Opinion El Paso

El Partido Republicano está en un punto de inflexión; la historia nos observa

.

Liz Cheney/The Washington Post

viernes, 07 mayo 2021 | 06:00

Washington— Nuevamente, en declaraciones públicas de esta semana, el ex presidente Donald Trump ha repetido sus reclamos de que la elección del 2020 fue un fraude y se la robaron.  Su mensaje fue:  Sigo siendo el verdadero presidente, el presidente Joe Biden es ilegítimo.Actualmente, Trump repite esas palabras con pleno conocimiento de que exactamente este tipo de lenguaje lo que provocó la violencia del 6 de enero.

Y como lo han sugerido el Departamento de Justicia y múltiples jueces federales, existe una buena razón para creer que el lenguaje de Trump pueda provocar nuevamente la violencia.  Trump está buscando exhibir los elementos cruciales de nuestra estructura constitucional que han hecho que funcione la democracia —la confianza en el resultado de la elección y el imperio de la ley.  Ningún otro presidente estadounidense ha hecho eso.

El Partido Republicano se encuentra en un punto de inflexión, y los republicanos deben decidir si van a escoger la verdad y fidelidad a la Constitución.  Inmediatamente después de la violencia del 6 de enero, casi todos sabíamos la gravedad y la causa de lo que había pasado —lo atestiguamos de primera mano.

El líder republicano de la Cámara Kevin McCarthy de California no dejó lugar a la duda en sus declaraciones públicas.  El 13 de enero en el pleno de la Cámara, McCarthy dijo:“El presidente es responsable del ataque de este miércoles contra el Capitolio perpetrado por una muchedumbre de manifestantes. Él debió haber denunciado de inmediato a la muchedumbre cuando vio lo que estaba pasando”. Ahora, McCarthy ha cambiado su versión.

Yo soy un republicano conservador y lo más conservador de los valores conservadores es el respeto al imperio de la ley. Cada uno de nosotros hace un juramento ante Dios para respetar a nuestra Constitución.  El Colegio Electoral ya habló.  Más de 60 cortes estatales y federales, incluyendo múltiples jueces designados por Trump han rechazado los argumentos del ex presidente y se han rehusado a anular los resultados de la elección.  Ése es el imperio de la ley, éste es nuestro sistema constitucional para resolver los reclamos de un fraude electoral.

La pregunta que tenemos ante nosotros en este momento es si nos vamos a unir a la cruzada de Trump para deslegitimizar y deshacer el resultado legal de la elección del 2020, con todas las consecuencias que eso podría tener. Yo trabajé en el extranjero en naciones en donde los cambios de liderazgo ocurren con violencia, en donde la democracia se mantiene hasta la siguiente oleada violenta. Estados Unidos es excepcional debido a que nuestro sistema constitucional lo resguarda en contra de eso. En el corazón de nuestra república está el compromiso de una transferencia pacífica del poder entre rivales políticos, de acuerdo a la ley.  El presidente Ronald Reagan describió esto como nuestro “milagro” estadounidense.

Aunque adoptar o ignorar las declaraciones de Trump podría ser atractivo para algunos para recaudar fondos y para propósitos políticos, ese enfoque hará un profundo daño a largo plazo a nuestro partido y nuestro país. Trump nunca ha expresado remordimiento ni ha lamentado el ataque del 6 de enero y ahora sugiere que nuestras elecciones y nuestro sistema legal y constitucional, no puede ser confiable para acatar la voluntad de la gente. Esto es inmensamente dañino, especialmente ahora que competimos en el escenario mundial en contra de la comunista China y sus reclamos de que la democracia es un sistema fallido.

Para los republicanos, el camino hacia adelante es claro.

Primero, hay que apoyar las investigaciones penales que está llevando a cabo el Departamento de Justicia sobre el ataque del 6 de enero. Esas investigaciones deben ser integrales y objetivas, ni la Casa Blanca ni ningún miembro del Congreso debe interferir.

Segundo, debemos apoyar una revisión bipartidista paralela realizada por una comisión con el poder de emitir citatorios para buscar y encontrar los hechos, y eso describirá para todos los estadounidenses lo que sucedió.Esto es crucial para derrotar la desinformación y las cosas sin sentido que han circulado en la prensa y en las redes sociales.

Ningún miembro actual del Congreso —que tenga puesta la mirada en el próximo ciclo electoral— debería participar.  Debemos designar a ex funcionarios, miembros del sistema judicial y otros prominentes estadounidenses que pueden ser objetivos, justo como lo hicimos después de los ataques del 11 de septiembre del 2011.

La comisión debería enfocarse en los ataques del 6 de enero. Las Vidas de los Afroamericanos Importa y la violencia antifascista del verano pasado fue ilegal y reprobable, pero es un problema diferente que tiene una diferente solución.

Finalmente, nosotros los republicanos necesitamos respetar genuinamente los principios conservadores y alejarnos del peligroso y anti-democrático culto a la personalidad de Trump. En nuestros corazones, estamos dedicados al milagro estadounidense. Creemos en el imperio de la ley, en un gobierno limitado, en una sólida defensa nacional y en la prosperidad y oportunidad generada por los bajos impuestos y políticas fiscales conservadoras.

Actualmente hay mucho en juego, incluyendo la ridícula concientización de nuestros rivales políticos, las políticas irracionales en la frontera y el gasto excesivo que amenaza con regresarnos a la catastrófica inflación de los años 1970. Reagan formó una amplia coalición en todo el espectro político para regresar a Estados Unidos a la sanidad, y necesitamos hacer lo mismo en este momento. Sabemos cómo hacerlo. Pero eso no sucederá si los republicanos optan por abandonar el imperio de la ley y se unen a la cruzada de Trump para socavar los cimientos de nuestra democracia y revertir el resultado legal de la última elección.

La historia nos está observando. Nuestros hijos nos están observando. Debemos ser lo suficientemente valientes para defender nuestros principios básicos que sujetan y protegen nuestra libertad y nuestro proceso democrático. Yo estoy comprometido a hacer eso, no importa qué consecuencias políticas pueda haber a corto plazo.