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Opinion El Paso

El muro de Biden

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Jorge Ramos Ávalos/Periodista

domingo, 29 octubre 2023 | 06:00

Los muros no sirven.

Las promesas incumplidas tampoco.

Cuando Joe Biden era candidato a la Presidencia en el 2020 prometió, en una entrevista con la estación de radio NPR, que si él ganaba “no se construiría ni un pie más de muro” en la frontera con México. Su promesa contrastaba con el deseo del entonces presidente Donald Trump de construir un muro en la mayoría de los 3,152 kilómetros que separan a los dos países.

La promesa de Biden estaba cargada de simbolismo y de apoyo a los migrantes. La idea de no continuar con la construcción del muro significaba, también, darles un mejor trato a los extranjeros y alejarse de las declaraciones de Trump que, en el 2015, había dicho que los inmigrantes mexicanos eran “criminales” y “violadores”.

Pero, rápidamente, las cosas se fueron deteriorando en la frontera.

Tras el fin de la pandemia, que afectó gravemente las economías latinoamericanas, empezaron a llegar caravanas de inmigrantes a la frontera sur. La desesperación era palpable. Familias con niños estaban cruzando la peligrosa selva del Darién en Panamá y burlando a los cárteles y a la Guardia Nacional en México para llegar al norte.

Y aunque el gobierno estadounidense insistía en que la frontera no estaba abierta, la percepción de muchos inmigrantes era que Biden no era Trump y que, eventualmente, podrían entrar.

La percepción se hizo realidad. En el 2021 se detuvo a 1.7 millones de migrantes en la frontera, según cifras de la Patrulla Fronteriza. En el 2022 fueron 2.3 millones. Y en el año fiscal 2023 aumentaron a 2.4 millones, un récord.

El gobierno de Biden lo ha tratado todo para enfrentar esta gigantesca ola migratoria, incluyendo una polémica negociación con la dictadura de Nicolás Maduro para deportar a migrantes venezolanos a su país. Pero nada ha funcionado. Las imágenes de migrantes cruzando el río Bravo con agua hasta la cintura y con niños en los hombros volvieron a dominar las noticias. Hace solo unas semanas vi en Eagle Pass, Texas, cómo cientos de inmigrantes entraban a Estados Unidos sin que un solo agente los parara.

Y es en este contexto que Biden rompió su promesa.

A principios de octubre el gobierno de Biden aceptó construir unos 30 kilómetros más de muro. El dinero había sido aprobado por el Congreso cuando Trump era Presidente y Biden no se opuso al proyecto.

Así comenzó el muro de Biden.

Ante una reelección cada vez más complicada, Biden no quiere en el 2024 una frontera fuera de control. Pero lo que Biden, demócratas y republicanos tienen que entender es que la migración no es como una maquinita que se puede prender y apagar a su gusto. Es un complicado sistema en que los más pobres y necesitados del continente se van a los lugares donde hay más oportunidades.

Por eso resultan tan inútiles las reuniones de mandatarios, como la convocada en Palenque por el presidente mexicano, y la anunciada en Washington para el 3 de noviembre. De nada sirven las declaraciones de los presidentes y sus ingenuos planes ante el empuje de millones de personas que buscan una vida mejor. Nadie puede parar eso.

Todo esto, en términos prácticos, significa que Estados Unidos tiene que aumentar significativamente el número de migrantes legales que acepta cada año. Un millón, aproximadamente, cada año no es suficiente. Un número mucho más realista –basado en las cifras de indocumentados detenidos en la frontera– sería de dos a tres millones de inmigrantes legales por año.

Además, Estados Unidos tiene que modernizar y agilizar su sistema de procesamiento de migrantes y asilados.

A mí me tocó ver a cientos de frustrados inmigrantes en el norte de México intentando, a todas horas, hacer su solicitud de entrada legal a EU con la aplicación CBP One. Pero el sistema, sencillamente, no se daba abasto.

Los 30 kilómetros de nuevo muro que construirá Biden en la frontera no servirán de nada. Los inmigrantes, sencillamente, se lo saltarán o se irán por otras rutas. Pero ahora, lo difícil, será volverle a creer a Biden.

Posdata. Habla bien de Aca. La rápida intensificación del huracán Otis –prueba irrefutable del cambio climático– tomó a todos por sorpresa. Es la nueva normalidad en el Pacífico. Y este es un momento de total solidaridad con la gente de Acapulco.

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