Cómo se sataniza a las mujeres de las minorías

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Charles M. Blow / The New York Times
martes, 16 abril 2019 | 06:00

Nueva York— El mes pasado en un evento auspiciado por el Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses, la representante demócrata de Minnesota, Ilhan Omar, una de las primeras mujeres musulmanas elegidas en el Congreso, pronunció un discurso en el que de manera correcta se burló de la islamofobia, un problema verdadero y persistente en Estados Unidos y otros países.

En su discurso, Omar hizo referencia a los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, y afirmó que el Consejo se creó “porque se reconoció que algunas personas sí habían hecho algo y que todos nosotros estábamos comenzando a dejar de tener acceso a nuestras libertades civiles” como señaló The New York Times, “El Consejo de Relaciones Islámico-Estadounidenses en realidad se fundó en 1994”).

La congresista podría haber usado un lenguaje diferente y más serio para describir los ataques, pero no lo hizo. Tal vez podríamos juzgarla por su uso poco habilidoso del lenguaje, pero todos, incluido el autor de este texto, sucumbiríamos tarde o temprano a esa falta. El error es inevitable entre los locuaces. Sin embargo, la Omar del discurso prevalece. En su discurso, no vi por ningún lado la menor referencia a una apología del terror.

A pesar de ello, los medios conservadores se han precipitado sobre cuatro palabras de Omar —“algunas personas sí hicieron algo”— solo por eso. Brian Kilmeade, uno de los delirantes sosos de “Fox & Friends”, puso en duda el patriotismo de Omar, diciendo: “Hay que preguntarse si para ella Estados Unidos es primero”.

Donald Trump subió el tono de las críticas, retuiteando un video de Omar en el que decía: “Algunas personas sí hicieron algo” intercalado con el video que todavía nos da escalofríos de los ataques del 11 de septiembre. Algunas cosas deberían ser demasiado sagradas como para explotarse para obtener beneficios políticos, pero Trump es un amoral. Nada le parece demasiado.

Aunque los incesantes ataques a Omar son de interés por sí solos debido a que son una peculiaridad conservadora, me parece que los ataques deberían examinarse a través de un lente más amplio y extenso. 

Omar es solo el ejemplo más reciente de una mujer proveniente de una minoría que ha sido blanco de los ataques de los conservadores.

Aunque la supremacía blanca ha tratado históricamente de pintar a los hombres de las minorías como físicamente peligrosos, ha etiquetado a las mujeres de las minorías, en especial a las que son francas y fuertes, como patológicas y reprobables.

Aquí tenemos un patrón. Se manifiesta no solo en los ataques a Omar, y su encumbramiento, sino también a la representante de Nueva York Alexandria Ocasio-Cortez.

Antes de ellas, Trump y sus huestes satanizaron a la representante Maxine Waters, a quien Trump apodó la “del bajo CI”, y la representante de Florida, Frederica Wilson.

Y antes de que trataran de convertir a Omar y Ocasio-Cortez en los rostros del Partido Demócrata, hicieron lo mismo con Wilson y Waters. En octubre de 2017, Trump tuiteó sobre Wilson:

“La loca congresista Wilson es un regalo que sigue rindiendo frutos para el Partido Republicano, un desastre para los demócratas. ¡Véanla en acción y voten por los republicanos!”.

En junio, Trump declaró: “Ahora el rostro de los demócratas es Maxine Waters”.

La estrategia es simple: el sexismo y el racismo blanco son poderosos por separado, pero resultan devastadores en conjunto, en especial cuando resultan atractivos para un partido dominado por hombres blancos y que exalta la supremacía y el patriarcado blancos.

Las únicas mujeres a las que verdaderamente honran son las mujeres blancas que de manera servil condonan o participan activamente en la opresión.

Todas las actitudes de inhumanidad y barbarismo se han llevado a cabo con el pretexto de proteger el honor y la pureza de esas mujeres blancas. En la historia estadounidense hay un sinnúmero de cuellos quemados por la soga de la horca y cuerpos totalmente calcinados en la hoguera que dan fe de esto.

Existe una razón por la cual el lanzamiento de la campaña de Trump con el mensaje de que los mexicanos eran asesinos y violadores resonó tanto entre la gente que llegó a apoyarlo.

Una de las escenas más memorables de la película muda estadounidense de 1915 “El nacimiento de una nación” era la de una mujer blanca que se arroja al precipicio para evitar que un hombre negro la viole.

Existe una razón por la cual tanta gente blanca consideraba que la esclavitud era una protección contra la vulnerabilidad de las mujeres, y la libertad negra era el pasaporte para la victimización de la mujer blanca.

Como la historiadora de la Universidad de Binghamton Diane Miller Sommerville lo escribió en su libro, “Rape & Race in the Nineteenth-Century South”: “Las violaciones de negros contra blancas eran un elemento destacado en estos tratados históricos de la Reconstrucción. En su descripción de los hombres libres como seres intoxicados con el recién adquirido poder político, historiadores como Claude Bowers mencionaron cómo ‘entre las mujeres (blancas) de las comunidades había un temor espantoso’”.

Sommerville mencionó una cita de Bowers en la que afirmaba: “La violación es la hija infame de la Reconstrucción”.

A fin de justificar su opresión, estos hombres blancos trataron a las mujeres blancas como víctimas, y muchas mujeres blancas actuaron en consecuencia asumiendo ese papel. De esa forma, el barbarismo podría hacerse pasar por caballerosidad.

No obstante, para las mujeres que no entran en esta limitante —las mujeres de las minorías, las lesbianas, las mujeres transgénero, las mujeres liberales, las mujeres “desagradables”— el reproche es brutal. No necesitaban protección, sino más bien, sometimiento.

Estas mujeres presagiaban la calamidad: tanto de la eliminación de la supremacía blanca, como de la subversión de la supremacía masculina. Los conservadores atacan a estas mujeres porque la amenaza que suponen es existencial.

Podemos manifestar nuestra preocupación por el lenguaje utilizado por cualquiera de estas mujeres, y sobre si algunos de sus comentarios cruzaron la frontera de la propiedad, pero que se conviertan en el único tema del debate de por qué los conservadores están tan ofendidos es no querer ver por decisión propia.

Esta gente odia a las mujeres como Omar porque las ven como un presagio.