Opinion El Paso

Cenar en el exterior: una antigua tradición judía con una lección importante

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Cortesía / Sucot en El Paso antes de la pandemia

Rabino Levi Greenberg / Chabad Lubavitch El Paso

viernes, 02 octubre 2020 | 06:00

Muchos buscan un ángulo positivo a la alteración de la realidad causada por el Covid-19, y mientras, sin duda, continúa causando mucho dolor y sufrimiento a nivel local y global, constantemente he estado encontrando paralelos entre el nuevo orden social en la era del Covid y las lecciones eternas del judaísmo.

El judaísmo promueve un estándar para medir nuestras experiencias como lecciones de vida; lo mismo debería aplicarse a esta pandemia. Entre los muchos detalles de nuestro nuevo protocolo de seguridad pública de distanciamiento social se encuentra la recomendación de apegarse a cenar en exteriores. No se puede portar una máscara mientras se come y congregarse en interiores sin un cubrebocas no se recomienda, así que usted tiene que practicar sus comidas para socializar cubiertos por el firmamento.

Esta noche del viernes 2 de octubre, los judíos de El Paso y todo el mundo comenzarán a celebrar el festival de Sucot, que se extiende hasta el viernes 9. “Sucot” significa “cabañas” y el festejo bíblico se observa comiendo en el exterior, en una “sucá” –choza– construida con vegetación y follaje que ya forman parte del suelo. Cada año, durante ocho días hacemos todas nuestras comidas afuera de la comodidad de nuestros hogares, en la sucá.

Hace más de 3 mil 300 años, después de que los israelitas fueran redimidos milagrosamente de la esclavitud en Egipto con las diez plagas y la partición de las aguas, la Biblia registra que pasaron cuarenta años en el desierto antes de entrar en la tierra prometida. Dos generaciones de millones de hombres, mujeres y niños se convirtieron en una próspera nación en un desierto desolado en el cual todas sus necesidades eran provistas de forma milagrosa.

Seis días a la semana, una extraña sustancia llamada maná descendía en el campamento de los israelitas otorgando nutrientes y el agua fluía de una gran roca, proveyendo la tan necesaria hidratación para ellos y su ganado. Eran protegidos del calor abrazador y diversos elementos hostiles de la naturaleza por nubes divinas que rodeaban el campo por todos los lados, arriba y abajo, y la roba crecía con ellos, sin desgarrarse o desgastarse nunca.

Los cuarenta años fueron como un simulador que los preparaba para vivir la vida permeados con el conocimiento y creencia de que todo lo que ocurre se debe a la divina providencia. Así como los pilotos se entrenan en simuladores de vuelo para enfrentarse a la realidad, los israelitas vivieron de milagros durante cuarenta años, como una forma en que Dios los preparaba para apreciar que todo en realidad es un don divino. Cuando entraron a la tierra prometida y comenzar a sembrar y construir sus hogares, siempre recordarían que los alimentos normales se presentan como un resultado de la bendición del Señor y la protección de sus casas se debe sólo a la protección divina.

Cada año, durante una semana, regresamos de nueva cuenta al simulador. La sucá es un símbolo de las nubes divinas que proveyeron el tan necesitado refugio a nuestros ancestros hace ya tantos años, evocando los recuerdos de la nutrición milagrosa, al igual que la hidratación y el vestido. Comer nuestras comidas en la sucá durante toda una semana nos recuerda de la perspectiva fundamental que los israelitas aprendieron miles de años atrás, llenándonos de confianza mientras enfrentamos momentos inciertos.

Estos tiempos son duros y nadie está de día de campo, pero el “comer afuera” de la sucá nos recuerda que ultimadamente nuestra salud y bienestar son provistos por Dios mientras hagamos nuestra parte: podemos confiar que saldremos de esta era desafiante más fuertes que nunca.

Para saber más sobre Sucot, por favor visite www.chabadelpaso.com/sukkot