Opinion El Paso

Este Día del Trabajo, los norteamericanos deberíamos reflejar nuestra buena suerte

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Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

lunes, 06 septiembre 2021 | 06:00

San Diego— En este 2021, el Día del Trabajo se tratará de las “tres erres”:  refugiados, recalcitrantes y renuncias.

Usualmente utilizo este día festivo para involucrarme con una cuarta “erre” —la reflexión acerca de la ética laboral de los estadounidenses que está disminuyendo y su creciente sentido de privilegio—.  Entre más educados estemos, más cómodos somos. Asumimos que podremos trabajar la mitad de duro que nuestros padres y ganar dos veces más dinero —si no es que más—. Existen muchos trabajos que los estadounidenses consideran que no están a su altura, y cada vez con más frecuencia se dan cuenta que todo ese concepto del trabajo es como un lastre.

Todo esto vino a colación debido al Covid-19, que el año pasado dejó a unas 40 millones de personas en la fila de los desempleados de Estados Unidos.

Si la masiva pérdida de empleos fue un gran titular en el 2020, entonces la principal historia de este año tendrá que ser acerca de los refugiados.

Durante la primavera y el verano, miles de centroamericanos viajaron a Estados Unidos y abarrotaron la frontera entre Estados Unidos y México. Y ahora, miles de afganos, igualmente desesperados, están siendo trasladados a Estados Unidos para iniciar una nueva vida —muy lejos del terror del Talibán—.

No importa de dónde vengan, los refugiados usualmente no quieren dádivas. Todo lo que piden es la oportunidad de trabajar duro, checar una tarjeta de asistencia en su empleo, y ganar suficiente dinero para mantener a sus familias. Los mismos empleos que desprecian los estadounidenses, los refugiados estarían felices de conseguir.

Estados Unidos es visto en el mundo como un lugar seguro que acepta personas que nunca han tenido un trato justo en sus propios países y les da la oportunidad para tener éxito en uno nuevo. Está muy mal que los estadounidenses tengan problemas para ver a su país —que es un lugar mágico— bajo esa óptica.

Sin embargo, durante el transcurso de 18 meses de lucha contra el coronavirus, muchos estadounidenses han demostrado ser un grupo de recalcitrantes niños mimados. A millones de ellos no les gusta que les digan lo que tienen que hacer, aún cuando hacer lo que les dicen les puede salvar la vida y las vidas de sus compatriotas estadounidenses.

Olvidémonos del dicho “de muchos, uno”. Después de un año de que la gente ha pensado que son más inteligentes que los científicos y se han resistido a acatar los protocolos de restricciones contra el Covid-19, el nuevo lema nacional es: “!Tú no eres mi jefe!”.

Hubo casos en que la gente buscaba ser su propio médico, pasaron el año pasado tratando de ser su propio epidemiólogo. Casi la mitad del país no se ha vacunado, aún cuando las vacunas son gratuitas y están totalmente disponibles. Y muy frecuentemente, seguimos escuchando historias acerca de personas que terminan armando un alboroto porque les piden usar una mascarilla.

¿Y cuál es la ironía?. Un país de personas que constantemente insisten en que los inmigrantes y refugiados deben “seguir las reglas” para ingresar a este país parecen tener una actitud desafiante y una sed de desafiar a la autoridad.

En estos días, otra cosa que ansían los estadounidenses es tener un adecuado equilibrio entre su trabajo y su vida. Muchos de ellos parece que están reevaluando su relación con la institución en la que trabajan. Y en ese proceso, grupos de empleados están renunciando a sus empleos mes tras mes.

Más de una tercera parte de los trabajadores (el 37 por ciento) piensan abandonar su trabajo o ya lo están haciendo, de acuerdo a un sondeo realizado por Yahoo Finance/Harris, realizado en el mes de junio.

Y lo que los economistas y otros observadores están catalogando como “La Gran Renuncia” seguirá más allá del 2022.

De acuerdo a una edición del mes de agosto del sondeo mensual de búsqueda de empleo de Bankrate, el 55 por ciento de las personas de la fuerza laboral —definida como aquellos que actualmente están trabajando o están buscando activamente empleo— dijeron que es probable que tratarán de encontrar un nuevo trabajo en los próximos 12 meses.

No es impactante que muchos estadounidenses estén dejando su empleo durante el verano para buscar algo mejor. Eso es algo natural. Ya sea que estén buscando un mejor salario, mayor satisfacción o un horario más flexible, todos los trabajadores tienen derecho a buscar algo mejor.

Sin embargo, es extraño que, de acuerdo a los reportes de los medios de comunicación, algunas personas abandonen su empleo aun cuando no tengan otro. No parece preocuparles en dónde van a estar, sólo desean salirse de allí.

¿No es algo interesante?. Y ahora tenemos a todos esos inmigrantes y refugiados de lugares difíciles que ven las oportunidades que ofrece Estados Unidos y todos piensan en lo mucho que lo desean.

Este Día del Trabajo, los estadounidenses deberían dejar a un lado sus egos. Tenemos mucho que aprender acerca de esa entidad llamada trabajo, sus costos y recompensas. 

Los inmigrantes y refugiados son los que nos van a enseñar.

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