Opinion El Paso

El torpe revés a los refugiados muestra las dos caras de Biden

Cuando se trata del tema más explosivo de la agenda nacional, ¿quién es Biden realmente? Todo depende de qué día sea

Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

domingo, 25 abril 2021 | 06:00

San Diego— Bruce Springsteen hizo una aparición en la elección presidencial del 2020 al narrar un anuncio en internet, teniendo como fondo musical la melodía de su canción “Mi Pueblo Natal”.

El anuncio se transmitió en la ciudad natal de Biden, Scranton, Pennsylvania, una ciudad de aproximadamente 78 mil personas situada en el noreste de Pennsylvania que fue construida, como lo hizo notar Springsteen con “sudor, agallas y determinación”. Biden se postuló para presidente, dijo el cantante, “para darle a la gente trabajadora la oportunidad que ellos merecen”. Scranton no sólo es el lugar de donde es Biden, argumentó Springsteen, sino también lo “que lo hizo ser quien es”.

Ahora que Biden es presidente, pienso en ese anuncio. Lo que me da vueltas en la cabeza es el “que lo hizo ser quién es”. Como méxicoamericano, no me agradan las personas de Scranton.  De hecho los sondeos de opinión y los patrones electorales muestran que las personas de esa parte del país, de ambos partidos, preferirían mantener a los morenos fuera de la frontera sur.

Así que, la pregunta sería:  Cuando se trata del tema más explosivo de la agenda nacional, ¿quién es Biden realmente?  Todo depende de qué día sea.

Cuando los estadounidenses eligieron a Biden como presidente, ellos recibieron dos por el precio de uno.

El antiguo Joe, quien entra en defensa de los anglosajones de la clase trabajadora, los trabajadores demócratas de los estados del Cinturón del Óxido como Michigan, Ohio y Pennsylvania, es fluido en el lenguaje de los que quieren que Estados Unidos acepte a menos migrantes y refugiados.

El nuevo Joe habla en español y se dobla bajo la presión de los latinos y los demócratas de extrema izquierda que ven a los inmigrantes y refugiados como el combustible que puede hacer realmente que Estados Unidos sea grande nuevamente y debemos aceptar más.

En ocasiones, los dos Biden no están de acuerdo.

Un maravilloso argumento surgió la semana pasada sobre lo que el presidente cree que debería ser el tope de refugiados que Estados Unidos puede aceptar cada año.

En el mes de marzo, oficiales de inmigración de Estados Unidos aprehendieron más de 172 mil individuos en la frontera entre Estados Unidos y México. La mayoría de ellos provinieron de Centroamérica, Guatemala, Honduras o El Salvador, específicamente, con la esperanza de lograr el estatus de refugiados. En promedio, sólo aproximadamente 1 de cada 4 solicitantes de asilo tiene éxito.

Aunque esas almas desesperadas merecen la oportunidad de defender su caso.  Aunque en muchas instancias, agentes de la Patrulla Fronteriza simplemente regresan a las familias a México.  En otras ocasiones, los probables refugiados son liberados en Estados Unidos sin que les den una notificación para que comparezcan ante un juez de inmigración.

Toda la situación es un caos, y la culpa de eso es mayormente de Biden. Para los demócratas que desean limpiar el desastre, éste sería un consejo útil:

En lo concerniente a los inmigrantes y refugiados, nunca, repito, nunca, es buena idea imitar al ex presidente Donald Trump.

¿Los demócratas se inspirarán en Dixiecrat y en el ex gobernador de Alabama George Wallace para formular la política sobre derechos civiles?

Aunque la semana pasada, Biden se puso muy Trumpiano cuando, al romper su propia promesa de campaña para incrementar el tope anual de refugiados a 125 mil o más en contraste con la patética cifra de 15 mil que instituyó el presidente número 45, Biden comentó que la cifra de Trump “sigue siendo justificada”.

La reacción fue rápida.

“Esto es totalmente inaceptable. Biden prometió recibir a los inmigrantes y las personas votaron por él en base a esa promesa”, comentó en un tweet la representante Alexandria Ocasio Cortez.   “Mantener las políticas xenofóbicas y racistas de la administración Trump, incluyendo el históricamente bajo tope de refugiados está completamente mal. Cumpla su promesa”.

Eso dejó una marca, en unas cuantas horas, la Casa Blanca mostró indicios de que Biden iba a revertir su postura nuevamente e incrementó el tope de refugiados a un número no especificado que dará a conocer el 15 de mayo.

Es triste que las políticas oficiales de Estados Unidos se decidan en base a quién se está consintiendo y si consideran a los inmigrantes como una amenaza o como los describió recientemente el ex presidente George W. Bush, “un bien definitivo para Estados Unidos”.

Biden cree que puede hablarle a los dos grupos. Pero en realidad, habla con rodeos.

Como nieto de un inmigrante mexicano que llegó aquí durante la Revolución Mexicana, legalmente, justo al igual que muchos de nuestros padres y abuelos, debido a que mayormente uno no podía llegar ilegalmente hasta después de 1924. Estoy de acuerdo con Bush y otros que consideran la inmigración como un bien.

Yo iría más lejos. El hecho es que este país tiene la habilidad para transformarse y aceptar lo que desecha el mundo, lo que la poeta Emma Lazarus describió como “los desdichados rechazados”, y con una varita mágica los convierte en oro.

Esta no es sólo la mejor política de Estados Unidos, sino es todo el punto de vista de Estados Unidos.