Opinion El Paso

Cómo crear una depresión pandémica

El Gobierno de Donald Trump y sus aliados están haciendo todo lo que pueden para que sea más probable que se genere una depresión a gran escala

Paul Krugman / The New York Times

sábado, 16 mayo 2020 | 06:00

La semana pasada, la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos validó de manera oficial lo que ya sabíamos: tan solo unos meses después de iniciada la crisis ocasionada por la Covid-19, este país ya tiene un nivel de desempleo como el de la Gran Depresión. Sin embargo, eso no es lo mismo que decir que estamos en una depresión. No sabremos si lo estamos hasta que veamos si el desempleo extremadamente alto continúa por mucho tiempo, digamos durante un año o más.

Por desgracia, el Gobierno de Donald Trump y sus aliados están haciendo todo lo que pueden para que sea más probable que se genere una depresión a gran escala.

Antes de que lleguemos ahí, permítanme comentar algo sobre el informe del desempleo. Observen que no dije “el peor nivel de desempleo desde la Gran Depresión”; dije “un nivel como el de la Gran Depresión”, una declaración mucho más fuerte.

Para entender por qué dije eso, necesitan leer el informe, no solo ver las cifras que se mencionan en los encabezados. Una tasa de desempleo del 14.7 por ciento es bastante terrible, pero la oficina incluyó una nota que indica que es probable que ciertas dificultades técnicas hayan ocasionado que esta cifra sea inferior al desempleo real por casi cinco puntos porcentuales.

Si esto es cierto, en este momento tenemos una tasa de desempleo de alrededor del 20 por ciento, lo que significaría que es peor que la de casi todos los años de la Gran Depresión, excepto los dos peores. La interrogante es cuán rápidamente podremos recuperarnos.

Si pudiéramos controlar el coronavirus, la recuperación sería, de hecho, bastante veloz. Es cierto, la recuperación de la crisis financiera de 2008 tardó mucho tiempo, pero eso se debió en gran medida a problemas que se acumularon durante la burbuja de la vivienda, en especial un nivel de deuda familiar sin precedentes. Parece que ahora no tenemos problemas equiparables.

No obstante, controlar el virus no significa “aplanar la curva”, lo cual, por cierto, ya hicimos, pues logramos disminuir la propagación de la Covid-19 lo suficiente para que nuestros hospitales no se saturaran. Controlar el virus significa aplastar la curva: hacer que la cantidad de estadounidenses contagiados disminuya y luego mantener un alto nivel de pruebas para identificar los casos nuevos de inmediato, en combinación con la trazabilidad de contactos para que podamos poner en cuarentena a quienes tal vez hayan estado expuestos al virus.

Sin embargo, para llegar a ese punto, primero necesitaríamos mantener un régimen estricto de distanciamiento social durante todo el tiempo que sea necesario para reducir las nuevas infecciones a un nivel bajo. Y luego tendríamos que proteger a todos los estadounidenses con el tipo de pruebas y medidas de trazabilidad ya disponibles para la gente que trabaja directamente con Donald Trump, pero casi para nadie más.

Aplastar la curva no es fácil, pero es muy factible. De hecho, muchos otros países, desde Corea del Sur y Nueva Zelanda hasta, créanlo o no, Grecia, han logrado hacerlo.

Los países que actuaron velozmente para contener el coronavirus pudieron reducir de manera importante la tasa de infecciones con más facilidad cuando dicha tasa todavía era baja, en lugar de pasar varias semanas en negación. No obstante, incluso los lugares con brotes severos pueden disminuir sus cifras si mantienen el curso. Pensemos en la ciudad de Nueva York, el epicentro original de la pandemia de Estados Unidos, donde la cantidad de casos nuevos y muertes solo es una pequeña fracción de la que era hace unas semanas.

Sin embargo, hay que mantener el curso. Y eso es lo que Trump y compañía no quieren hacer.

Durante un tiempo pareció como si, por fin, el gobierno de Trump estuviera dispuesto a tomarse en serio la Covid-19. A mediados de marzo, el Gobierno introdujo las directrices de distanciamiento social, aunque sin imponer regulaciones federales.

Pero en fechas recientes todo lo que escuchamos de la Casa Blanca es que necesitamos reabrir la economía, aunque todavía estamos muy alejados de donde deberíamos estar para poder hacerlo sin arriesgarnos a tener una segunda ola de infecciones.

Al mismo tiempo, el Gobierno y sus aliados parecen estar empecinados en no otorgar la ayuda financiera que nos permitiría mantener el distanciamiento social sin las dificultades financieras extremas. ¿Extender las prestaciones por desempleo mejoradas hasta el 31 de julio? “Sobre nuestro cadáver”, dice el senador Lindsey Graham. ¿Ayudar a los gobiernos estatales y locales, que ya despidieron a un millón de trabajadores? Eso, según Mitch McConnell, sería un “rescate para los estados demócratas”.

Como dice Andy Slavitt, quien dirigió Medicare y Medicaid durante el mandato de Barack Obama, Trump es un derrotista. Ante la necesidad de hacer su trabajo y lo que se requiera para acabar con la pandemia, simplemente se rindió.

Y desentenderse de su responsabilidad no solo matará a miles de personas, sino que también podría convertir la caída provocada por el Covid-19 en una depresión.

Así es como funcionaría: en las próximas semanas, muchos estados republicanos abandonarán las políticas de distanciamiento social mientras muchos individuos, atendiendo lo que dicen Trump y Fox News, comenzarán a comportarse de manera irresponsable. Eso ocasionará que el empleo aumente un poco durante un periodo breve.

Pero muy pronto será evidente que el Covid-19 estará saliéndose de control. La gente volverá a sus hogares, sin importar lo que Trump y los gobernadores republicanos digan.

De tal modo que estaremos de vuelta a donde empezamos en términos económicos y peor que nunca en términos epidemiológicos. En consecuencia, el periodo de desempleo de dos dígitos, que podría haber durado solo unos cuantos meses, continuará de manera indefinida.

En otras palabras, la búsqueda de Trump de una salida fácil y su falta de paciencia ante el trabajo arduo para contener la pandemia pueden ser precisamente lo que convierta una crisis grave pero provisional en una depresión a gran escala.