‘Examen rápido de ADN’ podría separa familias no consanguíneas

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Nara Milanich / The Washington Post
jueves, 16 mayo 2019 | 06:00

Washington— El aparato portátil no es más grande que un tostador. Se le introduce un hisopo bucal y en tan sólo 90 minutos puede determinar si dos personas tienen algún parentesco.

Esa tecnología, que fue desarrollada originalmente en colaboración con los Departamentos de Justicia y Defensa, se llama ADN Rápido, y ya está siendo utilizada por los departamentos policíacos con propósitos forenses.

En este mes, el Departamento de Seguridad Interna anunció la aplicación más reciente que ha tenido esta tecnología: un programa piloto para examinar a las familias que buscan asilo en la frontera entre Estados Unidos y México.

La verificación de parentesco es de interés para los oficiales de inmigración debido a que la familia juega un papel central en la política de inmigración.

Ciudadanos pueden patrocinar a parientes cercanos para que inmigren, y bajo ciertas circunstancias, los refugiados tienen derecho a unirse a sus familiares en Estados Unidos.

El estatus de familia de centroamericanos que solicitan asilo y que actualmente están llegando a la frontera importa debido a que las familias disfrutan de ciertas protecciones que los adultos solos no tienen.

Por ejemplo, un asentamiento legal limita el poder que tiene el Gobierno para encarcelar a los niños migrantes, y por extensión a sus padres.

Sin embargo, demostrar el parentesco no es necesariamente una tarea fácil. Los métodos estándares para hacerlo –entrevistar a los solicitantes o solicitar evidencia a través de documentos como las actas de nacimiento– son una pérdida de tiempo y son imperfectos.

El ADN, aseguran los defensores, proporciona un expediente objetivo y es un método seguro contra la falsificación para verificar que se trata de una familia. Sin embargo, hasta ahora, su uso ha estado limitado por el alto costo y una logística compleja para examinar a las personas en lugares lejanos. 

La tecnología del ADN Rápido promete cambiar eso.

El aparato en sí podría ser innovador, aunque examinar a los inmigrantes para determinar su relación familiar no es nuevo del todo. Las autoridades de inmigración han estado experimentando con pruebas genéticas desde hace mucho antes de que apareciera la prueba de ADN.

Sin embargo, la historia de esos esfuerzos, aconseja tener precaución.

Los oficiales de inmigración han publicitado la “sencillez y exactitud” del ADN, aunque no importa qué tan sencillo o certero pueda ser, las pruebas genéticas están marcadas indeleblemente por el contexto político de su uso.

Muy frecuentemente, ese contexto está caracterizado por agendas discriminatorias y anti-inmigrantes.

Autoridades de inmigración de Estados Unidos adoptaron primero las pruebas genéticas a una escala masiva durante la Guerra Fría. A principios de los años 1950, la guerra civil y la revolución en China provocaron que muchos chinos emigraran.

Decenas de miles de solicitantes trataron de ingresar a Estados Unidos asegurando ser los hijos de padres chino-americanos.

Oficiales consulares estaban convencidos de que muchos de esos solicitantes eran “hijos de papel”, personas que falsamente aseguraban tener parentesco con algún ciudadano chino-americano.

Sin embargo, la inmigración de papel era en sí una respuesta a las excluyentes leyes racistas chinas que fueron promulgadas a finales del siglo 19.

Mientras que a los inmigrantes europeos les permitían entrar a través de la Isla Ellis en grandes cantidades, virtualmente, la única manera que tenían los chinos de entrar a Estados Unidos era como hijos de ciudadanos.

Para 1950, una cuarta parte de la población china de Estados Unidos estaba integrada por hijos de papel, personas cuyo estatus legal dependía de la relación ficticia con algún padre que era ciudadano.

Los oficiales empezaron a argumentar que esa población de papel se había convertido en peligrosa. Los comunistas chinos, advirtieron, podrían infiltrar el país haciéndose pasar por hijos de ciudadanos.

Inspirados en el creciente uso de pruebas de grupos sanguíneos en los casos de paternidad, el consulado y el entonces Servicio de Inmigración y Naturalización empezaron a utilizar métodos científicos para verificar el parentesco de los posibles migrantes.

En unos meses, oficiales declararon que el programa sanguíneo de Hong Kong tuvo un impactante éxito.

Las pruebas revelaron que el 40 por ciento de los solicitantes no eran hijos de ciudadanos estadounidenses.

Tomando en cuenta que sólo la mitad del parentesco no compatible podía ser revelado a través de un método rudimentario, el número verdadero de reclamos falsos fue estimado alrededor del 80 por ciento.

Los individuos que daban negativo enfrentaban cargos penales por “fraude sanguíneo”.

Al parecer, el programa fue un triunfo científico genuino y administrativo.

Sin embargo, la prueba no fue inocua ni neutral. Por una cosa, asumió una definición de parentesco que no concordaba con las prácticas familiares de los que eran examinados.

