Opinion El Paso

Demócratas, están en peligro

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Charles M. Blow/The New York Times

jueves, 14 octubre 2021 | 06:00

Los demócratas se enfrentan a un verdadero peligro.

No están haciendo lo suficiente. No están avanzando con la suficiente rapidez en las principales promesas de campaña del presidente Joe Biden.

Las señales de advertencia están por todas partes.

Los demócratas siguen debatiendo sus proyectos de la ley de infraestructura y de gasto social. Y cuanto más se alarga la lucha, más fea parece. Los observadores de Washington tienen razón, hasta cierto punto, cuando dicen que esta es sólo la manera de trabajar en la legislación de gran envergadura. Es un trabajo arduo.

Al final, creo que los demócratas no tendrán más remedio que aprobar algo, sin importar el tamaño, porque la consecuencia del fracaso es el suicidio. Los demócratas deben llegar a las elecciones intermedias con algo que puedan considerar una victoria, con algo que al menos se acerque a las transformaciones que Biden prometió.

Pero el presupuesto no es el único problema.

Todavía existe una crisis en la frontera. En agosto, el Centro de Investigaciones Pew señaló que la Patrulla Fronteriza de EU reportó “casi 200 mil encuentros con migrantes a lo largo de la frontera entre EU y México en julio, el total mensual más alto en más de dos décadas”.

Es la mayor cifra desde la presidencia de Bill Clinton.

El manejo de los inmigrantes haitianos fue una vergüenza para este Gobierno, y las imágenes de los oficiales restallando sus riendas como látigos serán difíciles de borrar de la memoria.

Además, la parlamentaria del Senado aconsejó a los demócratas no incluir en su proyecto de ley de gastos una vía de acceso a la ciudadanía para los dreamers y otros inmigrantes indocumentados. No está claro si los demócratas del Senado tratarán de sortear el dictamen no vinculante de la parlamentaria, pero 92 juristas les han pedido que lo hagan.

En cuanto a la reforma de la Policía, las negociaciones sobre esa legislación se vinieron abajo, con el habitual señalamiento de culpables como epílogo.

El presidente declaró: “La Casa Blanca seguirá consultando con las comunidades de derechos civiles y de aplicación de la ley, así como con las familias de las víctimas, para definir un camino a seguir, incluso a través de posibles acciones ejecutivas adicionales que pueda adoptar para avanzar en nuestros esfuerzos por estar a la altura del ideal estadounidense de justicia igualitaria bajo la ley”.

Pero las órdenes ejecutivas están muy limitadas cuando se trata de la Policía estatal y local, y cualquier orden que emita un presidente puede ser anulada por el siguiente.

Además, está el ataque masivo y generalizado al derecho al voto que se está produciendo en todo el país, lo que algunos han denominado, con razón, como Jim Crow 2.0.

Como dijo el Centro Brennan para la Justicia a principios de este mes: “Hasta ahora, en un año sin precedentes para la legislación del voto, 19 estados han promulgado 33 leyes que harán más difícil el voto de los estadounidenses”.

Y sin embargo, todavía no está claro si hay suficientes votos en el Senado para aprobar la protección de los votantes, el senador Joe Manchin no ha aceptado cambiar las reglas filibusteras lo que permitiría a los demócratas aprobar la legislación por su cuenta y Biden todavía tiene que apoyar de manera absoluta la lucha para defender la franquicia de los ataques republicanos.

Por no hablar de que la Covid-19 sigue matando a muchos estadounidenses. La ola de casos durante el primer año de Biden erosionó cualquier optimismo sobre el desarrollo y la aplicación de vacunas.

Los demócratas han sido incapaces de ofrecer mucho para contentar a sus votantes y sus principales puntos de la agenda se han estancado en el Congreso durante tanto tiempo que muchos de esos votantes se están impacientando y desilusionando.

Como resultado, muchas encuestas recientes han mostrado que los índices de aprobación de Biden cayeron en picada hasta el nivel más bajo de su corta presidencia: según una encuesta reciente de la Universidad de Quinnipiac, el 38 por ciento de los encuestados aprobaba el desempeño laboral de Biden, pero el 53 por ciento lo desaprobaba.

Más de la mitad desaprueba su gestión de la economía, el ejército, los impuestos y la política exterior y casi el 70 por ciento desaprueba su enfoque de la reforma migratoria y la situación en la frontera con México. Sólo su gestión de la Covid-19 recibió un índice de desaprobación menor, del 50 por ciento.

Como dijo el analista de encuestas de la Universidad de Quinnipiac, Tim Malloy: “Golpeado en cuanto a la confianza, cuestionado en cuanto al liderazgo y su competencia en general, el presidente Biden está siendo vapuleado por todos los lados mientras su índice de aprobación continúa su caída hasta un número que no habíamos visto desde el duro escrutinio del Gobierno de Trump”.

Los electores afroamericanos siguen siendo los que más apoyan a Biden en muchas de estas métricas, pero incluso su apoyo parece blando de una manera preocupante.

Tal vez los demócratas aprueben un proyecto de ley de gasto masivo y lo pregonen bien, y la gente olvide su decepción en otros temas y se deleite con el montón de dinero que los demócratas planean gastar. Tal vez. No hay duda de que este país necesita con desesperación las inversiones que los demócratas quieren hacer. De hecho, necesita incluso más inversión que la que los demócratas han propuesto.

Pero incluso si consiguen aprobar tanto el marco de infraestructuras como el proyecto de ley de gasto social, esas inversiones pueden llegar demasiado tarde para desactivar el creciente descontento. Un presidente impopular con cifras de aprobación a la baja es un líder herido con poco capital político que lo respalde.

Biden es mejor que Trump, pero eso no es suficiente. La gente no sólo votó por Biden para derrotar a un villano, también quería a un defensor. Ese defensor brilla por su ausencia.

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