Opinion El Paso

El cierre de negocios está creando forajidos

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Ruben Navarrete Jr. / The Washington Post

martes, 19 mayo 2020 | 06:00

San Diego— Este es otro síntoma inesperado del coronavirus: causa locura en los conservadores.

Y no estamos hablando de una locura común y corriente provocada por dos meses de aislamiento social, la inhabilidad de involucrarse en actividades de esparcimiento, o una prolongada exposición a la esposa que uno escogió y a los hijos que uno dijo que deseaba.

Esta cepa de locura del Covid-19 está marcada por espasmos de inconsistencia y convenientes estallidos de ética situacional.

La población que está particularmente vulnerable es la de los llamados “conservadores de la ley y el orden” que están ansiosos por regresar a trabajar.  Este grupo que está a favor del imperio de la ley ha pasado los últimos 50 años protegiendo lo que se tiene que hacer de lo que no se tiene que hacer.

Se especializan en aliviar la ansiedad de las personas anglosajonas, arrestando, encarcelando o deportando a personas que no lo son.

Desde la “Estrategia Sur” de Richard Nixon a principios de los años 1970 que fue consiguiendo poco a poco el apoyo de los votantes anglosajones apelando a sus temores racistas hacia los afroamericanos, hasta el Decreto Anti-Abuso de Drogas de 1986 y la disparidad en la sentencia que se creó entre el crack y la cocaína en polvo, hasta el anuncio de Willie Horton que ayudó a ganar la elección presidencial de 1988 a George H. W. Bush.

Luego, llegaron los ataques raciales del gobernador Pete Wilson de California contra los inmigrantes indocumentados a mediados de los años 1990 y la ley de inmigración patrocinada por el Partido Republicano de Arizona en el 2010 que exigía un perfil racial, y finalmente, las extensas diatribas de Donald Trump en contra de los latinos y las medidas severas contra la población que él describió que está compuesta casi totalmente de criminales, violadores y narcotraficantes.

Esos son los antecedentes de los republicanos.  Aunque no siempre han actuado solos. Tienen cómplices. Se hacen llamar demócratas, que usualmente juegan ese mismo juego. Se llama Nosotros contra Ellos: “vote por nosotros y los protegeremos de ellos!”.

Aunque más que ser una oposición, los republicanos se han nombrado a sí mismos como el partido de la ley y el orden. Los conservadores son, según nos dijeron, los que mantienen el imperio de la ley. Hasta que no lo hacen.

Estamos aquí debido al Covid-19. Para ser más exacto, estamos aquí por algo que es más horrible que el mismo virus, o los intentos del gobierno por acabar con él, el surgimiento de una pandilla anti-cierre de negocios, que confunde la anarquía con el patriotismo.

Así es, la anarquía.  Cuando uno amenaza las vidas de funcionarios públicos, ¿de qué otra manera deberíamos llamarlos?

Entre los que fueron amenazados están la gobernadora de Michigan Gretchen Whitmer, una demócrata que está recibiendo diariamente amenazas de muerte junto con su café de la mañana, debido a que se rehúsa a levantar su orden de “quedarse en casa” hasta que sea seguro hacerlo.

Hace unas semanas, los manifestantes, muchos de ellos armados, irrumpieron en el Capitolio del estado de Michigan.  Insultaron y les gritaron a los policías estatales de ese estado que estaban resguardando el lugar, protegiendo a Whitmer y a los legisladores estatales.

Insultar a los policías. Ésa es una actitud interesante del grupo de la ley y el orden.

Las cosas no están mucho mejor en Texas, en donde un juez afroamericano también recibió amenazas de muerte de los conservadores que están en contra de los cierres.

¿Y cuál fue su pecado?  Encarcelar a alguien que violó la ley, la dueña de un salón de belleza en Dallas, quien abrió su establecimiento desafiando la orden de “quedarse en casa”, porque dijo que tenía que alimentar a su familia.

Qué grandiosa excusa. Recuerden eso la próxima vez que un afroamericano o un latino sea arrestado por robar mercancías en el supermercado porque tienen que alimentar a su familia.

Y en esta semana, en mi ciudad natal de Fresno, California, una multitud abrumadoramente anglosajona se dirigió directamente a la casa del funcionario al que culpan de girar la orden de quedarse en casa de esa ciudad.

No es el alcalde republicano, ni el encargado de la ciudad ni el jefe de la policía. Sino el presidente del Consejo de la Ciudad, quien resulta que es demócrata y latino. Es divertido cómo funciona eso.

El consejal Miguel Arias me dijo que algunas personas de ese grupo de manifestantes usaban cachuchas que decían “Hacer que Estados Unidos sea grande nuevamente”.

Comentó que le lanzaron insultos raciales mientras el trató de alejarlos de su propiedad para proteger a sus dos hijos, quienes estaban durmiendo dentro de su vivienda.

El incidente fue videograbado y difundido a través de las redes sociales de los nacionalistas anglosajones.  Arias recibió “cientos” de amenazas de muerte de todo el país.

También recibió citatorios de la policía, ya que fue acusado de golpes, por haber empujado ligeramente a los manifestantes para alejarlos de la entrada de su casa. Si yo hubiera tenido que proteger a mis hijos, yo hubiera hecho algo más que empujarlos.

La mayoría de esa torpe conversación de la derecha, desde respetar la ley a rebelarse en contra de la autoridad, se deriva del hecho de que algunos conservadores le tienen más consideración al comercio que a los demás seres humanos.

Están ansiosos por reabrir los negocios y volver a ganar dinero. Tal vez puedan usar parte de esas ganancias para pagar sus propios costos médicos en algún momento, ya que están tratando de aferrarse a su salud, que es lo que en esta crisis están poniendo en riesgo de una manera tan descuidada.

Desafortunadamente para ellos, el dinero y la medicina no podrá arreglar sus almas defectuosas.