China intenta enseñarle economía a EU

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Paul Krugman / The New York Times
lunes, 12 agosto 2019 | 06:00

Nueva York— Si quieren entender la guerra comercial que se está desarrollando con China, lo primero que necesitan entender es que nada de lo que Donald Trump está haciendo tiene sentido. Sus posturas sobre el comercio son incoherentes. Sus demandas son incomprensibles. Y sobrestima por mucho su capacidad de infligir daño a China mientras que subestima el daño que China puede causarle en consecuencia.

Lo segundo es que hasta ahora la respuesta de China ha sido bastante modesta y moderada, al menos teniendo en cuenta la situación. Estados Unidos ha implementado o anunciado aranceles a casi todo lo que China le vende, con tasas arancelarias promedio que no se han visto desde hace generaciones. Los chinos, en cambio, todavía no despliegan ninguna de toda la gama de herramientas que tienen a su disposición para compensar las acciones de Trump y dañar a la base política del presidente.

¿Por qué los chinos no han atacado con todo? Me parece como si todavía estuvieran tratando de enseñarle a Trump algo de economía. Lo que han venido diciendo con sus acciones es, en efecto: “Piensas que puedes intimidarnos, pero no puedes. Nosotros, por otra parte, podemos mandar a la ruina a tus productores agrícolas y hacer que tu mercado se derrumbe. ¿Quieres reconsiderar?”.

Sin embargo, no hay nada que indique que el mensaje está llegando a su destinatario. En cambio, cada vez que los chinos hacen una pausa y le dan tiempo a Trump para reconsiderar, él toma esto como una justificación y presiona todavía más. Lo que esto sugiere, a su vez, es que tarde o temprano los disparos de advertencia se convertirán en una guerra comercial y monetaria declarada.

Sobre las opiniones de Trump: su incoherencia salta a la vista casi todos los días, pero uno de sus tuits recientes fue un ejemplo perfecto. Recuerden, Trump se ha quejado sin cesar de la fuerza del dólar, que afirma que pone a Estados Unidos en una desventaja competitiva. El lunes, hizo que el Departamento del Tesoro declarara que China era un manipulador de divisas, lo cual fue cierto, hace siete u ocho años, pero no está sucediendo en la actualidad. No obstante, al día siguiente escribió triunfante que “enormes cantidades de dinero de China y de otras partes del mundo estaban llegando a borbotones a Estados Unidos”, lo cual declaró que era “una cosa hermosa de ver”.

Este…, ¿qué ocurre cuando “enormes cantidades de dinero” llegan a borbotones a nuestro país? Nuestra moneda aumenta, que es exactamente de lo que Trump se queja. Y si enormes cantidades de dinero estuvieran saliendo de China, el renminbi se estaría devaluando, no experimentando el declive insignificante (del dos por ciento) que el Departamento del Tesoro condenó.

Pues bueno, supongo que la aritmética es solo un engaño perpetrado por el Estado profundo.

A pesar de ello, ¿incluso si las acciones de Trump no tienen sentido, China cederá a sus demandas? La respuesta resumida es: “¿Qué demandas?”. Trump parece centrarse principalmente en el superávit comercial que China tiene con Estados Unidos, lo cual tiene diversas causas y realmente no es algo que el Gobierno chino pueda controlar.

Otros en su gobierno parecen preocupados por el impulso de China en las industrias de alta tecnología, que podría, en efecto, amenazar el dominio estadounidense. Sin embargo, China es una superpotencia económica y además es relativamente pobre en comparación con Estados Unidos; es tremendamente poco realista imaginar que se puede intimidar a un país como ese para que dé marcha atrás a sus ambiciones tecnológicas.

Esto nos lleva a la pregunta de cuánto poder tiene en realidad Estados Unidos en esta situación.

Estados Unidos, claro está, es un mercado importante para los productos chinos, y China compra relativamente poco a cambio, así que el efecto adverso directo de una guerra comercial es mucho mayor para los chinos. Sin embargo, es importante entender la escala. China no es como México, que envía el 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos; la economía china es menos dependiente del comercio que naciones más pequeñas, y menos de una quinta parte de sus exportaciones llegan a Estados Unidos.

Así que, aunque los aranceles de Trump ciertamente dañan a los chinos, Pekín está bastante bien posicionado para contrarrestar sus efectos. China puede inflar el gasto nacional con estímulos monetarios y fiscales; puede impulsar sus exportaciones al mundo en general y también a Estados Unidos, devaluando el renminbi.

Al mismo tiempo, China puede causar dolor por su cuenta. Puede comprar soya en cualquier otra parte, dañando a los productores estadounidenses. Como vimos esta semana, hasta un debilitamiento en gran medida simbólico del renminbi puede ocasionar el desplome de las acciones estadounidenses.

Y la capacidad de Estados Unidos para contrarrestar estas estrategias está obstaculizada por una combinación de factores técnicos y políticos. La Reserva Federal puede disminuir las tasas de interés, pero no mucho, teniendo en cuenta lo bajas que ya están. Podríamos implementar un estímulo fiscal, pero dado que Trump hizo que se promulgara un recorte fiscal amigable con la plutocracia en 2017, tendría que otorgar concesiones reales a los demócratas para lograr cualquier otra cosa, algo que probablemente no hará.

¿Qué me dicen de una respuesta internacional coordinada? Eso es poco probable, debido tanto a que no está claro qué quiere Trump de China, como a que la beligerancia general de Trump (sin mencionar su racismo) han hecho que casi ningún país esté dispuesto a estar del lado de Estados Unidos en las controversias mundiales.

Entonces, Trump está en una posición mucho más débil de la que se imagina, y mi hipótesis es que la minidevaluación de la moneda china fue un intento de darle una lección sobre esa realidad. Sin embargo, dudo bastante que haya aprendido algo. Su Gobierno ha venido desangrando sin cesar a la gente que sabe algo sobre economía, y los informes indican que Trump ni siquiera está escuchando a la banda de ignorantes que quedan.

Así que esta controversia comercial probablemente empeorará mucho más antes de mejorar.