Entre los migrantes del sur de China, la adopción era algo común, lo cual provocó altos índices de mortalidad infantil y de preferencia por los hijos varones y el volver a casarse y también se practicó la poliginia, en la que un hombre tenía muchas parejas femeninas.

Parte de lo que revelaron los exámenes de sangre en ese tiempo, fue que no eran familias falsas sino que no tenían un vínculo biológico.

Lo que es más, hasta el Gobierno insistió en el parentesco biológico de los chinos, por lo que su definición de parentesco para otros grupos raciales fue más flexible.

En ese momento, los oficiales empezaron a usar las pruebas para eliminar a los hijos de papel chinos, el Congreso aprobó una legislación que creó otro tipo de niños de papel: la adopción internacional.

Una serie de leyes en los años 1950 facilitaron la adopción de niños extranjeros por familias estadounidenses, mayormente caucásicas. Entonces, el Gobierno aplicó diferentes definiciones de familias para diferentes tipos de migrantes.

Finalmente, los exámenes de sangre no pudieron ser separados del amplio historial de discriminación contra los chinos. Después de todo, la inmigración de papel se desarrolló en respuesta a más de la mitad del siglo de leyes de exclusión china.

La necesidad que percibió el Gobierno de examinar a los chinos también surgió de ese historial de exclusión. Los métodos científicos pudieron ser publicitados como neutrales, sin embargo, su aplicación no pudo ser separada de su contexto político.

Actualmente, el ADN ha eclipsado las pruebas de los grupos sanguíneos, sin embargo, los políticos siguen determinando su uso. En un memorándum sin fecha sobre política alrededor del 2009, oficiales de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración hicieron un llamado a la expansión de la prueba genética.

Advirtieron que los operadores de al-Qaida podrían introducirse al país haciéndose pasar por algún familiar, un temor que hizo eco perfecto de sus predecesores durante la Guerra Fría. Excepto que ahora, los temidos extranjeros que se introducen al país son terroristas y no comunistas.

Hasta hace poco, la aplicación del ADN a los procedimientos de inmigración y refugiados se vio limitado por el costo y la accesibilidad. El examen rápido del ADN actual parece que podría ser usado en los campamentos de refugiados a nivel global, en oficinas de inmigración local y en la frontera del país.

Aun cuando algunos defensores de los derechos de los inmigrantes podrían inclinarse a recibir con agrado este proyecto. Después de la catastrófica política de “cero tolerancia” del verano pasado, en la que el Gobierno separó a más de 3 mil niños centroamericanos de sus padres sin tener un plan para reunirlos, algunos legisladores hicieron un llamado para que aplicara la prueba del ADN para facilitar las reunificaciones.

Durante el mes pasado, la administración ha considerado la posibilidad de reanudar la separación de familias. Los voluntarios legales que les aconsejaron a las personas que buscan asilo que esperen para cruzar a Estados Unidos desde Tijuana han empezado a usar marcadores para escribir los nombres de sus padres y fechas de nacimiento en las espaldas de los niños en caso de que sean separados.

Como una técnica de verificación de parentesco, el ADN es con toda seguridad preferible a un marcador. Aunque los defensores de los inmigrantes deberían ser cautelosos acerca de ampliar su uso entre las poblaciones de migrantes, incluyendo a los de Centroamérica.

Aunque la mayoría de las familias sin lugar a dudas darían positivo, una pequeña minoría es probable que no lo haga. El cuidado infantil y la adopción infantil entre las familias pobres y de la clase trabajadora en Centroamérica son comunes.

En medio de niveles épicos de violencia, los niños huérfanos podrían crecer allí o huir con alguien que no sean sus padres biológicos.

No es difícil predecir de qué manera la administración Trump tratará los casos de no-compatibilidad. Oficiales han repetido en varias ocasiones y han afirmado sin bases que los centroamericanos que traen niños a la frontera son “traficantes de niños” y los resultados negativos del ADN sin lugar a dudas serán publicitados para reforzar esa afirmación. 

Al igual que en el pasado, las pruebas genéticas serán usadas para criminalizar a las familias de inmigrantes.

De hecho, el ímpetu racista que enmarcó las pruebas sanguíneas de la Guerra Fría sigue existiendo en nosotros. Actualmente, algunos 20 países que reciben migrantes utilizan las pruebas del ADN en los procesos de inmigración y refugio.

En la práctica, casi siempre los migrantes no caucásicos de la parte sur del mundo son los que están sujetos a las mismas. El resultado se debe a una definición dual de familia.

Las costumbres como la adopción son perfectamente legítimas cuando son practicadas por ciudadanos y son denigradas como fraudulentas y criminales cuando son practicadas por extranjeros.

Las pruebas genéticas podrían prometer objetividad, pero la historia de su aplicación en las políticas de inmigración refleja menos el deseo de establecer un parentesco que un impulso de exclusión. Deberíamos de ser cautelosos.