El presidente reprobó la materia de Inmigración

-

Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post
domingo, 10 febrero 2019 | 06:00

S

an Diego— El presidente Trump está perfectamente preparado para conducir este capítulo del debate sobre inmigración. Esto se debe a que representa muy hábilmente a los millones de estadounidenses que aman a la mayoría que trata un tema que no comprende en lo más mínimo.

El conocimiento, la experiencia y el sentido común están sobrevalorados. La ira, el miedo y el racismo funcionan igual de bien.

Trump lo demostró nuevamente durante el discurso sobre el Estado de la Unión, que dedicó en gran parte a sus tácticas de miedo sobre cómo supuestamente los inmigrantes están invadiendo los Estados Unidos a través de la frontera entre EU y México.

Para el merolico de feria que habita en el 1600 de la avenida Pennsylvania, todos esos años dedicados a reunir de todo –desde apartamentos hasta bistecs y vodka– le enseñaron dos cosas: primero, dale a las personas lo que quieren. Y segundo, si no puedes hacerlo, trata de convencerlos de que lo que realmente quieren es lo que tienes para dar.

Lo que quieren los partidarios de Trump es una charla que levante ámpulas sobre la seguridad fronteriza, amenazas para acabar con los inmigrantes ilegales y reafirmaciones de que el “grande y hermoso muro” en la frontera entre Estados Unidos y México se materializará algún día.

No aguanten la respiración. Cualquiera que sea la estructura que emerja finalmente del estira y afloje no será ni grande ni hermosa.

Como una falsa carnada, a los partidarios de Trump se les prometió una imponente estructura hecha de concreto, algo suficientemente aterrador para disuadir a las personas desesperadas de México y América Central de viajar al norte.

Ahora esos planes se han reducido. Lo mejor que podemos esperar es una mezcla de pilares de acero combinados con una "pared virtual" de sensores electrónicos.

Eso está bien para los demócratas, que apoyaron las barreras físicas en la frontera mucho antes de que se opusieran a ellaos. En realidad, las partes están mucho más cerca de lo que uno podría pensar por toda la retórica acalorada. Los demócratas han señalado que apoyarán un muro siempre que puedan llamarlo valla. Mientras tanto, los republicanos apoyarán una cerca glorificada si pueden describirla como un muro.

Llámelo como quiera, simplemente no la considere como una bala de plata que resolverá nuestros problemas de aplicación de la ley en la frontera. La única forma de detener a los inmigrantes ilegales es que los estadounidenses hagan algo que no quieren hacer: dejar de contratar a inmigrantes ilegales.

Sin embargo, muéstreme a un miembro del Congreso que habla mal, que ladra como un perro de presa sobre cómo tenemos que terminar con la inmigración ilegal, y le mostraré a un perrito servil, entrenado para agachar la cabeza ante los generadores de empleos.

 Mientras tanto, los comentarios de Trump sobre los inmigrantes, los refugiados y la seguridad fronteriza durante el discurso sobre el Estado de la Unión fueron una mezcla de mentiras, verdades a medias y temblores, una bebida venenosa destinada a hipnotizar a los mal informados y los pequeños de mente.

Trump habló de “poner a los despiadados coyotes, cárteles, traficantes de drogas y traficantes de personas fuera del negocio”. Pero cada vez que fortificamos la frontera, esos hombres malos ven un aumento en sus ganancias a medida que aumentan sus precios.

Advirtió de “grandes caravanas organizadas... en marcha hacia Estados Unidos” desde América Central. Pero hemos escuchado narrativas catastróficas antes, y el caudal de migrantes resultó ser un goteo con muchas personas que optan por quedarse en México.

Trump dijo que “las ciudades mexicanas... están adquiriendo camiones y autobuses” para llevar a los refugiados a la frontera de EU y México. Pero los funcionarios en la ciudad mexicana de Tijuana están reclutando a los centroamericanos para tomar trabajos que de otra manera quedarían sin cubrir.

Trump dijo que quiere que la gente “entre legalmente”. Pero defendió la Ley RAISE, que habría creado un sistema de puntos basado en méritos y casi eliminado la inmigración legal.

Afirmó que El Paso, Texas solía ser una de las ciudades más peligrosas de la nación y que “ahora, con una poderosa barrera en su lugar, El Paso es una de nuestras ciudades más seguras”. Pero el sheriff en El Paso rápidamente refutó eso, señalando que su ciudad nunca estuvo entre las más peligrosas de la nación. La otra mitad de esa reclamación fue refutada por The El Paso Times. El periódico echó un vistazo a los delitos violentos en la ciudad a partir de dos años antes de que se construyera la barrera hasta dos años después. En ese periodo, los delitos violentos aumentaron un 17 por ciento.

Finalmente, dijo Trump, tenemos una “frontera sur muy peligrosa”. Pero eso resultará como sorpresa para las 100 más personas que se estima todos los días cruzan solo esa pequeña porción de esa frontera al sur de San Diego, generalmente sin incidentes.

Esto nos hace pensar que se trata del mismo presidente al que le gusta jactarse de su inteligencia. Sin embargo, siempre que la inmigración forma parte del examen, reprueba de manera estrepitosa.