Cuatro medidas para que Trump reduzca el riesgo de una guerra con Irán

.

Nicholas Kristof / The New York Times
martes, 25 junio 2019 | 06:00

El presidente Donald Trump aplicó presión máxima a Corea del Norte, y el país aún está produciendo armas nucleares.

Aplicó presión máxima a China, y quizá enfrentemos una guerra comercial.

Aplicó presión máxima a Venezuela, y exacerbó el hambre en las calles, pero dejó la dictadura en su lugar.

Aplicó presión máxima a los palestinos, y respondieron rehusándose a reunirse con funcionarios del gobierno.

Lo más preocupante de todo es que Trump aplicó presión máxima a Irán, y quizá ahora estemos al borde de una guerra.

En cada uno de estos casos, Trump empleó tácticas agresivas sin ninguna estrategia evidente. Las tácticas por sí solas resultaron ser bastante exitosas para infligir sufrimiento en muchos casos, pero eso simplemente provocó que varios países redoblaran la beligerancia en maneras que ponen en peligro a Estados Unidos, y eso es particularmente cierto en el caso de Irán.

Trump dice que suspendió los ataques militares el jueves —¡gracias a Dios!—, pero se apega a una política fallida que ha puesto a Irán de regreso en un posible camino hacia las armas nucleares. Está improvisando, confundiendo a amigos y enemigos por igual, incluso mientras juega un peligroso juego del gallina con el ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán.

Trump parece vivir en un mundo de fantasía en el que su abandono del acuerdo nuclear con Irán, creado durante el gobierno de Obama, junto con las sanciones y los tuits belicosos, obligarán a Irán a deshacerse de su programa nuclear. Por el contrario, las tácticas de Trump han provocado que Irán reaccione agresivamente, como era de esperar.

Algunos estadounidenses hablan alegremente de los “ataques quirúrgicos”, y me temo que muchos estadounidenses, incluidos los de la Casa Blanca, no entienden lo mal que pueden salir.

Si asesinamos a 150 iraníes en una serie de ataques aéreos, como Trump dice que se había previsto, las fuerzas paramilitares iraníes responderán asesinando a estadounidenses en Irak, Siria, Afganistán y otros lugares en todo el mundo. Irán o sus fuerzas paramilitares quizá ataquen la infraestructura petrolera de Arabia Saudita, mientras también interrumpen el flujo de petróleo a través del estrecho de Ormuz. Quizá veamos ataques de Hezbolá contra Israel y una nueva guerra entre el Líbano e Israel. La economía global podría verse afectada de manera importante.

El conflicto quizá comience de forma “quirúrgica”, pero es poco probable que termine de esa manera.

Es esencial que aclaremos la ubicación del dron estadounidense que Irán derribó y retrasar cualquier medida hasta que se resuelva esa pregunta. Trump insiste en que el dron se encontraba en espacio aéreo internacional, mientras que Irán dice que este invadió territorio iraní.

The Times citó a un alto funcionario de gobierno que reconoció que quizá había invadido el espacio aéreo iraní; si fue así y descubrimos que el gobierno le mintió al mundo, ese será un enorme golpe autoinfligido. La decisión de Irán de derribar un dron en su propio espacio aéreo sería comprensible; Estados Unidos con toda seguridad derribaría un dron iraní que invadiera nuestro territorio.

Según reportes, John Bolton, el asesor de seguridad nacional, y Mike Pompeo, el secretario de Estado, están presionando a favor de la acción militar. Ambos son halcones desde hace mucho tiempo; Bolton dijo en 2015 que “para detener la bomba de Irán, hay que bombardear Irán”. Aplausos para los funcionarios uniformados del Pentágono que se han opuesto y han advertido sobre los peligros de una intensificación del conflicto.

Sugiero este principio de política extranjera: los halcones que se equivocaron terriblemente en cuanto a Irak deben abstenerse del jingoísmo respecto a Irán.

¿Qué puede hacerse para reducir el riesgo de una guerra? A continuación se presentan cuatro medidas que Trump debe tomar:

1. Asegurarse de que las fuerzas estadounidenses solo disparen para defenderse o bajo la orden del presidente, con el fin de reducir el riesgo de un accidente. En 1988, los USS Vincennes derribaron lo que la tripulación creyó que era un avión militar iraní que los amenazaba. De hecho, el aeroplano era un avión iraní de pasajeros, y las 290 personas que estaban a bordo fueron asesinadas.

2. Tratar de organizar una fuerza internacional para proteger el tránsito de embarcaciones a través del estrecho de Ormuz. Eso presentaría un frente unido en contra de las provocaciones iraníes y reduciría el riesgo de que una mina lapa iniciara una guerra.

3. Deslindar a Estados Unidos de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, que han desempeñado un papel perjudicial (junto con Israel) al animar la beligerancia hacia Irán (el Senado dio un paso histórico en la dirección correcta hace unos cuantos días cuando votó a favor de bloquear la venta de armas a Arabia Saudita). Las torpes iniciativas sauditas para desafiar a Irán hasta ahora han resultado contraproducentes en Catar, el Líbano y, de manera más trágica, en Yemen, así que Trump debe escuchar con cuidado lo que diga el príncipe heredero saudita y después hacer lo opuesto.

4. Organizar diálogos secretos con Irán para volver a establecer el acuerdo nuclear.

Quizá estas medidas no tengan éxito, pero los riesgos si no se toman son tan grandes que vale la pena intentarlo. La guerra a veces es necesaria; esta no es una de esas ocasiones.

La presión máxima de Trump ha sido un fracaso en un país tras otro, y me temo que su suspensión de ataques aéreos el jueves tal vez solo haya postergado un enfrentamiento militar con Irán. Ambos países siguen en camino hacia un choque, con pocas salidas que puedan salvar su reputación y con partidarios de seguir una línea dura en ambos bandos que aumentan el conflicto y empoderan a sus contrincantes. Tengamos cuidado.