoyo de adultos que pueden satisfacer sus necesidades académicas y emocionales con unas rutinas predecibles.

Otros estudiantes simplemente necesitan un lugar en donde puedan dejar libres sus intelectos con la guía de maestros que están preparados para desafiarlos y permitirles tener tropiezos productivos.

Y esto toma tiempo, amor, energía –y dinero.

De hecho, se necesita un promedio de 459 dólares al año, de acuerdo con el Instituto de Política Económica, que utilizó el Sondeo de Escuelas y Maestros del 2011-2012 del Centro Nacional de Estadísticas de la Educación y lo ajustó a la inflación, al valor de los dólares del 2018.

Ese dinero no nos lo reembolsan. Usualmente, ni siquiera toman en cuenta el dinero que tomamos de nuestros bolsillos para adquirir dulces, pequeños juguetes como incentivos y favores especiales como lápices, borradores o marcadores.

Y ese número fluctúa dependiendo del lugar en donde uno viva. Los maestros de Illinois, por ejemplo, gastan poco menos, que el promedio estatal de 439 dólares al año. Los maestros de Dakota del Norte, en donde el nivel de pobreza está ligeramente por debajo del promedio nacional, gastan por lo menos 327 dólares de su bolsillo. Los maestros de California son los que gastan más, 664 dólares.

No es coincidencia que California tenga uno de los niveles de pobreza más altos en Estados Unidos.

Estoy segura que esos maestros, pagan todos los “útiles escolares” que están fuera de la lista regular que incluye cuadernos, lápices y sacapuntas.

El año pasado compré los siguientes “objetos” con dinero de mi bolsillo: pantaloneras, mochilas, calcomanías para los proyectos de la clase, rompecabezas para estudiantes que dijeron que no tenían juguetes educativos en casa, estambre y ganchos para una estudiante que quería aprender a tejer pero sus padres necesitaban economizar en el presupuesto familiar.

También compré una dotación de vaselina y cotonetes para aliviar la resequedad en los labios de los niños que se parten y sangran mientras están en clase.

En este año voy a impartir clases a estudiantes de cuarto grado, mayormente latinos y no sé cuáles serán sus necesidades. Los maestros nunca lo sabemos.

En la mayoría de los casos, los salones de clase son una mezcla de estudiantes que encuentran que es fácil aprender, que les va bien y que simplemente no necesitan ayuda adicional –y los que vienen a la escuela cargando un horrible bagaje emocional o mental que no pueden articular durante el primer día de clases.

Los mejores educadores tratan de no hacer distinciones –pretenden tratar a cada estudiante como un alumno individual y no como un representante de toda la demografía cuyo nivel de ingresos, estatus de inmigración o historial familiar determinará qué tan bueno será su desempeño.

Sin embargo, la mayor parte de lo mejor –y mucho de lo mediano o peor– los maestros creen que sus estudiantes son especiales y valen la pena todos los pequeños extras que hacen de la escuela un lugar que puede estar lleno de maravillas y diversión.

Cosas como placas con su nombre, tableros de anuncios y fotos de colores brillantes para que los niños puedan ver sus rostros decorando las paredes de sus salones. O asientos cómodos para que los estudiantes puedan leer, para que no estén sentados en sus pupitres todo el día. Grandes bolsas con ziper, cajas de plástico, afilador eléctrico para lápices.

En este año, regresé a la escuela el 1 de agosto, y tuve días completos de desarrollo profesional para aprender cómo enseñar mejor Lectura y Matemáticas. También aprendí cómo detectar a los niños que parecen que no les importa nada porque tienen hambre o están tristes.

Sin embargo, además de proteger a los estudiantes, a los maestros también les enseñan a protegerse a sí mismos. También nos dicen cómo librarnos de alguien que nos toma por el cuello, cuando nos jalan del cabello y pegar con el puño en caso de que un estudiante sea atacado.

Lo más triste es que nos enseñaron a que las puertas deben estar cerradas en todo momento mientras estamos dando clases, en caso de que haya algún intruso armado.

Este creciente clima de temor a nivel nacional hace que la lista de regreso a clase incluya algo esencial que los maestros deben tener y es gratuito y muy valioso: la empatía, esperanza y mucha valentía.