Opinion El Paso

¿Cuál es la definición de un mal policía? Uno que huye de su profesión

.

Rubén Navarrette Jr./ The Washington Post

jueves, 22 julio 2021 | 06:00

San Diego— Como hijo de un policía retirado después de haber desempeñado esa profesión durante 37 años, tuve una reacción visceral al hecho de que cada vez más con mayor frecuencia los oficiales están abandonando esa profesión. No sólo estoy decepcionado, aunque esa palabra no parece abarcar todo lo que siento, más bien debería decir molesto.

Los oficiales de policía hacen un juramento para servir y proteger a los ciudadanos. Sin embargo, un creciente número de estadounidenses han criticado a las autoridades después del asesinato de George Floyd a manos de Derek Chauvin, ex oficial de policía de Minneapolis, legiones de policías están recibiendo una reprimenda pública por optar por un camino diferente: renunciar o retirarse anticipadamente.

Muchos oficiales de policía están abandonando su trabajo.

Una historia reciente que apareció en NPR dice que el índice de retiros de oficiales de policía aumentó en un 45 por ciento en el 2020, respecto al año anterior, y las renuncias se incrementaron en un 20 por ciento, de acuerdo a un sondeo realizado en el mes de junio entre casi 200 departamentos de policía por el Foro de Investigación Ejecutiva Policíaca (PERF)

La seguridad pública es un “territorio desconocido”, de acuerdo a Chuck Wexier, director ejecutivo de PERF.

Cuando alguien renuncia a un empleo, hay una manera correcta e incorrecta de hacerlo. Lo más decente es no abandonar al empleador en el momento en que más nos necesita.

En este caso, el momento es terrible.  Por una cuestión, ha habido un marcado incremento en los tiroteos y asesinatos en importantes ciudades de Estados Unidos desde el inicio de la pandemia.Las primeras estadísticas indican que el incremento es aún peor en este verano, ya que los estadounidenses —se han convencido a sí mismos que el Covid ya fue dominado—  y se están aventurando nuevamente a la sociedad. Pero salir de casa ha significado meterse en problemas.

Luego, está el hecho de que el reclutamiento de nuevos oficiales para reemplazar a los que están abandonando su puesto en raras ocasiones había sido más difícil. De acuerdo a las estadísticas de contratación, el ingreso de nuevos oficiales de policía ha descendido en un 5 por ciento. Los jóvenes que buscaban una carrera en donde sean queridos universalmente y apreciados están viendo hacia otro lado.

Si uno escucha a los oficiales que actualmente desempeñan ese trabajo, veremos que eso es parte del problema. Ellos lamentan que en algunos casos, ya no son percibidos como los chicos buenos.

Aunque ellos tienen que revisar eso. Para la policía, el ser queridos y apreciados nunca ha sido parte de la descripción del puesto.

Mi papá nunca entregó la placa antes de tiempo ni trató de retirarse anticipadamente, no importa lo mal que estuvieran las cosas. Como oficial de policía mexicoamericano que empezó en los turbulentos años 1960, su puesto no fue un día de campo. Imagínense ser demasiado moreno para ser completamente azul, y demasiado azul para ser completamente moreno. Injustamente le negaron la posibilidad de ser promovido porque, según le dijo un supervisor racista, “no hablaba bien inglés”. 

Aunque el hecho de que fuera bilingüe era útil cuando ayudaba a los oficiales anglosajones a ingresar a la cárcel a los sospechosos que hablaban español. Yo nunca lo escuché decir que iba a renunciar. Ni siquiera una vez.

Lo mismo sucede conmigo, aunque yo no soy policía, sé un poco acerca de ser parte de una profesión que es ampliamente impopular, en donde una gran parte de los políticos piensan que uno está predispuesto en contra de alguien, es corrupto o es dañino para la sociedad.

Mi grupo se convirtió en el objetivo de un ex presidente de Estados Unidos como si fuéramos “enemigos de la gente”.

Como periodista, soy parte de lo que muchos estadounidenses consideran que ser un medio de comunicación va de lo deshonesto hasta lo demoniaco. Pregúntenme a mí todo lo difícil que es esto, cómo es que nadie nos quiere, pobres de nosotros.

Los trabajos importantes usualmente son difíciles, si fueran fáciles cualquiera los haría. Cuando las cosas se ponen feas, uno no se dirige a la puerta. Si abandonar el trabajo es nuestra solución, entonces somos parte del problema. Tal vez escogimos la profesión errónea o escogimos este trabajo por las razones equivocadas. De cualquier manera, en estos días hay muchas pancartas que dicen “Ayúdennos”. Si alguien decide hacer otra cosa, buena suerte.

¿Cuál es lo rescatable?. Que sigue habiendo (en ciudades y poblaciones de todo el país ) muchos buenos policías de firme carácter que no han abandonado sus puestos.  Se levantan cada mañana o cubren turnos cada noche. Se despiden con un beso de sus esposas e hijos sin tener la seguridad de que esa ocasión va a ser la última.

Que San Miguel, el santo patrono de los policías, los proteja y los cuide, y que todos nosotros, a quienes ellos sirven y protegen, nunca perdamos de vista de lo afortunado que somos de tenerlos en las esquinas de nuestras calles.

close
search