Opinion El Paso

Está bien celebrar el veredicto de Chauvin, aunque no fue una victoria

No, lo que realmente me molesta es que, en un sistema de justicia penal integrado por el policía, fiscales y juez que innegablemente han tenido incontables “derrotas” para los afroamericanos

Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

jueves, 29 abril 2021 | 06:00

San Diego— Ha pasado una semana desde que el oficial de la policía de Minneapolis Dereck Chauvin fue condenado por asesinar a George Floyd y hay algo del resultado que no me parece bien.

No es el veredicto.  El desacreditado ex oficial es un bravucón insensible que recibió lo que merecía. En 9 minutos, Chauvin pasó de ser un protector y se convirtió en depredador. Al hacer eso, regresó un cuarto de siglo las relaciones entre la comunidad y la policía y provocó una oleada de violencia en docenas de ciudades de Estados Unidos dando como resultado millones de dólares de daños.

Tampoco es la política. Encuentro divertido que los conservadores estén en un dilema.  Muchos de ellos están preocupados de que la decisión del jurado de encontrar culpable a Chauvin de todos los cargos, incluyendo homicidio no intencional de segundo grado, estuviera basado en el temor de que una exoneración podría provocar la molestia social. ¿De qué manera se puede exigir responsabilidad, en otras instancias y de otras personas, si no la aceptan en este caso?

No es el hecho de que muchas personas de todo el país se hayan deleitado con las manifestaciones públicas. Tomando en cuenta que Chauvin podría enfrentar por lo menos 20 años en prisión y que los ex oficiales usualmente no viven tanto tiempo en la cárcel, el veredicto podría ser respaldado sin ser celebrado.

No es la intervención de un miembro del Congreso. Hubiéramos logrado eso sin el espectáculo adicional de la representante demócrata de California Maxine Waters, que les dijo a los manifestantes, antes del veredicto, “manténganse en las calles” y “sean más agresivos”. El juez Peter Cahill condenó las declaraciones y Waters replicó que posiblemente Cahill estaba “enojado” y “frustrado” por la amplia publicidad que generó el juicio.

No, lo que realmente me molesta es que, en un sistema de justicia penal integrado por el policía, fiscales y juez que innegablemente han tenido incontables “derrotas” para los afroamericanos, el veredicto de culpabilidad de Chauvin está siendo tratado por algunos como una “victoria”.

Entiendo ese instinto. Las derrotas han sido profundas e incontables los abortos de la justicia. Tendríamos que ser ciegos o en una negación total para no ver que existe un cisma entre la policía y los afroamericanos.  Algunos hasta podrían llamarle guerra a esto.

Recientemente, el sitio de noticias afroamericano, NewsOne, contó los hombres y niños afroamericanos que han sido asesinados por la policía en la década pasada. El conteo se detuvo cuando la cifra llegó a 109. Ha habido ocasiones en las que parece que hay un tiroteo cada semana.

Cuando los oficiales de Policía disparan sus armas, no existe la duda de que puedan decir que temen por sus vidas. Se llama la “defensa del miedo”. Esa afirmación no es cierta en casos como el de Andrew Brown Jr., padre de 10 hijos que recientemente fue asesinado por la policía en Elizabeth City, Carolina del Norte. Brown recibió cinco balazos, incluyendo uno en la nuca, cuando intentaba huir de los oficiales que trataban de ejercer una orden de arresto.

Aunque el veredicto de culpabilidad en un caso penal debería ser sólo dos cosas: los hechos y la ley. No debería ser acerca de victorias o derrotas. Tampoco debería ser acerca del orgullo racial o de la identidad política. Esas cosas no tienen cabida en la corte ni fuera de ella. Aunque temo que también nos dirigimos hacia allá.

El día después del veredicto de Chauvin, mientras las muchedumbres de Minneapolis se convertían en euforia, un reportero de NPR entrevistó a una mujer afroamericana que estaba ondeando una bandera de Las Vidas de los Afroamericanos Importa, y le preguntaron por qué estaba celebrando el veredicto.

“Tengo cuatro hijos y cada día tengo miedo porque no sabemos qué va a pasar”, dijo la mujer. “Aunque el día de hoy, veo que hay esperanza. Porque ahora la justicia ha sido aplicada en un hombre. Aún quedan toneladas de nombres, hay toneladas de justicia que se tiene que aplicar. Pero el día de hoy fue el principio y me siento contenta de atestiguar este día, y de sostener mi bandera. El día de hoy me siento orgullosa de ser afroamericana”.

No hay mucho qué decir aquí. Nada de eso está muy bien, por una cosa, ¿por qué alguien tiene que buscar o sentir orgullo en el juicio penal de otro ser humano? Imagine lo indignante que sería si una persona anglosajona dijera que la condena de un acusado afroamericano le hiciera sentirse “orgulloso de ser anglosajón”. Las personas razonables podrían desplomarse de igual manera cuando los colores se revierten.

No hay tiempo para hablar de victorias raciales. Este es un momento para la reflexión y la reconciliación. Nuestro país está lesionado y necesitamos sanarlo.