Opinion El Paso

Atrapado en el paraíso

.

Jorge Ramos Ávalos/Periodista

domingo, 09 enero 2022 | 06:00

Mahé, Islas Seychelles— ¿Quién no ha dicho: quisiera estar en una isla y no tener nada que hacer? Yo lo he dicho varias veces en mi vida, particularmente en momentos de mucho trabajo, estrés y conflicto. Bueno, pues me pasó.

Estoy en una de las islas más preciosas del mundo y no tengo nada que hacer. Por el Covid me quedé atorado en Mahé, la isla más grande del archipiélago de las Seychelles, con unos 100 mil habitantes, donde sus imponentes montañas de granito y bosques tropicales chocan contra el mar Índico, el más caliente en que he nadado. Pero tengo que explicarles cómo llegué aquí.

Las Seychelles están en el otro lado del mundo, a unas cuatro horas de vuelo del este de África y a casi un día desde Miami o Nueva York. Luego de meses de planear y ahorrar, para dejar atrás las frustraciones del 2021, organicé aquí unas vacaciones de fin de año con toda la familia.

Pensamos en casi todo. Nos preocupaba la ola planetaria de ómicron. Pero todos estábamos vacunados y tuvimos que pasar una prueba PCR antes de viajar. Así que nos trepamos al avión.

Al segundo día sentí un extraño ruido en mi oído izquierdo. Tinitus. Pero se lo achaqué, al igual que el dolor de cabeza, a los vuelos y al jet lag. Al día siguiente, descansando boca abajo, sentí algo correr en mi fosa nasal izquierda. Me apaniqué. Fui al cuarto, saqué una prueba casera de Covid de mi maleta y 15 minutos después –con dos rayitas que indicaban positivo– supe que las vacaciones se habían acabado: tenía coronavirus.

La enfermera del hotel lo comprobaría al día siguiente con otra prueba.

Entré en modo emergencia. Nadie del resto del grupo estaba infectado y sorprendentemente encontré unos vuelos a Miami esa misma noche para regresar a todos. Mi hija Paola no me quería dejar solo y, en una increíble muestra de cariño y solidaridad, se quedó conmigo cuatro días para cuidarme. Cuando sea grande quiero ser como ella.

Mis tres vacunas de Moderna me han protegido bien y casi no tengo síntomas. Solo me quedó un ligero cansancio corporal. Pero lo peor es el aislamiento y la imposibilidad de salir de aquí. Una vez que se confirma el diagnóstico, el Ministerio de Salud de las Seychelles se comunica contigo y te obliga a ponerte en estricta cuarentena.

Tengo la suerte de pasar estos difíciles días en mi hotel. Otros tienen que cumplir su aislamiento en instalaciones del gobierno. Desde mi ventana veo el mar y las verdísimas montañas. Tan cerca pero tan lejos. Con más de cinco millones de muertos por el Covid en el mundo no tengo de qué quejarme. Y sin embargo...

Cuando en esta isla llueve, se borra la línea que separa al mar, todo se enreda y a mí también me llueve por dentro. Con la partida de Paola me quedé solo. Solísimo. Aunque poco a poco he ido reconociendo a nuevos compañeros. En los árboles hay tantas tarántulas en sus telarañas –antes de enfermarme un guía me ayudó a identificarlas– que ya no brinco al verlas. Trato de tener cerradas las ventanas y la puerta para evitar que IVNIs se metan (insectos voladores no identificados). Pero mi batalla con los animalitos está perdida.

Me traen la comida en cajitas y vasos desechables que dejan en la puerta y los empleados vienen con máscara y guantes y no se me acercan. Sé que les doy miedo.

No soy religioso ni supersticioso. Pero ahora entiendo por qué el personaje de Tom Hanks en la película Náufrago (2000) se sentía acompañado por una pelota de voleibol a la que llamó Wilson. Chiqui, mi compañera de vida, olvidó un arete y lo tengo postrado como objeto sagrado sobre una toalla blanca; quiero creer que si lo toco me traerá suerte. O al menos me recuerda mi vida antes de esta pesadilla.

Aquí tan lejos te sientes muy vulnerable y frágil. Hay tantas cosas que no dependen de mí. He tenido que soltar el control. Me cuelga, en el centro del pecho, una angustia que no se va ni para dormir.

Estoy atrapado en el paraíso. Todavía no sé ni cómo ni cuándo me voy a poder ir de aquí. Pero sospecho que esta experiencia me va a marcar mucho. De hecho, ya me cambió. Me ha dado tiempo, mucho tiempo, de pensar en lo verdaderamente importante. Luego les cuento en qué termina todo esto.

Notas de Interés

Te puede interesar

close
search