Para llegar a la Casa Blanca, cuéntenos una historia, Sr. Castro

-

Ruben Navarrette Jr. / The Washington Post
sábado, 19 enero 2019 | 21:05

San Diego– Los asesores políticos dirán que para postularse para presidente se tiene que recaudar dinero, contratar a empleados, establecer una organización, estudiar los temas y conseguir apoyos.

Eso es un error.

Hágale caso a un periodista: proponerse para presidente es contar una historia.

Eso es especialmente cierto en un momento en que los estadounidenses están de pie frente a unos hidrantes contra el fuego que lanzan información, y sus periodos de atención son más cortos que nunca.

Se tiene que reducir todo lo que se es, en lo que se cree y lo que haya hecho en una narrativa corta y clara que le diga a la gente lo que es esa persona, qué representa y por qué desea ese extravagante trabajo.

Julián Castro tiene una buena historia qué contar, y ahora, el ex alcalde de San Antonio y ex secretario de Vivienda y Desarrollo Urbano de 44 años, tiene una plataforma nacional desde la cual contarla.

Castro anunció que se va a postular para presidente en el 2020. Su primera decisión fue brillante al haber escogido a su hermano gemelo, el representante demócrata por Texas, Joaquín Castro, como su presidente de campaña.

¿Quién mejor que él para guiarlo a través de ese arduo proceso que alguien que lo ama desde que nació y lo conoce mejor que cualquiera y no tiene miedo de decirle lo que necesita escuchar?

En lo que será un grupo muy concurrido de demócratas que esperan convertirse en el nominado de su partido, el primer objetivo de Castro tiene que ser el estar entre los que tengan más posibilidades de ganar.

Y no me lo crean —he sido alguien que conoce desde hace 15 años a este nativo de San Antonio, que lo ha entrevistado docenas de veces y ha escrito miles de palabras acerca de él— no está postulándose para vicepresidente ni solicitando otro puesto en el gabinete.

Él estará perfectamente contento y tiene altas posibilidades de ser contratado en el sector privado si la posibilidad de llegar a la Casa Blanca no funciona.

Pero si funciona, y Castro se coloca en el escenario del debate nacional en el mes de marzo o abril del próximo año, será por una cosa que estará por encima de todo lo demás: su historia.

La parte más importante de la historia de mi amigo no es su familia, sino la geografía.

Ya conocimos un avance de esa parte de la historia —para la generación del Netflix, el término que puede usarse es “tráiler”— durante el anuncio oficial que hizo en el oeste de San Antonio, que es en donde él y su hermano crecieron.

Ese es el lugar que moldeó y esculpió a Julián Castro. Antes de asistir a la Universidad de Stanford y a la Facultad de Leyes de Harvard y de ser electo alcalde de la séptima ciudad más grande del país y de ser aprobado para convertirse en el posible compañero de fórmula de Hillary Clinton, y de haber sido seleccionado por Barack Obama para pronunciar el discurso principal en la Convención Demócrata del 2012 y que posteriormente se unió al gabinete y escribrió sus memorias para una importante casa editora —antes de todos esos logros y elogios, fue la parte oeste la que incidió en la manera en que Castro ve el mundo y su lugar en él.

Si usted no entiende eso —y tampoco los vecindarios como ése en todo el país— nunca lo entenderá.

Fue allí —en ese vecindario miserable, construido por inmigrantes, en donde la única manera de salir de ese lugar era teniendo un sueño y  trabajando arduamente para hacerlo realidad— que los gemelos fueron criados por una madre soltera con agallas.

Justo al igual que su mamá fue criada por su madre, quien era una inmigrante mexicana que trabajó como sirvienta, cocinera y niñera.

Rosie Castro es como la Rose Kennedy de San Antnonio, excepto que ella crió a sus prodigios teniendo dinero.

En una ocasión le pregunté a Joaquín Castro por qué ni él ni su hermano eran fanfarrones.  Me dijo que se debe a sus humildes orígenes en la parte sur de la ciudad en donde, cuando eran adolescentes no tenían dinero ni auto de la familia, y tenían que trasladarse en autobús, de hecho, fue en la misma ruta de camión que los dos recorrieron que una mañana Julián hizo ese anuncio tan especial.

A los 23 años, Rosie Castro compitió infructuosamente para formar parte del Consejo de la Ciudad en 1971, como parte de un grupo de candidatos que se hacían llamar el Comité de Mejora del Barrio que pertenecían al Partido Raza Unida.

Ella logró hacer una carrera en educación superior en un colegio de la comunidad.

También resultó que fue muy buena para criar a sus hijos.

Como lo recordó Julián en su discurso, después que ella perdió la elección, Rosie le comentó a un reportero: “Ellos van a volver a intentarlo”.

“Bueno, mamá, yo creo que ya estamos de regreso”, dijo el candidato frente a una multitud que lo aclamaba.

Es mejor que creamos eso para deleite de aquellos que nos fascina escuchar una gran historia.