Harvard le enseña una lección de diversidad; sin discriminar

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Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post
jueves, 10 octubre 2019 | 06:00

San Diego– Cuando las estrellas se alinean en el universo, Harvard logra derrotar a Yale.  Y ahora, la universidad a la que asistí ha logrado derrotar al golpeteo.

Como ustedes ya lo habrán notado, el sistema de tener ventaja ha estado constantemente en tela de juicio en estos días. Ya sea que se trate de padres de familia acaudalados que hacen trampa en el proceso de admisión a la universidad a través de sobornos y fraudes para que sus hijos tengan un lugar en la institución, o los hijos de políticos que lucran con sus nombres para obtener contratos lucrativos de consultoría, eso ha provocado que se acumule evidencia que sugiere que nuestros padres estuvieron en lo cierto cuando nos decían: “No se trata de qué tanto sabes, sino a quién conoces”.

En una corte federal de Boston, Harvard fue acusado de discriminar intencionalmente a los asiáticos-estadounidenses para hacerles espacio a afroamericanos y latinos menos calificados, o cualquier cosa que signifique “calificados”.

Un nuevo estudio del Buró Nacional de Investigación Económica encontró que un abrumador 43 por ciento de estudiantes anglosajones que fueron admitidos en Harvard cayeron en una o más de estas cuatro categorías: atletas, hijos de ex alumnos, hijos de maestros o empleados de la universidad o los que están en la “Lista de Interés del Rector”, que incluye a los solicitantes cuyos padres o parientes han hecho donaciones a la universidad.

Allí está el verdadero tratamiento preferencial. ¿En dónde está la demanda en contra de esos beneficiarios?

En la Categoría A se encuentra Jared Kushner. El primer yerno es miembro de la Generación 2003 de Harvard. Probablemente, eso no afectó sus oportunidades, ya que su padre donó 2.5 millones de dólares a la universidad.

El estudio –que revisó la información sobre las admisiones del 2009 al 2014– también encontró que el 75 por ciento de los estudiantes anglosajones que fueron admitidos en esas cuatro categorías hubieran sido rechazados si no hubiera sido por esas clasificaciones.

Actualmente, los estudiantes de color también han caído en esas categorías. Aunque en esos casos, los porcentajes disminuyeron dramáticamente. Menos del 16 por ciento de los afroamericanos, latinos y asiático- estadounidenses que fueron admitidos están en esas clasificaciones.

Lo siento, Estados Unidos, pero aún no hemos pasado de la era post-racial.

Las demandas fueron entabladas por un grupo de asiático-estadounidenses que fueron rechazados por Harvard y que se agruparon como “Estudiantes de Admisión Justa” y que fueron encabezados por un activista anglosajón conservador que desde hace tiempo había estado en contra de esa acción afirmativa.

Ellos siempre han tenido un camino difícil de recorrer.

¿Acaso Harvard considera a los estudiantes asiático-estadounidenses inferiores debido a su raza? Por supuesto que no. ¿Acaso los excluye como grupo en base a sus características? Eso sería ridículo.

Así que ¿díganme en dónde está el racismo? Más bien, ¿en dónde está el impacto negativo?

Pongámoslo de una manera sencilla: Es difícil presentar un argumento creíble tomando en cuenta que una característica específica es la mantener a alguien fuera de un lugar cuando ese lugar tiene un número medible de personas que tienen esa misma característica.

Ése es el mismo problema que siempre han tenido los varones caucásicos en los litigios que alegan que fueron víctimas de una discriminación revertida –cuando ellos son los que obtienen la mayoría de los lugares en las universidades, camaradería académica, empleos muy bien pagados, promociones, asignaciones al consejo corporativo, nominaciones a las cortes federales– y apariciones en los medios de comunicación.

La victimización podría ser lo único en lo que los hombres caucásicos no son buenos.

En el 2017, los asiático-estadounidenses representaban el 5.9 por ciento de la población de Estados Unidos. En la Generación 2023, de acuerdo a la oficina de admisión de Harvard, el 25.4 por ciento de los estudiantes serán asiático-estadounidenses.

Si usted es uno de ellos y no ha ingresado a Harvard, posiblemente se debe a que alguien de los suyos se apoderó de su lugar.

No es sorprendente y de hecho es muy lógico, que el juez Allison D. Burroughs decidiera que aunque Harvard no considera la raza ni la etnia de los solicitantes, sus colores están dentro de las líneas de lo que es permitido por la Constitución.

Y el juez encontró que la universidad no discrimina intencionalmente a los asiático-estadounidenses.

¿Qué es lo que sigue? Es probable que la Suprema Corte, en donde cuatro de los nueve jueces se graduaron de la Escuela de Leyes de Harvard –y aproximadamente el mismo número ha expresado anteriormente inquietud acerca de una acción afirmativa. 

No sería sorprendente que la Suprema Corte haga un gran drama sobre este caso.

Cuando el mérito está en el juicio, lo justo cuenta mucho.  Sin embargo, las deliberaciones también deben incluir la honestidad y el sentido común.

Uno podría pensar que la imagen de alguien que la pasa muy bien en la vida sin que se lo gane podría ser un hombre anglosajón que tiene excelentes contactos como Hunter Biden o Donald Trump Jr.

Sin embargo, para muchas personas  –especialmente personas caucásicas de ambos partidos políticos– lo sigue siendo un joven México-americano en Princeton.

Nadie debería ser penalizado o tratado como alguien inferior debido a su raza, etnia o color de la piel.  A través de la historia de Estados Unidos, hemos tenido suficiente de esas tonterías.  Ya no necesitamos más.

Pero hay que entender que en algunas ocasiones la discriminación es real.  En otras ocasiones es una ilusión una excusa práctica cuando las cosas no salen como se tenía planeado.

Tenemos que saber cuál es la diferencia.