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Nacional

'No somos infiltradas, somos las familias'

Las voces de las sobrevivientes marcharon al frente en el 25N, para gritar su dolor y expresar sus exigencias

Amallely Morales y Viridiana Martínez
Agencia Reforma

viernes, 26 noviembre 2021 | 10:05

Agencia Reforma

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Ciudad de México.- La memoria de las víctimas de feminicidio y las voces de las sobrevivientes marcharon al frente en el 25N, para gritar su dolor y expresar sus exigencias. 

"¡No somos infiltradas, somos las familias y estamos indignadas!", fue uno de los gritos con los que el contingente salió alrededor de las 16:00 horas del Ángel de la Independencia.

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"¡No fue un crimen pasional, fue un macho patriarcal!", gritaron también con los rostros de sus hijas en pancartas y los nombres en sus gritos, "¡Fernanda, Campira, Vero, Abi, Karina!".

En el contingente, también estaba Irenea Buendía, madre de Mariana Lima, quien fue hace más de una década en Chimalhuacán y dio nombre al protocolo para investigar como feminicidio toda muerte violenta de mujeres.

Las sobrevivientes también marcharon. Fabiola, cuyo agresor dejó libre el Poder Judicial de la CDMX; Carolina, caminando con un bastón por la cadera desviada, consecuencia de la agresión a la que sobrevivió.

"¡No, no me da la gana ser asesinada por quien dice que me ama!" gritaban mientras caminaban sobre Paseo de la Reforma con una sola parada larga: la Glorieta de las Mujeres que Luchan. Ahí entonaron la "Canción sin miedo" de Vivir Quintana.

"En un segundo le quitan la vida a nuestras hijas y para buscar justicia se nos niega. Aquí estamos levantando la voz porque le quitaron le voz a nuestras hijas.

"No van a tener la comodidad de nuestro silencio", expresó Irenea Buendía más tarde en el Zócalo donde tomó el micrófono frente a Palacio Nacional.

Más tarde, en entrevista, Irenea lamentó que a su hija le hayan quitado la oportunidad de litigar.

"Ella estaba estudiando para abogada en la UNAM. Sin embargo, con la sentencia que lleva su nombre para investigar toda muerte violenta de mujer, ella vivirá y será una forma de litigar siempre cada que alguien quiera usar ese proceso para obtener justicia", dijo la mujer.

Agregó que ahora ve un panorama mucho más desalentador que cuando ella ingresó a la lucha feminista en 2010.

"En ese momento asesinaban a menos mujeres, ahora son más. Sólo de las que nos enteramos porque hay comunidades alejadas en donde aún no son escuchadas", explicó.

"Por eso volvemos a salir, no tendríamos que estar persiguiendo a las autoridades para que se nos haga justicia, pero lo vamos a seguir haciendo".

'Pedimos por favor y no nos escuchan'

"Entendí que nuestros derechos no se peleaban con abrazos porque cuando yo le pedí a mi violador que por favor me dejara, él no paró", narró Pink.

La joven se negó a tener relaciones sexuales con su novio y él la violó.

"Lloraba, le suplicaba que ya no, ni viéndome sangrar se detuvo, no le importó. Me quedé llorando y me fui de su casa", relató.

En su círculo cercano encontró burlas en lugar de apoyo, no tuvo fuerzas para denunciar.

La psicóloga con la que acudió la acercó al feminismo, que asegura fue y es un soporte para enfrentar lo que le pasó y comprender que los "novios también violan".

Pasó cuando tenía 23 años y cinco años después su vida pareció pausarse. Ella explicó que arroja pintura a los policías como un símbolo en contra del Gobierno al que representan, no busca agredirlas físicamente.

En la misma marcha, una mujer de 20 años empuñaba un martillo, avanzaba entre las participantes dispuesta a golpear semáforos, inmuebles o lo que hubiera.

Detrás está la historia de una mujer que se independizó a los 17 años, se independizó y encontró trabajo como edecán. Mauricio M, quien la contrató, le dijo que los clientes le tomarían fotos desnuda y al llegar, abusaban de ella. Fueron más de 20 agresiones, entre los violadores, aseguró, se encuentran dos diputados de Cuernavaca y el mismo tratante.

Otra joven del llamado Bloque Negro aseguró que rompen y gritan para ser visibles.

"Es coraje porque nadie nos escucha, si pintamos, bailamos, hacemos obras de teatro nadie nos escucha. Cuando estamos rayando, gritando, interviniendo monumentos, así sí nos escuchan", expresó.

A los 7 años, cuando fue abusada sexualmente por su tío, nadie le creyó; su familia lo protegió. Cuando su padrastro abusó de ella, al inicio su mamá tampoco le creyó

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