Beto nació para contender

-

Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post
domingo, 17 marzo 2019 | 06:00

San Diego— El enigma ha entrado al edificio.

En la política, si los medios concuerdan con sus posturas y usted juega bien con ellos, de ahí surgirá una benevolente narrativa de que con usted se puede “empezar de cero” y la gente puede escribir cualquier historia que ellos quieran (vean a Barack Obama).

Pero si el cuarto poder se opone a sus políticas y usted busca pleitos con los reporteros, la narrativa será menos atenta. Usted será un farsante, un charlatán, un estafador que se convertirá en lo que sea que la gente quiera (vean a Donald Trump).

Estemos listos o no, ahora tenemos a un candidato que parece ser una mezcla de ambos.

Justo a tiempo para el Día de San Patricio, Robert Francis O’Rourke entró formalmente a la contienda presidencial. Ha sido toda una travesía hasta ahora para el hijo irlandés-americano del juez del Condado de El Paso y comisionado del Condado, Pat O’Rourke, quien una vez le dijo a los reporteros que él le dio el apodo de “Beto” a su hijo debido a que pensó que podría ayudarle a obtener votos si entraba a la política en un estado fronterizo como Texas.

Pat O’Rourke era demasiado cínico. También era un genio. Él sabía que el apodo de “Beto” sería étnicamente beneficioso para su hijo —en dos ocasiones.Eso le ayudaría al joven O’Rourke a engañar a los ingenuos mexicanos a que pensaran que él era uno de ellos —y muchos así lo creen, con base en lo que escuchan— debido a que ya estamos acostumbrados al insulto de que actores blancos nos interpreten en las películas (un ejemplo: con Marlon Brando como Emiliano Zapata).

Pero esta puñalada a la apropiación cultural también le permite a los arrogantes liberales blancos sentir que son lo suficientemente progresistas para votar por un hispano, debido a que saben de corazón que es una opción segura, ya que en realidad estarían votando por uno de los suyos.

Al escuchar sobre el arribo de nuestro salvador, lo primero que pensé fue: ¿Por qué no esperarse hasta el Cinco de Mayo? Una falsa celebración mexicana creada por personas blancas para vender cerveza sería el día perfecto para lanzar la candidatura de un falso mexicano que es adorado por los liberales blancos a quienes no les importa que todo sea tan poco creíble.

El marketing está a todo lo que da. Los medios están sobre Beto como si fuera el último shot de tequila en una de esas ofensivas fiestas de alguna fraternidad de las que uno se entera que suceden alrededor del país, donde, para conseguir ese shot de tequila, usted tiene que ponerse un sombrero, envolverse en un sarape e imitar a un mexicano.

Beto se retiró de la Cámara de Representantes después de tres exhautivos términos de dos años, en los que no aprobó ningún proyecto de ley importante, en muy raras ocasiones tomó en cuenta a los hispanos, y se mantuvo al margen de la explosiva problemática de la inmigración, de acuerdo con legisladores hispanos, quienes recibieron los golpes más duros. En el 2017 lanzó una campaña por el Senado contra un intensamente poco popular titular y recaudó más de 70 millones de dólares de alrededor de todo el país. Aun así, al implementar la estrategia de Hillary Clinton para atraer a los votantes hispanos —esto es atrayéndolos para ignorarlos— aun así se las ingenió para arrancar una derrota de las fauces de la victoria.

O’Rourke —quien ha revelado contar con una riqueza personal de entre cinco y 10 millones de dólares —sufrió los estragos del desempleo de la manera que lo hace la mayoría de nosotros: pasando tres meses viajando por el país con el fin de encontrar la verdad sobre Estados Unidos y de encontrarse a sí mismo. El espectáculo fue demasiado para Nia Malika Henderson de CNN, quien señaló en ese entonces que una mujer o algún candidato minoritario estarían muy ocupados trabajando por cuenta propia y no podrían permitirse semejante extravagancia de autointrospección.

Aun así, Beto se salió con la suya. Siendo un punto a favor del privilegio de ser un hombre anglosajón, para quienes las reglas normales no aplican.

Mientras tanto, los medios —muchos de los cuales son dirigidos por liberales blancos quienes no dejan de fascinarse por las aventuras de otros liberales blancos, al mismo tiempo que se rehúsan con darle a otros la atención debida —se han vuelto locos por Beto.

El mes pasado O’Rourke fue entrevistado por Oprah Winfrey en Times Square. Ahora hay dos documentales y una sesión de fotografía de Annie Leibovitz para la portada en la más reciente edición de Vanity Fair. Y aún se esperan más adulaciones.

Pueden apostar que la otra docena de candidatos demócratas que contienden por la presidencia —sin importar el color que sean— están verdes de envidia.

Las cosas son especialmente molestas para Julián Castro, el único hispano auténtico en esta contienda. O’Rourke puede decir que debemos legalizar la mariguana en toda la nación. Si Castro dijera eso, los reporteros comenzarían a investigar para ver si el mexicoamericano tiene algún tío narcotraficante al sur de la frontera.

¿Por qué O’Rourke recibe este tratamiento especial? Ustedes saben por qué. Tal como el demócrata de Texas le dijo a Vanity Fair sobre la contienda presidencial del 2020, “Simplemente nací para ello”.

Pues está en todo su derecho, ¿que no?

He aquí una adivinanza: ¿Cuántos Betos se necesitan para cambiar un foco? Respuesta: Uno. Para sostener el foco, mientras el mundo gira a su alrededor.