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Nacional

¿Qué fue de los mexicanos y ucranianos rescatados?

El conflicto con Rusia los obligó a dejar, en algunos casos, todo atrás

César Martínez
Agencia Reforma

domingo, 24 abril 2022 | 09:35

Cortesía SRE

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La falta de documentos ha complicado la vida de la familia de Alba Becerra, una de las primeras mexicanas que huyó de la guerra en Kiev, Ucrania, y que pudo regresar junto con su hijo y su nuera a México, el pasado 4 de marzo.

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Aunque agradece el apoyo del Gobierno de México, que desplegó un operativo encabezado por la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) para traerlos junto con otras personas al País, pide ahora el apoyo federal para agilizar los trámites que le permitan a su familia poder trabajar.

"Estamos bien, nos gusta México, nos gusta todo, nos tratan bien, México realmente es un país muy agradable, pero sin oportunidad de trabajar se complica", dice Alba en entrevista con REFORMA.

"Yo les pediría (a las autoridades) que sean más flexibles, que agilicen estos trámites; no estoy pidiendo nada regalado".

Narra que ella sigue dando clases virtuales a sus alumnos que tenía en Kiev, pero ahora están dispersos en el mundo, mientras que su hijo, Alberto, quien tiene maestría, tuvo que meterse a un curso de instalación de tablarroca para poder trabajar en algo, y su nuera, Darina, que está embarazada y también es profesionista, no ha podido regular su estancia migratoria.

Como ella no es mexicana, al llegar a la Base Aérea Militar Número 19, a un costado del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), los agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) le dieron una visa de turista por 180 días.

"Cuando recién llegamos me dirigí al Instituto Federal de la Defensoría Pública, ellos me dijeron que ella no podía tener una visa humanitaria, que su estatus migratorio tenía que ser como turista, porque ella no entró al País, ni golpeada, violada, ni maltratada", recrimina Alba.

"En otros países dan el estatus de refugiada a la llegada, o se tardan un mes o dos".

La opción que le dieron para legalizar la estancia permanente de Darina fue que se tramitara su residencia como esposa de un mexicano, pero el Instituto Nacional de Migración requiere que los documentos estén traducidos y la familia no ha juntado dinero para pagar un perito traductor.

En total, el trámite podría tardar más de un año, lapso durante el cual Darina no podrá trabajar, aunque es abogada, lo que le angustia a Alba porque su nuera necesita un plan médico antes de dar a luz.

Alba llevaba 32 años viviendo en Kiev, su hijo sólo conocía México por tres ocasiones en las que vino a vacacionar y la pareja de él nunca había estado aquí. Ahora, los tres viven con una hermana de Alba en un pequeño pueblo llamado La Cuata, cerca de Las Varas, Nayarit, a unas dos horas de Puerto Vallarta, en donde se han enfermado por no estar acostumbrados a la comida.

En Ucrania los tres trabajaban y vivían en un departamento propiedad de Alba, pero ahora el único ingreso fijo que mantienen es el de ella, que sigue dando clases virtuales de español a sus alumnos que tenía en Kiev, aunque ya ninguno está en la capital ucraniana. El edificio de la escuela sigue en pie, pero evidentemente está vacío.

Por la diferencia horaria, Alba se conecta todos los días para dar clases de las 11 de la noche a las 7 de la mañana. Sus alumnos van de los 10 a los 18 años.

"Se están conectando desde todas partes del mundo, tengo niños que están en Corea, en Canadá, otros en Portugal, otros en Rumania, en Estados Unidos, en diferentes partes del mundo, y tengo otros que siguen en Ucrania", cuenta.

"Mi alegría son mis niños, todos están trabajando muy bien; la desvelada es dura, pero después de trabajar con ellos me queda mucha satisfacción".

Su hijo, Alberto, estudió derecho internacional y tiene una maestría en derecho público, pero para ejercer en México debe revalidar los estudios, lo que le llevará tiempo. Mientras tanto, él tomó un curso para instalar tablarroca para poder trabajar en la construcción. Cumplió 26 años el viernes de la semana pasada.

En Nayarit, la familia de Alba se ha enfrentado a actitudes groseras. "Están muy rusificados", explica ella. Y cuenta que les han llegado a decir que los ucranianos se lo buscaron porque coquetearon con la OTAN.

"Muchas personas, incluso dentro de mi familia, tienen esa misma opinión", lamenta, y aunque es mexicana de nacimiento, ella se siente agredida.

En tanto, está buscando la opción de regresar a Europa, no por huir de México, sino por una intención de apoyar a los refugiados que salgan de Ucrania. Por lo pronto, ha entablado contacto con una organización de España que está instalando una escuela para los niños que huyeron de la guerra.

Alistan boda, para regular papeles

El michoacano Omar Aviña y su prometida, la ucraniana Iryna Volkova, alistan su boda en Michoacán. Será una celebración pequeña, "íntima", dice él, pues aún confían en que podrán celebrar con los papás de ella cuando la guerra que inició Rusia termine.

"No es una celebración, porque bajo estas circunstancias uno no puede celebrar", dice Aviña en entrevista telefónica desde Jacona, Michoacán, en donde está viviendo con su prometida.

"Va a ser una comida, nada más, y vamos a tener una videollamada para que sus papás estén también de testigos".

Aviña y Volkova llegaron a México hace casi dos meses, en el primer avión que mandó el Gobierno de México para repatriar a los mexicanos y sus familiares que estaban en Ucrania.

En aquella ocasión, sobrevolando el Atlántico, ella comentó que su corazón no estaba en paz porque sus papás se quedaban en un pueblo llamado Voznesensk, donde había bombardeos de las fuerzas rusas.

Los papás de Volkova están bien, pero ahora ella busca regularizar su estancia migratoria en México y no pueden postergar más la boda, al menos la civil.

"Tenemos el dato de que en este caso, como no viene de refugiada sino como turista, no hemos visto la situación de regularizar, porque primero tenemos que casarnos", comentó Aviña.

"Otros mexicanos con pareja ucraniana comentan que les ha costado trabajo hacer el trámite como refugiados porque México tiene una política de que no se pueden refugiar a menos que tengan un daño inminente, como por ejemplo que hayan sido violadas o con amenaza de muerte".

Volkova mantiene su empleo en línea, dando clases de idiomas, inglés y chino mandarín, mientras termina su doctorado en la Universidad de Leyes de Beijing.

"Está tratando de seguir, en lo que yo consigo un empleo más sólido en México", dice Aviña, quien no ha podido encontrar un empleo bien remunerado.

La pareja sigue con sus planes de salir de México, por lo que se han postulado para diversos empleos en Estados Unidos, Canadá y China.

"No se ha dado una oportunidad concreta, sobre todo por el visado de trabajo, pero seguimos viendo esa opción", explica.

En general, Aviña considera que a casi dos meses de su regreso a Michoacán les ha ido bien, sin que hayan presenciado ningún evento de violencia en ese Estado

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