Opinion El Paso

Biden taclea la inmigración… en ambas direcciones

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Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post

sábado, 05 junio 2021 | 06:00

San Diego— Después de algunos tropiezos iniciales, la administración Biden podría encontrar un dulce lugar en la inmigración.

Para llegar allí, el presidente Joe Biden debe hacer lo siguiente:

Resarcir el daño que hizo el ex presidente Donald Trump que pensó que Estados Unidos debería tener algunos de los mismos protocolos de admisión restringida que sus clubes campestres.

Decir la verdad acerca de lo que puede hacerse y lo que no puede hacerse.

Dejar de simplificar excesivamente un tema que es complicado.

Resistirse a hablar desde ambos lados de su boca.

En la inmigración, el presidente es un experto de la doble narrativa.

En un mitin que se efectuó en Georgia en el mes de abril, Biden fue interrumpido por manifestantes que exigían que “aboliera el ICE”. El Departamento de Inmigración y Aduanas, ICE por sus siglas en inglés, tiene la tarea de arrestar y deportar a los inmigrantes ilegales.

“Estoy de acuerdo con usted. Estoy trabajando en eso”, les dijo Biden a los activistas.

Con toda seguridad, Biden no se esforzó mucho. El primer presupuesto que propuso la administración incluye casi 8 billones de dólares de financiamiento para el ICE para el próximo año fiscal que empezará el 1 de octubre. Eso es más que lo que autorizó el Congreso para el año fiscal actual.

“El presupuesto para el Departamento de Seguridad Interna que presentó el presidente Biden --- no fue lo suficientemente directo para romper con el desperdiciado y dañino gasto que hizo la administración Trump en la maquinaria de detención y deportación”, le comentó Naureen Shah, abogado de la Unión Americana de Libertades Civiles, a The Washington Post.

Esa no es ninguna sorpresa.  Biden y los miembros de su administración usualmente utilizan a su Trump interno.  Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Interna se comprometió a terminar de construir lo que Trump catalogó como “un muro grande y hermoso” en la frontera entre Estados Unidos y México, parchando algunos de los huecos que dejó la pasada administración.

El mismo Biden declaró que el tope anual de 15 mil refugiados de la administración Trump era suficiente antes de prometer incrementarlo a 62 mil 500 después de que lo presionaron algunos progresistas. La administración albergó a niños refugiados de Centroamérica que estuvieron encerrados en cajas y lugares cercados con cristales antes de transferir su custodia del Departamento de Seguridad Interna al Departamento de Salud y Servicios Humanos.

Probablemente, todas esas cosas estuvieron bien para los votantes de la clase trabajadora anglosajona en los estados del Cinturón del Óxido que apoyaron a Trump en el 2016 y respaldaron a Biden en el 2020 porque se cansaron del show presidencial. Esos votantes se sintieron como si tuvieran la suficiente competencia en los empleos de sus compatriotas estadounidenses. Lo último que quieren es que haya trabajadores extranjeros adicionales.

Es conveniente para la prensa liberal culpar a los republicanos por la falta de voluntad del Congreso para solucionar el problema de la inmigración. La verdad es que los demócratas merecen más del 50 por ciento de la culpa porque los legisladores no parece que vayan a resolver el estancamiento en que se encuentra el tema de la inmigración.

En los últimos 30 años, he visto torpedeados los esfuerzos para hacer una reforma de inmigración en el Congreso —en ocasiones silenciosa, discreta y secretamente— por los demócratas que caen en tres campos:

Los que están en distritos competitivos que tienen miedo de perder sus escaños debido a la percepción de que son laxos sobre la inmigración.

Los que están endeudados con la mano de obra organizada, cuyas filas usualmente tienden a preferir muros fronterizos y deportaciones masivas de alguien que puede superarlos.

Y aquellos que representan a unos estados abrumadoramente anglosajones, Dakota del Norte, Iowa y Wyoming, en donde las personas nunca han visto de primera mano la manera en que los inmigrantes se benefician del tejido social y económico de un estado.

OPNo es difícil encontrar estados que han florecido gracias a la inmigración. Texas y Arizona están progresando debido a los inmigrantes mexicanos. California alberga más inmigrantes que ningún otro estado y —si fuera un país— su economía podría ser la quinta más grande del mundo.

Aunque aquí hay un giro. Aun cuando Biden mantenga la línea en contra de la inmigración ilegal, la administración también parece que está tomando medidas para hacer que sea más fácil, barato y rápido que las personas lleguen a este país legalmente.

El plan es reconstruir el sistema de inmigración legal para tener más personas en la puerta frontal de nuestro país. Las reformas podrían incluir un incremento en el número de visas para trabajadores altamente calificados, reducir o exonerar las cuotas de solicitud, simplificar los formatos para que pueden ser llenados en línea, recortar los trámites burocráticos y hacer que sea más fácil que la gente obtenga las visas para trabajar o el reunirse con sus familiares que viven en Estados Unidos.

Todo eso son cosas buenas. La inmigración legal mantiene joven, vibrante, optimista y competitivo a Estados Unidos. Eso no es el problema, es parte de la solución.

Aunque, hay mucho dinero alrededor. Hay que prepararse para una guerra sobre las prioridades del presupuesto Los dólares de las visas contra los dólares de la aplicación de la ley.

El resultado nos dirá todo lo que necesitamos saber acerca de lo que a la administración Biden realmente le importa, cuál es su postura y si entiende el valor verdadero de la inmigración.

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