El síndrome de las mentiras republicanas sobre el sistema de salud

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Paul Krugman / The New York Times
domingo, 07 abril 2019 | 06:00

Nueva York— Hay tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras descaradas y las que dicen los republicanos sobre el sistema de salud.

Sí, ya sé que no es ninguna novedad que los políticos (algunos más que otros) digan algo que pueda prestarse a malinterpretaciones. Según la cuenta que lleva Daniel Dale, del periódico Toronto Star, hasta el lunes por la mañana Donald Trump había hecho 4 mil 682 declaraciones falsas desde que se convirtió en presidente.

Pero me atrevo a decir que las afirmaciones del Partido Republicano acerca del sistema de salud son especiales, por varios motivos. En primer lugar, son mentiras intencionales, simple y llanamente, no solo aseveraciones dudosas o declaraciones erróneas que puedan justificarse por ignorancia o por alguna malinterpretación. En segundo lugar, son repetitivas: los republicanos ni siquiera hacen el esfuerzo de inventar distintas afirmaciones falsas, sino que se conforman con repetir unas cuantas mentiras hasta el cansancio. Por último, insisten en hacerlo con todo y que ya desde hace mucho tiempo nadie les cree.

Es necesario explicar más a fondo este síndrome, y prometo hacerlo más adelante. En este momento, quisiera empezar por señalar las características que distinguen a las mentiras del Partido Republicano sobre el sistema de salud y las colocan en una clase aparte.

Para empezar, como ya dije, no son solo aseveraciones dudosas. Cuando los funcionarios del gobierno de Donald Trump insistieron en que el recorte fiscal de 2017 daría pie a una década de crecimiento milagroso, lo hicieron sin ningún fundamento económico y aunque había pruebas acumuladas a lo largo de décadas que los contradecían. Sin embargo, esa aseveración podría catalogarse como una predicción, no un hecho declarado, así que quizá podríamos darles el beneficio de la duda (siendo muy generosos) y creer que en realidad estaban convencidos de lo que decían.

En contraste, Mick Mulvaney, el jefe de Gabinete interino de la Casa Blanca, apareció en televisión el domingo y afirmó que “todos los planes” que Donald Trump ha presentado “cubrían las enfermedades preexistentes”. Esa es una total y absoluta mentira.

La Oficina de Presupuesto del Congreso, en su evaluación sobre el proyecto de ley de reforma de salud de los republicanos, que habría ocasionado que veintitrés millones de personas perdieran su cobertura y se habría autorizado si John McCain no hubiera votado en contra, subraya: “Las personas menos saludables (tanto quienes sufren enfermedades preexistentes como quienes adquieren enfermedades nuevas) ya no podrán adquirir seguros individuales de salud con cobertura amplia mediante el pago de primas comparables a las que permite la legislación actual, si acaso pueden comprarlos”.

Por desgracia, las mentiras de Mulvaney acerca de las enfermedades preexistentes y que nadie perderá cobertura si el juicio en contra del Obamacare logra su objetivo, son de lo más normal conforme a los estándares republicanos, lo que nos lleva a la segunda razón por la que esta forma específica de mentir es excepcional: los republicanos no paran de repetir las mismas mentiras, una y otra vez. Aunque han prometido en repetidas ocasiones mantener la cobertura e incluir las enfermedades preexistentes, después han propuesto planes con los que decenas de millones de personas perderían su seguro de salud y los más afectados serían quienes ya sufren problemas de salud.

Lo más curioso, y la tercera razón en este argumento, es que casi nadie parece creer esas mentiras. Antes de las elecciones intermedias del año pasado, el público expresó por un margen del 58 contra el 26 por ciento que confiaba más en los demócratas que en los republicanos para proteger a los ciudadanos con enfermedades preexistentes. Este margen tan amplio quiere decir que hasta los partidarios de Trump sabían que su cabecilla estaba mintiendo en este caso.

Ahora bien, ¿cómo podemos explicar que persista el síndrome de las mentiras republicanas sobre el sistema de salud?

En este tema, la opinión popular es clara: los estadounidenses quieren que todos tengan acceso a los servicios de salud. Ni siquiera existe una división partidista significativa: la gran mayoría de los republicanos no creen que deba permitirse que las aseguradoras les nieguen cobertura o les cobren más a quienes sufren enfermedades preexistentes.

Este apoyo público casi unánime explica la popularidad de Medicare. Después de todo, envejecer y pasar a formar parte de un grupo que en promedio gasta mucho más que el resto de la población en seguros de salud es la principal enfermedad preexistente.

El problema es que solo hay dos opciones viables para darles cobertura a las personas que sufren enfermedades preexistentes, y ambas son anatema en el marco de la ideología conservadora.

Una opción es que los contribuyentes paguen directamente los costos, el mecanismo que aplica Medicare.

La otra opción es una combinación de normas y subsidios. Es necesario prohibirles a las aseguradoras discriminar con base en el historial médico (tal prohibición debe incluir medidas para evitar que emitan pólizas básicas que solo atraigan a quienes gozan de buena salud), pero eso no basta. También hace falta convencer a las personas sanas de inscribirse para que exista un buen conjunto de riesgos, así que deben subsidiarse las primas de quienes reciben ingresos menores y, de preferencia (aunque no es indispensable), imponerles una multa a quienes no tengan seguro.

Si la segunda opción les parece conocida, no es coincidencia. Es el mecanismo que aplican países como Suiza y los Países Bajos; también describe (muy bien si lo adivinaron) la estructura de Obamacare.

Claro que los republicanos no pueden admitir que la única manera de cubrir las enfermedades preexistentes es emular políticas de los demócratas. El partido de Eisenhower, o incluso el de Nixon, quizá podrían haberlo hecho; pero el partido de Fox News definitivamente no puede darse ese lujo.

El problema es que los republicanos tampoco se atreven a admitir que no les interesa en absoluto ofrecer la protección que exige una amplia mayoría de los electores. Así que se escudan en sus mentiras.

Por cierto, quizá hayan escuchado rumores acerca de ciertos miembros del Partido Republicano en el Congreso que se oponen a la nueva reforma al sistema de salud que propone Trump. Solo quiero enfatizar que no debemos olvidar que comparten sus metas; lo único que cuestionan es el momento en que ha hecho sus propuestas. El objetivo del partido en general todavía es arrebatarnos los servicios de salud. Su esperanza es que las siguientes elecciones pasen antes de que nos demos cuenta.