Opinion El Paso

Carta abierta al Presidente; lo que puede hacer por los migrantes varados en México

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Hermana Norma Pimentel/The Washington Post

jueves, 09 septiembre 2021 | 06:00

Estimado Señor Presidente:

Le escribo hoy para apelar a su sentido de la moral, dignidad humana y como compañero católico.Aunque la Suprema Corte bloqueó sus esfuerzos para rescindir los Protocolos de Protección al Migrante (MPP), mejor conocidos como la política de “Permanecer en México”, mientras los litigios en contra de esos procedimientos navegan por el sistema de cortes, lo aliento a actuar.

Esas complicaciones legales y nuestro sistema de cortes de inmigración que tienen un gran rezago en su trabajo, no pueden convertirse en una excusa para dejar varadas a miles de personas en condiciones extremas, especialmente cuando existen otras opciones disponibles.

Conozco de primera mano lo desesperada que es la situación. El MPP fue implementado en mi comunidad a principios del 2019. Su efecto fue forzar a miles de personas a vivir en tiendas de campaña improvisadas a lo largo del lado mexicano del Río Grande mientras esperaban el fallo sobre su petición de asilo.

Yo visitaba el campamento todos los días. Fue una bendición que cientos de compadecidos estadounidenses cruzaran la frontera entre Brownsville, Texas y Matamoros, México, varias veces al día para llevarles tiendas de campaña, comida, ropa y para atender las necesidades médicas y los problemas legales de esas familias.

Aunque estaban apoyados por la buena voluntad y ayuda que ese grupo y otras personas les proporcionaban, usualmente estaba preocupada sobre cómo podrían sobrevivir las mujeres, hombres y niños que estaban en el campamento en tales condiciones.

¿Cómo podrían soportar el sofocante calor de nuestra región o las ocasionales lluvias torrenciales que convirtieron su campamento en un lodazal?.

La falta de cuidado por la humanidad y los sonidos de la miseria humana me acompañaron diariamente mientras recorría el campamento. Sé que los reportes de esas condiciones han llegado a sus oídos, conocí a su esposa Jill Biden aquí en el 2019, ella usó botas de plástico para caminar sobre el lodo y ver por ella misma la miseria en la que vivieron las personas que buscan asilo, incluyendo muchas mujeres y niños, durante dos años.

Así que, me regocijé cuando usted declaró que daría por terminada esa política inmoral en los primeros días de su mandato, y me sentí desesperanzada cuando la Suprema Corte instó a su administración a implementarla nuevamente.

Ruego por los jueces de la Suprema Corte y por todos los líderes. Pero en mi corazón, sé con certeza que podemos hacer algo mejor que regresar a las condiciones y sufrimiento que atestigüe en el 2019.

No debemos permitir que los niños vivan durante meses en tiendas de campaña inundadas por la lluvia. No podemos abandonarlos en comunidades en donde sus madres tienen miedo de permitirles usar el baño durante la noche por temor a que se encuentren con algún pandillero o sean atacados. 

En el nombre de Dios y del espíritu de la decencia que ha sido algo característico de los estadounidenses durante generaciones, le suplico que si esa política debe continuar, encontremos la manera de terminar las peores crueldades que la han definido hasta ahora.

Si su intención es negociar con México sobre cómo darles asilo a los solicitantes mientras sus peticiones son procesadas, un adecuado albergue y cuidado para esas familias debe estar en el centro de esas conversaciones.

Una opción podría ser solicitar a la Agencia de Desarrollo Internacional de Estados Unidos que le permitan proporcionar alimentos, vivienda y atención médica a las familias que esperan en México.

Otra podría ser otorgarles libertad condicional humanitaria a las personas que actualmente están en esos campamentos, lo cual podría permitirles tratar de hacer sus solicitudes de inmigración en condiciones más estables dentro de Estados unidos sin pasar por un tecnicismo permanente en el proceso de inmigración.

Cuando desapareció el campamento en Matamoros, cerca del inicio de su administración, un nuevo campamento surgió en el cercano Reynosa, al otro lado de McAllen, Texas.

Recientemente estimamos que existen cerca de 5 mil migrantes en Reynosa.  Y no sólo esas poblaciones temporales están en peligro. Las ciudades fronterizas mexicanas están llenas de violencia relacionada con los cárteles que son tan peligrosos que los empleados del Departamento de Estado tienen prohibido viajar a esos lugares.

Es inmoral y horrendo frenar a las personas que legal y pacíficamente están buscando seguridad en Estados Unidos, exponiéndolas deliberadamente a los peligros de los que esperan escapar.

Si un adecuado acomodo no puede ser negociado con México, lo aliento a presionar para que haya una alternativa. No podemos permitir que la falta de creatividad y fortaleza se conviertan en una excusa para abandonar el principio de la compasión.

Lo invito a venir y ver por usted mismo, como lo hizo su esposa en el 2019, lo que está sucediendo en la frontera. Hay muchas capas en las realidades de la inmigración detrás de una estridente retórica política que domina y oscurece ese tema en la actualidad.Debemos encontrar maneras para contrarrestar lo que el Papa Francisco llama “la globalización de la indiferencia”.

Sr. Presidente, por favor demuéstrele al mundo que las palabras de Jesús (cualquier cosa que hagas al más pequeño de mis hermanos, me lo haces a mí) es el fundamento no sólo de nuestra fe, sino de la estructura moral de nuestro país.

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