Estadounidenses están en todo su derecho de enfurecerse por Manafort

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Jennifer Rubin / The Washington Post
martes, 12 marzo 2019 | 06:00

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ashington— Paul Manafort, el ex jefe de campaña del presidente Donald Trump, fue sentenciado a 47 meses por ocho condenas de delito de corrupción. Al dictar su sentencia, el juez T.S. Ellis agregó sal a la herida al estipular que Manafort había vivido una vida “intachable” antes de haber sido atrapado cometiendo una serie de delitos. Ellis parece no estar enterado que por gran parte de su vida adulta, Manafort hizo dinero —dinero manchado de sangre, según su hija se refirió a ello, representando a una galería de delincuentes. Newsweek hizo un reconteo de su clientela fuera de Rusia.

“Manafort había trabajado con anterioridad en otros continentes. Su primera firma de cabildeo Black, Manafort, Stone and Kelly, la cual administró junto con el auxiliar de Trump y consultor político Roger Stone, fue apodada como el “cabildeo de los torturadores” por haber representado a tantos líderes políticos involucrados en abusos contra los derechos humanos.

“El año pasado, Kenia recibió 38 millones de dólares en ayuda extranjera de Estados Unidos y gastó más de 1.4 millones de dólares en cabilderos de Washington para conseguir dicha ayuda. Nigeria recibió 8.3 millones de dólares y gastó en exceso 2.5 millones de dólares. Y ¿a quién ambos países llamaron para presionar al Gobierno de Estados unidos? A la firma de cabildeo Black, Manafort, Stone and Kelly Public Affairs Co. la cual recibió 660 mil dólares de parte de Kenia de 1992 a 1993 y un millón de dólares de parte de Nigeria en 1991’, según detalla un reporte del Centro de Integridad Pública, el cual fue publicado a comienzos de la década de los noventas”.

Y aun así, ¿debemos creer que Manafort condujo una vida ejemplar?

El académico constitucional, Laurence Tribe, tuiteó, “Lo determinado por el juez Ellis, de que Manafort condujo una ‘vida intachable’ es prueba de que no es apto para servir en el estrado federal. En muy pocas ocasiones me he sentido tan asqueado por el transparentemente preferencial trato que se le ha dado a un acaudalado anglosajón que traicionó a la nación y a sus leyes”.

De hecho, esa misma reacción se generalizó, luego que los expertos legales se mostraron desconcertados por la tan ligera amonestación de un sofisticado, avaricioso e impenitente delincuente. “La sentencia es ridícula, y los comentarios de Ellis sobre la vida intachable de Manafort son indignantes”, según me dijo el ex vocero del Departamento de Justicia, Matthew Miller.

Manafort no cometió un sólo delito, sino ocho, según lo determinó el jurado. Su ola de delitos continuó por una década mientras deliberadamente mentía sobre sus impuestos, defraudaba a bancos y ocultaba cuentas bancarias en el extranjero. Su motivación fue la avaricia, y hasta la fecha no ha admitido su culpabilidad. Se sintió “humillado”, según dijo en la corte, debido a que fue capturado.

La ex fiscal federal, Mimi Roach observó que, “creo que es una sentencia sorprendentemente baja, dado lo que los lineamientos recomiendan. En muy pocas ocasiones he visto este drástico alejamiento de la norma sin tener una razón extraordinaria para hacerlo. Y el hecho de que Manafort no mostrara arrepentimiento alguno y aun así el juez le dio una sentencia tan indulgente me deja con la boca abierta”.

Pero este no es el final de la sentencia de Manafort. Será sentenciado por otra serie de delitos en una corte federal en el Distrito de Columbia la semana entrante. Quizás ahí su manipulación de conducta de un testigo tras su arresto y el haberles mentido a los fiscales, violando con ello un acuerdo de cooperación resulten ser acciones que serán tomadas en cuenta. Miller señala que “el equipo de Mueller tiene otra carta por jugar. Ellos decidieron esperarse hasta después de que esta sentencia fuera dictada para recomendar su la sentencia de Manafort en D.C. sea cumplida de manera consecutiva o concurrentemente, y yo sospecho que le pedirán a la juez, Amy Bernan Jackson que le deje caer encima todo el peso de la ley la semana entrante”.

El fallo de Ellis sólo demostrará como cierta la percepción de muchos estadounidenses de que si se es un anglosajón con dinero uno enfrenta un cierto estándar de la justicia; y si se es pobre perteneciente a cualquier otro grupo minoritario, entonces uno enfrentará un estándar completamente distinto. Las sentencias mínimas dan enormes incentivos a los delincuentes de cuello blanco, quienes harán un análisis de costos y beneficios y concluirán que bien vale la pena arriesgarse a mentir, defraudar, etc. si el único inconveniente es la posibilidad de pasar unos cuantos años en una relativamente cómoda prisión federal.

En el caso de Manafort el resultado es especialmente perverso. La ex fiscal JoyceVance White me dijo: “Es casi como si el juez hubiera adoptado la manera de pensar del presidente Trump, de que al menos que las personas sean condenadas por el delito de conspiración, ningún otro delito importa”, White luego continuó, “Manafort fue condenado por delitos muy severos y debió haber sido sentenciado en apego a los lineamientos. Yo espero que la juez Jackson aplique su sentencia de manera consecutiva a esta, lo cual conllevará a un resultado mucho más apropiado”.

El tan ligero fallo también limita a los fiscales al hacer que la cooperación con las autoridades resulte innecesaria. ¿Qué sentido tiene cooperar, tal como lo hizo Michael Cohen, para recibir una sentencia de unos cuantos años en la cárcel cuando uno puede seguir mostrándose desafiante y obtener casi el mismo castigo? White señala que, “Esta sentencia se parece más a lo que uno esperaría si Manafort hubiera cooperado con el Gobierno”.

Quizás la juez Jackson ayude a corregir esta gravosa injusticia. Los estadounidenses se merecen algo mejor de lo que Ellis nos dio el jueves.