El hombre más acaudalado se lanza a la guerra

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Maureen Dowd/The New York Times
martes, 12 febrero 2019 | 06:00

Washington – Jeff Bezos sabe de instintos de supervivencia. 

Como refugiado de los fondos de cobertura, creó Amazon, la tienda más grande del mundo, al sacar provecho de nuestro instinto de cazadores-recolectores, la compulsión de obtener más cosas con menos esfuerzo. 

Amazon se convirtió en “el Príncipe de las Tinieblas del comercio”, escribe Scott Galloway en “The Four: The Hidden DNA of Amazon, Apple, Facebook and Google”, al explotar “nuestra gran fascinación por las cosas, como sucedió con la supervivencia del hombre de las cavernas que tenía más ramitas, las piedras adecuadas con las cuales poder abrir las cosas, y el lodo de más colores para pintar las imágenes en las paredes que indicaran a sus descendientes cuándo plantar las semillas, o qué animales peligrosos evitar”. 

Así que, desde luego, Bezos ha perfeccionado estupendamente los instintos de supervivencia. Esta es una época en la que el socialismo es lo de moda y a los multimillonarios se les repudia por ser inútiles, inmorales, voraces, mentirosos y una “amenaza naranja” (si en verdad es multimillonario). Sin embargo, el hombre más rico del mundo ha logrado sobrevivir a una semana traumática de una forma que es digna de admiración.    

Sobrevivió en enero a un intento espectacular de David Pecker de arruinarlo con una historia del National Enquirer que revelaba su aventura con una vecina casada, Lauren Sanchez, una celebridad de televisión. Fue humillante para él y su esposa, MacKenzie, pero Bezos logró poner fin a su matrimonio con un poquito de dignidad y aparentemente con poco daño al valor de sus acciones.

En nuestro universo gobernado por algoritmos, podemos olvidar que nuestros jefes supremos en realidad son humanos. Los textos con contenido sexual de Bezos desbordaban romance: “Quiero hablar contigo y hacer planes. Escucharte y reír”. También había otro sobre su deseo de despertar junto a ella, tomarse su café y leer el periódico, The Washington Post, supuestamente. 

La semana pasada, Pecker y sus secuaces llegaron al chantaje amenazando con publicar más textos con contenido sexual y fotografías indecentes que habían intercambiado Bezos y Sanchez a menos que Bezos declarara a la prensa que la historia del Enquirer no tenía motivaciones políticas. 

Una vez más, se activaron los instintos de supervivencia de Bezos. Se rehusó a hacerlo. 

Pecker está hasta su asqueroso cuello de enredos con motivaciones políticas. Tuvo que llegar a un acuerdo con los fiscales después de que ayudó a entregar los pagos que hizo su amigo Donald Trump para hacer callar a la modelo de Playboy y a la estrella de cine porno. Con nombre de personaje de Dickens, el director de American Media Inc., dueña de The Enquirer, fue “apoplético”, de acuerdo con una publicación de Bezos en Medium, sobre su investigación de quién filtró los textos. 

“Prefiero ponerme de pie, investigar, y ver qué sale”, escribió Bezos. 

Y así, un descalabro en las relaciones públicas se convirtió en un triunfo. Además del consumismo desenfrenado, a los estadounidenses nada les fascina más que ver cómo le patean la entrepierna a un acosador como Pecker.   

Tal vez Bezos sea un actor clave en la estratagema de Silicon Valley para destruir la privacidad y aumentar el exceso de interés por el culto al dinero, pero por el momento, es un héroe. 

“Si en mi posición no puedo hacer frente a este tipo de extorsión”, escribió, “¿quién más podría?”. 

Como me dijo Galloway: “La segunda peor decisión de los últimos doce meses fue la que tomó el hombre más rico del mundo de enviar fotos de sus genitales. La peor decisión fue que American Media Inc. decidiera tratar de chantajear al hombre más rico del mundo por correo electrónico. Una pareja de idiotas”.    

“American Media Inc. quebró esta semana, pero todavía no lo saben. Tienen a un tiburón al acecho”. 

Galloway cree que Bezos vs. Pecker será como el caso de Thiel vs. Gawker: “La misma arrogancia hizo presa de Gawker, amparándose en la Primera Enmienda como justificación para un comportamiento depravado y la destrucción de la vida de los demás. Eso ya no funciona”.   

Bezos señaló que podría haber otra terrible conspiración internacional semejante a la de los rusos y la campaña de Trump, esta vez con la relación de Pecker, Trump y los sauditas. 

Justo antes de que el príncipe heredero Mohamed bin Salmán viniera a Estados Unidos, Pecker —quien quería que los sauditas ayudaran a financiar su compra de la revista Time— publicó una propaganda absurda de las que se encuentran en las cajas registradoras: una revista de chismes que le daba el mismo trato que a Beyoncé y llamaba “Reino Mágico” a su país represivo y misógino. Resaltaba la relación especial entre los sauditas y Trump, a quien también le dedicaron muchos reportajes en The Enquirer durante la campaña de 2016.   

El príncipe heredero ha formado un vínculo muy estrecho con el principito Jared Kushner, el cual demuestra ser cada vez más vergonzoso conforme se acumulan las pruebas de que bin Salmán ordenó el espantoso asesinato del columnista de The Washington Post Jamal Khashoggi. Mark Mazzeti de The New York Times reveló que el príncipe demente comentó a un asesor en 2017 que le metería una “bala” a  Khashoggi si no cesaba con sus críticas. El ministro de Relaciones Exteriores saudita Adel al-Jubeir dijo a los reporteros el jueves que “Los errores ocurren”. 

Si acuñamos la palabra del año, Bezos mencionó que ser dueño de The Post es algo “complejificador” para él, lo que sugiere que la cobertura implacable que hizo ese periódico del asesinato de Khashoggi podría haber empeorado su relación irritable con Trump. 

The Post informó que Michael Sanchez, el hermano de Lauren quien afirma ser también su representante —y quien es cercano a Roger Stone y Carter Page— señaló que mucha gente de American Media Inc. le dijo a ella que The Enquirer quería hacer “un artículo difamatorio para darle gusto a Trump”. 

El triángulo tóxico de Pecker, los sauditas y el mundo de Trump todavía tiene que develarse. Sin embargo, Galloway está en lo correcto cuando señala que “a pesar de la repugnante idolatría de los innovadores multimillonarios, es una persona muy impresionante.

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