Opinion El Paso

El complot para ayudar a los niños estadounidenses

Sin embargo, hay una parte del paquete que muchos progresistas esperan que se convierta en permanente

Paul Krugman / The New York Times

miércoles, 17 febrero 2021 | 06:00

Nueva York— Los demócratas parecen dispuestos a promulgar importantes leyes de ayuda económica. El paquete será grande, con un precio probablemente cercano a los 1.9 billones de dólares propuestos por la administración de Biden. Pero la mayor parte de este gasto será claramente temporal. Los estadounidenses no recibirán cheques de mil 400 dólares cada año, los beneficios de desempleo no siempre serán tan generosos, no estaremos movilizándonos constantemente para programas de vacunación de emergencia (o al menos eso esperamos).

Sin embargo, hay una parte del paquete que muchos progresistas esperan que se convierta en permanente: una mayor ayuda a las familias con niños. De hecho, existe un argumento económico y social abrumador para proporcionar tal ayuda, además del argumento moral.

Sin embargo, la mayoría de los conservadores parecen oponerse, a pesar de que les está costando mucho explicar por qué. Y el hecho de que estén en contra de ayudar a los niños a pesar de su falta de buenos argumentos dice mucho sobre por qué realmente se oponen a la ayuda a los necesitados.

Algunos antecedentes: el sistema fiscal actual de los Estados Unidos ya les otorga a los padres un crédito de hasta 2 mil dólares por cada hijo. Sin embargo, las familias pueden reclamar el monto total solo si tienen una renta imponible suficientemente grande. Ésta es una limitación importante: se estima que 27 millones de niños viven en familias con ingresos demasiado bajos para recibir los 2 mil dólares completos.

La legislación en proceso parece encaminada a aumentar el tamaño del crédito a 3 mil dólares y 3 mil 600 dólares para los niños menores de 6 años. También haría que el crédito sea totalmente reembolsable, es decir, incluso los padres de bajos ingresos recibirían el monto total. El resultado sería una mejora importante en la situación financiera de muchos padres con dificultades y, por tanto, en la vida de millones de niños.

Entonces, podría pensar que la simple compasión sería razón suficiente para un gran aumento en la ayuda a las familias con niños, ayuda que muchos otros países ricos ya brindan, y es una de las principales razones por las que tienen mucha menos pobreza infantil que nosotros.

Sin embargo, los conservadores e incluso algunos centristas han argumentado durante mucho tiempo que la compasión puede ser contraproducente, que los intentos de ayudar a los menos favorecidos pueden crear incentivos perversos que socavan la autosuficiencia y atrapan a las personas en la pobreza. Por lo tanto, es importante comprender por qué estos argumentos no se aplican al crédito infantil propuesto, por qué esta política, lejos de crear una trampa, ofrecería una ruta de escape.

El argumento habitual en contra de los programas de lucha contra la pobreza es que cualquier forma de ayuda ligada a los ingresos reduce los incentivos para la superación personal, porque los hogares que logran ganar más dinero terminan perdiendo parte de esa ayuda. Por ejemplo, Medicaid está disponible solo para familias con ingresos lo suficientemente bajos, por lo que aceptar un trabajo que empuja los ingresos por encima de ese umbral conduce a la pérdida de los beneficios de salud.

Cuando los republicanos de la Cámara de Representantes publicaron un informe sobre el 50 aniversario de la Guerra contra la Pobreza, esencialmente argumentaron que estos incentivos perversos son la razón principal por la que no hemos avanzado más en la reducción de la pobreza, que los programas contra la pobreza “penalizan a las familias por salir adelante. “

Hay buenas razones para ser escéptico acerca de tales argumentos en general: relativamente pocas personas enfrentan los extremos desincentivos para trabajar que los conservadores les gusta enfatizar. En cualquier caso, sin embargo, estos argumentos no se aplican en absoluto a los créditos fiscales por hijos, que no se retirarían a medida que aumentaran los ingresos de las familias, incluso si lograran entrar en la clase media y más allá. Para ser un poco sarcástico, ¿deberíamos preocuparnos por reducir el incentivo de los niños para elegir padres más ricos?

Además, existe una amplia evidencia de que la verdadera fuente de la “trampa de la pobreza” no es la falta de incentivos, es la falta de los recursos necesarios para una nutrición adecuada, atención médica, vivienda y más. Como resultado, ayudar a los niños pobres no solo mejora sus vidas a corto plazo, los ayuda a escapar de la pobreza.

Como lo expresó una encuesta reciente de investigación, existen “beneficios positivos a largo plazo de tener acceso a programas de redes de seguridad en la infancia, lo que conduce a mejoras tanto en la salud como en la productividad económica en la edad adulta”.

Así que hay un caso convincente para ampliar los beneficios para niños, lo suficientemente convincente como para que Mitt Romney haya propuesto un plan similar, aunque quiere pagarlo recortando otros programas de red de seguridad.

Pero en esto como en otras cosas, Romney parece tener poco apoyo dentro de su partido.

Puede que no sea una sorpresa que el cada vez más pequeño Marco Rubio, que en el pasado pidió más ayuda para los niños, atacó de inmediato la propuesta de Romney, llamándola “asistencia social”.

Más sorprendente, quizás, es la oposición de muchos (aunque no todos) los intelectuales políticos de derecha. Por ejemplo, el director de estudios de pobreza del American Enterprise Institute advirtió que darles a las familias ingresos adicionales “nos llevaría de regreso a los malos tiempos” al permitir que algunos adultos trabajen menos. Aparte del hecho de que este efecto probablemente sería minúsculo, ¿por qué dejar que los padres pasen más tiempo con sus hijos es evidentemente algo malo?

Lo que parece claro es que la verdadera razón por la que muchos de la derecha se oponen a ayudar a los niños es que temen que dicha ayuda pueda hacer que las familias de bajos ingresos estén menos desesperadas. Y la razón por la que odian esta propuesta es la razón por la que al resto de nosotros debería gustarnos.