Opinion El Paso

El declive de la satanización republicana

Sin embargo, solo es una medida a corto plazo, diseñada principalmente para enfrentar la pandemia de la Covid-19

Paul Krugman / The New York Times

domingo, 28 marzo 2021 | 06:00

Nueva York— El Plan de Rescate Estadounidense, el esfuerzo de asistencia de 1.9 billones de dólares del presidente Joe Biden, es ley. Sin embargo, solo es una medida a corto plazo, diseñada principalmente para enfrentar la pandemia de la Covid-19 y sus consecuencias inmediatas. Los planes a largo plazo —se espera que sean una combinación de gasto en infraestructura a gran escala y aumentos de impuestos a los ricos— todavía se están formulando. Todos dicen que convertir esos planes a largo plazo en ley será mucho más difícil que la aprobación de la Ley de Rescate Estadounidense.

Pero ¿y si todos se equivocan?

Casi todos los analistas que sigo afirmaron casi hasta el último momento que 1.9 billones de dólares era una oferta inicial para el plan de rescate y que el proyecto de ley final sería bastante menor. En vez de eso, los demócratas, quienes siempre están “desorganizados” según el consenso estándar de los medios de comunicación, se mantuvieron unidos e hicieron prácticamente todo lo que habían prometido. ¿Cómo pasó eso?

La mayoría de los comentarios posteriores al estímulo hacen hincapié en las lecciones que los demócratas aprendieron de los años de Obama, cuando flexibilizar sus políticas en un intento de obtener apoyo bipartidista no consiguió más que una recuperación económica innecesariamente débil. Sin embargo, me parece que esto es solo una parte de la historia. También ha habido un cambio del otro lado del pasillo: en concreto, los republicanos han perdido su habilidad para satanizar las políticas progresistas.

Nótese que dije “políticas”. Sin duda, hay bastante satanización por ahí: un gran número de electores republicanos cree que Biden es presidente solo gracias a un fraude electoral invisible y algunos incluso se creen la historia de que fue ideado por una conspiración mundial de pedófilos. No obstante, el Partido Republicano ha fracasado de manera fehaciente en lo que respecta a convencer a los votantes de que se verán perjudicados por los planes de gasto e impuestos de Biden.

De hecho, las encuestas sobre el plan de rescate son tan positivas que parecen casi surrealistas para quienes recordamos los debates sobre las políticas de los años de Obama: más o menos tres cuartas partes del electorado, incluida la mayoría de los republicanos, apoyan el plan. En comparación, solo una escasa mayoría de los ciudadanos estuvo a favor del estímulo económico del presidente Barack Obama en 2009 a pesar de que Obama como mandatario todavía tenía unos índices de aprobación muy altos.

¿A qué se debe esta diferencia?

Parte de la respuesta, sin duda, es que esta vez los políticos y comentaristas republicanos han criticado sin mucho empeño las políticas de Biden. ¿Dónde están las advertencias aterradoras sobre la inflación descontrolada y la devaluación de la moneda, por no hablar de los paneles de la muerte? (La preocupación por la inflación, como tal, parece provenir principalmente de algunos economistas de tendencia demócrata).

Es cierto que de vez en cuando algún legislador del Partido Republicano musita alguna de sus habituales consignas: “políticas de izquierda que acaban con los empleos”, “que destrozan el presupuesto”, “socialismo”. Sin embargo, no ha habido ningún esfuerzo concertado para difundir el mensaje. De hecho, las críticas del partido a las políticas han sido tan silenciosas que casi un tercio de las bases republicanas cree que el partido apoya el plan a pesar de que no recibió ni un solo voto republicano en el Congreso.

¿A qué se debe esta somnolencia?

Es posible que los republicanos se den cuenta de que un intento de revivir las críticas de la era Obama los podría dejar en ridículo por sus antecedentes de hipocresía: después de declarar que el déficit era una amenaza existencial durante el mandato de Obama y olvidarse del tema en el momento en que Donald Trump asumió la presidencia, sería difícil dar otro giro de 180 grados.

Aunque los hechos inconvenientes nunca les han molestado mucho, también es posible que se sientan cohibidos por el absoluto fracaso de sus predicciones pasadas, como la supuesta inflación en el periodo de Obama o el vasto auge de inversión que desencadenaría el recorte de impuestos de Trump, puesto que nunca se convirtieron en realidad.

Además, a un nivel más profundo, puede que los republicanos simplemente hayan perdido la capacidad de tomarse las políticas en serio.

Jonathan Cohn, autor de “The Ten Year War: Obamacare and the Unfinished Crusade for Universal Coverage”, sostiene que la razón más importante por la que Trump no logró derogar la Ley de Atención Médica Asequible fue que los republicanos en general han olvidado cómo gobernar. Ya no saben cómo sopesar las decisiones difíciles, hacer las concesiones necesarias para construir alianzas y lograr que se hagan las cosas.

Yo diría que esa misma pérdida de seriedad inhibió su capacidad para oponerse de manera eficaz al plan de rescate de Biden. No pudieron realizar el análisis necesario para definir una línea de ataque convincente. Así que, mientras los demócratas impulsaban créditos fiscales que reducirán la pobreza infantil casi a la mitad y subvenciones que volverán más asequibles los seguros médicos, los republicanos se centraban en la cultura de la cancelación y el Dr. Seuss.

Y pensando a futuro, ¿por qué deberíamos pensar que al Partido Republicano le irá mejor al oponerse a las iniciativas a largo plazo de Biden?

Hay que tener en cuenta que tanto el gasto en infraestructura como el aumento de impuestos a los ricos son medidas muy populares. Los demócratas parecen unidos al menos en el principio de un plan de inversión e impuestos, y en estos momentos parecen ser bastante eficientes a la hora de convertir un acuerdo en términos generales en una legislación real.

Para bloquear este impulso, los republicanos tendrían que presentar algo más que denuncias repetidas de que los socialistas acaban con los empleos. ¿Lo harán? Es probable que no.

En resumen, las probabilidades de conseguir la aprobación de un gran proyecto de ley de gasto e impuestos son bastante buenas porque los demócratas saben lo que quieren conseguir y están dispuestos a trabajar para lograrlo, mientras que en el caso de los republicanos es todo lo contrario.

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