¿Es Beto O’Rourke una bomba o un cohete hecho con una botella de plástico?

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Ross Ramsey/The Texas Tribune
jueves, 14 marzo 2019 | 06:00

Austin – De las dos o tres docenas de demócratas que se han postulado – o están hablando acerca de unirse a la competencia – para presidente, el Club para el Crecimiento, que tiene su sede en Washington, D.C., lanzó sus primeros ataques contra el ex congresista de El Paso, quien perdió su postulación al Senado de Estados Unidos hace cuatro meses.

Esa atención – un anuncio en televisión con duración de dos minutos en donde se ataca al “privilegio de un hombre anglosajón” que tiene Beto O’Rourke – se trata ya sea de una práctica de tiro al blanco o un ataque anticipado que pretende restringir a un candidato que representa una verdadera amenaza para el nominado republicano a la Casa Blanca.

Aunque tal vez se trate de las dos cosas.

O’Rourke, quien hace un año era un desconocido a nivel nacional – y hasta cierto grado significativo sigue siendo un desconocido – no lo conocían muy bien en la mayor parte de Texas hasta su famosa competencia contra el senador Ted Cruz durante el año pasado, ahora está acaparando una gran atención.

Tiene un récord de servicio público extremadamente escaso, aunque eso no detuvoa ninguno de los dos presidentes anteriores – especialmente al actual. O’Rourke pasó tres términos en el Congreso, también prestó sus servicios durante un tiempo en el Consejo de la Ciudad de El Paso y observó cómo su desaparecido padre, quien fue un prominente político local, practicó las artes civiles durante años.

En esos días, tuvo una banda de rock punk.

Pero nada de eso explica los intensos rumores políticos.

O’Rourke logró una competencia suicida para el Senado de Estados Unidos, habiéndose inscrito a finales del 2017 para obtener la nominación demócrata para competir contra Cruz, quien intentaba reelegirse por primera vez después de haber estado cerca de ganar la nominación republicana para presidente en el 2016.

Cruz era conocido y popular entre los republicanos y poco popular para los demócratas. O’Rourke era, en términos relativos, un desconocido. Sin embargo, la combinación de las circunstancias y su carisma convirtieron todo eso en una competencia.

En ese entonces, las circunstancias eran complicadas y de alguna manera reflejaban el formato para la competencia del 2020 para presidente. Cruz era bien conocido y carismático a su manera: había que compararlo, aunque inicialmente a usted no le gustara esa idea, con el aristócrata senador estatal John Cornyn, o con el antiguo jefe de Cruz, el gobernador Greg Abbott, ninguno de los dos se ha sacudido los años que han pasado como un juez estatal solemne y reservado.

Ambos son políticos formidables, aunque no tienen las cualidades magnéticas de Cruz.Ni como las de O’Rourke, quien logró llegar al primer escenario de la campaña al Senado sin tener sentimientos negativos contra el actual senador.

El congresista de El Paso tuvo un buen desempeño en los sondeos en contra de Cruz antes de que muchos texanos supieran quién era él.  Sabían quién no era. Se trataba de una competencia entre Ted Cruz y alguien que no era Ted Cruz.

El carisma de O’Rourke logró igualar el de Cruz. Salió de las elecciones primarias al Senado con números que reflejaban su bajo perfil en ese momento, aunque también dejaron de manifiesto que su desafío estaba captando los votos latinos.

Recibió el 61.8 por ciento de la votación en contra de otros dos desconocidos: Sema Rodríguez y Edward Kimbrough.

En esa etapa, la competencia al Senado y a la gubernatura, se veían como una repetición de las dos últimas décadas – una discordancia entre el Partido Demócrata sin nombres famosos y un Partido Republicano con sólidos candidatos en funciones, mucho dinero y un fuerte dominio sobre un Estado muy republicano.

Beto perdió, pero recaudó unos 80 millones de dólares y terminó con 214 mil 921 votos – o sean 2.6 puntos porcentuales – detrás de Cruz.

Su postulación fue reconocida por lograr que otros candidatos que estaban en la boleta concluyeran mucho más cerca de lo que estaban y por ayudar a impulsar a la cima a los candidatos que estaban en una posición inferior.

Se convirtió en un perdedor, pero también en un astro.

Las similitudes entre esa competencia y la siguiente podrían expandirse, aunque habría que observar los argumentos.

Un sondeo reciente realizado por la Universidad de Texas y The Texas Tribune les preguntó a los votantes registrados si votarían a favor o en contra de Donald Trump si la elección presidencial fuera el día de hoy.

Entre los electores de Texas – ustedes saben, las personas republicanas del Estado – fue un empate virtual, el 51 por ciento respondió que “definitivamente” o “probablemente” votarían en contra de Trump y el 49 por ciento dijo que probablemente o definitivamente votarían por él.

Nuevamente, un Donald Trump contra alguien que no es Donald Trump.

¿Podrá O’Rourke recaudar dinero como lo hizo el año pasado, y hacerlo rápidamente y de una manera tan efectiva para superar la horda de demócratas que tratarán de obtener la nominación?

¿Ese relativamente endeble currículo lo muestra como Beto el No Preparado, o sólo significa que tiene menos ventajas y decisiones qué defender?

En las recientes elecciones ha funcionado de las dos maneras a nivel estatal y nacional.

¿O’Rourke logrará electrizar a los demócratas de todo el país de la manera como los emocionó recientemente en Texas? ¿Será el próximo exitazo o la sensación del año pasado?

En este momento, es el personaje más interesante que está sobre el escenario. Lo importante será mantenerse allí.