Opinion El Paso

El racismo y violencia en EU no es tan simple como decir blanco o negro

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Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

viernes, 23 abril 2021 | 06:00

San Diego — Como méxicoamericano que siente que ha sido dejado a un lado de la conversación nacional sobre la raza, tengo una duda: ¿las vidas de los morenos también importan?

Apuesto a que esa pregunta se le ocurrió a la familia de mi abuela, quien tiene 70 años y vive en Los Ángeles, quien –en una historia bizarra muy adecuada para la ciudad más cultural de Estados Unidos– presuntamente fue atacada en un autobús por una mujer afroamericana que pensó que era asiática.

De acuerdo al periódico local The East Sider, la víctima –quien fue identificada sólo como “Becky”– fue salvajemente golpeada en el ataque ocurrido el 9 de abril, resultando con una conmoción cerebral, fractura de nariz y el desprendimiento de cabello y piel de su cabeza. La Policía arrestó a Yasmine Beasley de 23 años, como responsable del ataque, y dijo que también fue acusada por gritar insultos contra los chinos.

Me imagino que esa pregunta también está en la mente de la familia de Adam Toledo. El adolescente méxicoamericano de 13 años y originario de Chicago que tuvo una muerte prematura como resultado de lo que pareció ser un “mal disparo” de un oficial anglosajón que tenía tres denuncias por mala conducta en los cinco años que estuvo desempeñando ese puesto, ninguna de las cuales dio lugar a que recibiera una acción disciplinaria.

De acuerdo al video de la cámara corporal del oficial, Toledo acató las órdenes que le dio la policía y dejo de correr y levantó las manos. Hizo lo que le dijeron. Todos aquellos que apoyan a los policías aseguran que acatar sus órdenes le puede salvar la vida a uno. Pero eso no le funcionó bien a Toledo.

Para ser honesto, Toledo tomó algunas malas decisiones en las primeras horas de la mañana del 29 de marzo. Cuando fui adolescente, yo también lo hice muchas veces.

Aunque nada justifica que Toledo haya sido baleado por la Policía. Usualmente, los oficiales son aconsejados por abogados del sindicato para que usen un lenguaje específico si están involucrados en un tiroteo. Se supone que deben decir: “pensé que mi vida estaba en peligro” o “temí por mi vida”.

La fiscalía no ha fincado cargos en contra del oficial de la policía de Chicago Eric Stillman. Si lo hubieran hecho, la llamada defensa del temor hubiera sido difícil de vender para este hombre de 34 años, tomando en cuenta que –contrario a las falsas declaraciones iniciales de las autoridades y del abogado de Stillman– ahora queda claro que Toledo no estaba armado.

Es verdad que había una pistola en el lugar de los hechos, pero se encontraba en el suelo, detrás de Toledo, quien al parecer aventó el arma segundos antes de levantar las manos. El disparo ocurrió inmediatamente después que el jovencito levantó las manos.

En los últimos días, no sé cuántas veces he escuchado decir a los hispanos algo como esto: “Si esto hubiera sido” o “imagínense qué hubiera pasado si”.

Ellos aseguran que si Toledo hubiera sido afroamericano, no sólo habría una foto de fichaje de Stillman vestido con un uniforme naranja sino también hubiera recibido una amplia cobertura de los medios de comunicación, hubiera habido protestas públicas, boicots corporativos y todas esas cosas.

Es como si muchos estadounidenses sólo tuvieran una gran banda ancha en su conciencia de justicia social y están llenos de siglos de injusticias de los afroamericanos. El hecho de que el ex policía de Minneapolis Derek Chauvin fuera condenado este martes del asesinato de George Floyd encaja en la tradicional narrativa de los negros y blancos.

Lo cual me lleva de nuevo a hacer la pregunta: ¿las vidas de los morenos importa?

En unas semanas, se espera que sean dados a conocer los resultados del Censo del 2020 y es probable que se publique este encabezado: “actualmente, los hispanos representan 1 de cada 5 estadounidenses”.

La minoría más grande de Estados Unidos –que superó en número a los afroamericanos en el 2003– con toda seguridad va a romper la barrera del 20 por ciento.

Durante décadas, los hispanos han creído que, a medida que aumentan sus números, finalmente seríamos respetados.

Eso no ha ocurrido. El cambio de demografía sólo ha dado como resultado el temor. Los hispanos son ignorados. Nos hemos convertido en un objetivo. Y todavía no podemos llegar al momento del día en un país cuya imaginación está atascada en el paradigma de los afroamericanos y blancos de los años 1950.

La semana pasada, el locutor de radio Ben Shapiro, quien es conservador, inició el programa con el video que documentaba la muerte de Adam Toledo. Shapiro comentó: “un adolescente afroamericano de 13 años fue abatido por la policía en Chicago”.

La próxima vez que uno escuche que los estadounidenses son daltónicos, créanlo. Cuando se trata del color, algunas personas de este país son sordas, tontas y ciegas.