Opinion El Paso

Biden responde a sus críticos sobre Afganistán; contundentemente

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Jennifer Rubin / The Washington Post

jueves, 02 septiembre 2021 | 06:00

Washington— Finalizó el operativo militar de Estados Unidos en Afganistán después de 20 años. A diferencia de los críticos, asesores, expertos gurús y asesores militares pagados que han sostenido la ficción de que Estados Unidos estaba construyendo un gobierno afgano estable, Biden se responsabilizó ante los electores. Por lo tanto tuvo que reafirmar su decisión de terminar la guerra y defender la manera en que manejó la salida.

Cuando inició su discurso, sonó beligerante si no es que enojado. “Yo no iba a extender por siempre la guerra. Y tampoco iba a extender por siempre la salida”, dijo. Elogió a las tropas y diplomáticos estadounidenses que arriesgaron sus vidas para salvar más de 120 mil personas, enfatizando a los estadounidenses la magnitud del esfuerzo de evacuación.

Para los críticos que señalan a miles de afganos que vivirán en la miseria, explicó que ningún país ha hecho más para trasladar a sus aliados a un lugar seguro después de perder una guerra. En relación con los estadounidenses que siguen allá, argumentó que no hay “una fecha límite” para sacarlos. El extraer a esos estadounidenses será vital para retener su credibilidad.

Luego, lanzó una refutación punto por punto de los principales reclamos de los críticos. “Algunos dicen que debíamos haber empezado una evacuación masiva más temprano, y que eso hubiera podido hacerse de una manera más ordenada. Yo discrepo respetuosamente”.

El caos hubiera empezado en ese momento, argumentó. También insistió en que “no existe ninguna evacuación al final de una guerra sin las complejidades, desafíos, amenazas que enfrentamos, ninguna”. Su aceptación de que la proyección sobre qué tanto tiempo el gobierno y ejército afgano hubiera podido mantenerse fue “inexacta”, se reduce a una subestimación mundial.

Al referirse a los críticos que argumentan que Estados Unidos pudo haber asegurado Afganistán a un bajo costo y riesgo, dijo. “No creo que mucha gente entienda cuánto le hemos preguntado al 1 por ciento de este país que se ha puesto ese uniforme”.

Allí fue cuando habló Biden el presidente y Biden el padre. Él entiende la manera en que la guerra afectó las vidas de los estadounidenses y sus familias sin tener ninguna ganancia. “No existe nada como un bajo grado, o bajo riesgo o bajo costo en ninguna guerra”, agregó.

Aquellos que ya decidieron que saben más lo van a catalogar como “desafiante” o “a la defensiva”. Los estadounidenses que estaban observando desde casa pudieron ver algo diferente: Una explicación sin adornos y rigurosa de las dos últimas semanas.

Un presidente que de vez en cuando debe defender sus decisiones; aunque Biden tampoco dejó ninguna duda de que sus decisiones estuvieron circunscritas por el trato negociado por la anterior administración que empoderó al Talibán y dejó sueltos a miles de terroristas.

El discurso fue uno de los más contundentes de su carrera, mostrando la racionalidad de sus propias acciones como una acusación de la mentalidad que apoya las guerras indefinidas cuyo costo es pagado por otros. Para una Casa Blanca que estuvo a la defensiva durante dos semanas, ésta fue una robusta defensa que nadie se hubiera imaginado.

Su argumento de que Estados Unidos “no tiene un interés vital nacional” para mantener las fuerzas en Afganistán resonará en muchos votantes (tomando en cuenta que él pueda impedir los ataques en casa y evacúe a los que quieran salir de ese país).

Al final de su discurso fue más filosófico, haciendo hincapié en que las guerras interminables diseñadas para rehacer países ya concluyeron. Ese es un tema con el que la mayoría de los estadounidenses van a estar de acuerdo.

Al prometer que nos enfocaremos en intereses más vitales y establecer objetivos alcanzables cuando usemos la fuerza, intentó finalizar 20 años de guerra con la idea de que el gobierno tenía que desplegar fuerzas para proteger el país. Terminó con una conmovedora petición: “Ahora que cerramos 20 años de guerra, conflicto, dolor y sacrificio, llegó el momento de ver al futuro, no al pasado. Les doy mi palabra de todo corazón que creo que esta es la decisión correcta, una decisión sabia y la mejor decisión para Estados Unidos”.

La buena noticia para Biden es que una significativa mayoría, el 54 por ciento, según el sondeo más reciente realizado por el Grupo de Investigación Pew, aprueba el retiro. Sin embargo, la opinión sobre la actuación de Biden es decididamente más variada.

Pew reporta que: “aproximadamente una cuarta parte, o sea el 26 por ciento, dice que la administración hizo un excelente o buen trabajo, el 29 por ciento dice que la administración ha hecho un trabajo justo y el 42 por ciento dice que ha hecho un pésimo trabajo”. 

Tomando en cuenta la infatigable negativa y frecuentemente histérica cobertura, eso probablemente es un alivio para la Casa Blanca.

Los críticos de la derecha están pronosticando otro 11 de septiembre, el colapso de la OTAN y el desperdicio de la influencia internacional de Estados Unidos en su desesperación por demostrar que Biden está equivocado. Sin embargo, nuestros aliados no han mostrado señales de que hubieran preferido navegar por un mundo peligroso sin nosotros.

Una predicción más acertada para Afganistán es que probablemente habrá una implacable guerra civil con respaldo del exterior, parecido al conflicto en Yemen. El veredicto final sobre la actuación de Biden es probable que ocurra si su política de contra-terrorismo “más allá del horizonte” impide futuros ataques y el rescate de los que quieren salir de Afganistán.

Aunque Biden haría bien en examinar la actuación de su propia administración. ¿Quién falló en anticipar y planear completamente el desplome del gobierno afgano?, ¿se hubiera podido acelerar un proceso de visas especiales para inmigrantes con anticipación?.

Mayormente necesitamos entender la manera en que una guerra basada en deseos e ignorancia cultural podría durar dos décadas y por qué nuestra comunidad de inteligencia consistentemente entiende mal los temas importantes: desde el fallar en anticipar la caída de la Unión Soviética hasta las armas de destrucción masiva inexistentes en Irak. 

Si no solucionamos esos problemas más fundamentales, vamos a repetir los errores de Afganistán justo como repetimos los errores de Vietnam en Afganistán.

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