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Nuevo Casas Grandes

Él era nuestro "daimio" (líder)

“Siempre que venía le gustaba disfrutar su tiempo con nosotros y nos llevaba a comer una nieve, y justamente los estaba esperando en casa para ir todos juntos cuando poco después me llamó mi madre para contarme lo sucedido”

Víctor Hugo Valdovinos
miércoles, 06 marzo 2019 | 06:00

Nuevo Casas Grandes.- “Fue un hombre de bien, en el trabajo nunca aceptó el dinero de ellos (los delincuentes), y para nosotros era nuestro “daimio” (líder en japonés) pero ahora la familia somos como ronin (sin líder)”, resumió de manera breve Kenjy Adrián de 19 años, hijo del recién fallecido Adrián Matsumoto Dórame, Subdirector de Seguridad Pública de Ciudad Juárez.

Con la mirada fría, sobrellevando por dentro el haber perdido a su padre, señala con dolor y coraje la manera en que el segundo al mando de las fuerzas municipales de Ciudad Juárez fue “cazado” aquí en Nuevo Casas Grandes: “No tuvieron ni la decencia de agarrado solo, lo acorralaron con la familia sabiendo que así no se iba a poder defender”.

Esa tarde del pasado domingo cuando sobrevino la tragedia sobre la familia Matsumoto Hernández, el mando policial se hallaba de descanso en su tierra natal Nuevo Casas Grandes, acompañado de su esposa y de uno de sus hijos, mientras Kenjy lo esperaba para ir a comprar una nieve.

“Siempre que venía le gustaba disfrutar su tiempo con nosotros y nos llevaba a comer una nieve, y justamente los estaba esperando en casa para ir todos juntos cuando poco después me llamó mi madre para contarme lo sucedido”, narró Kenjy.

Usando un saco azul marino de su escuela, al que le agregó una de las insignias que usaba su padre en el uniforme oficial, el mayor de los Matsumoto Hernández quien practica tae kwon do igual que lo hacía su padre (incluso traía un brazo vendado por su última pelea), recuerda a su padre con mucho orgullo y sobre todo como un hombre muy optimista, quien siempre buscaba verle el lado gracioso a las cosas.

Ese optimismo sin embargo, no le hacía perder la realidad en la que vivía y recuerda que su padre solía decir con frecuencia un mensaje para los delincuentes: “Yo soy policía y usted delincuente, yo hago mi trabajo y usted el suyo, si me respeta lo respeto, pero si se pone enfrente de mí, que sea lo que Dios quiera”.

Víctor Hugo Valdovinos/El Diario

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