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Evocan los 200 años del Plan de Iguala

Americanos, escribió Agustín de Iturbide hace dos siglos, he aquí el establecimiento y la creación de un nuevo Imperio

Israel Sánchez
Agencia Reforma

martes, 23 febrero 2021 | 22:33

Ciudad de México— Americanos, escribió Agustín de Iturbide hace dos siglos, he aquí el establecimiento y la creación de un nuevo Imperio.

"A la frente de un ejército valiente y resuelto, he proclamado la independencia de la América Septentrional. Es ya libre, es ya señora de sí misma, ya no conoce ni depende de la España ni de otra nación alguna. Saludadla todos como independiente".

Con tal voz, plasmada hace 200 años en el también llamado Plan de Iguala, el Comandante del Ejército Realista marcaba el inicio del fin de la pugna independentista del México naciente, y definía las directrices por las que habría de seguir el nuevo País.

"El Plan de Iguala es un manifiesto emitido en un momento histórico clave, un documento fundamental para el proceso de independencia mediante el cual se selló un pacto que hizo posible poner fin a 11 años de guerra en territorio novohispano", valora en entrevista Fausta Gantús, maestra y doctora en Historia, profesora y académica del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora.

"Es un documento muy relevante en el proceso histórico de disolución del orden virreinal y construcción del Estado nacional mexicano, porque es la síntesis del programa político-militar que vertebró el movimiento independentista finalmente triunfante", señala, por su parte, Rodrigo Moreno, investigador del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la UNAM.

Se trata, añade Alfredo Ávila, del plan en el cual Iturbide proyectó el movimiento que, siete meses después de la promulgación, condujo al establecimiento del primer Gobierno independiente de manera definitiva en el País.

"Es precisamente el programa, son los pasos a seguir para conseguirlo. Y, bueno, lo consiguió", subraya en entrevista el también doctor en historia e investigador del IIH.

"Sobre la base de un compromiso con tres garantías fundamentales -religión, independencia y unión de los mexicanos-, el Plan logró un entendimiento con los insurgentes encabezados entonces por Vicente Guerrero, y sentó las bases para el funcionamiento de un Gobierno provisional capaz de gestionar la transición de un régimen de dependencia del Imperio español a uno de vida autónoma", puntualiza Gantús.

Y es que, detalla Moreno, en 23 o 24 artículos -depende de la versión del Plan- Iturbide propuso una serie de principios, valores o garantías, tales como la independencia absoluta con respecto a la Monarquía española; la unión entre americanos y españoles; la religión católica sin tolerancia de alguna otra; la igualdad de derechos para americanos, españoles, indios y afrodescendientes; el respeto a la propiedad, y la prevalencia de fueros eclesiásticos.

También perfiló las características del Gobierno independiente que habría de establecerse en el Imperio Mexicano, concebido como una monarquía moderada por una Constitución propia y división de poderes. El trono, remarca Moreno, se le ofrecería al monarca español Fernando VII o, en su defecto, a algún miembro de esta u otra casa reinante.

A decir de Gantús, la propuesta de traer a un miembro de la casa real española para reinar en un territorio que se asumía independiente del imperio español abría la puerta al arreglo entre dos fuerzas político-militares con profundas diferencias, como eran el Ejército Realista, inconforme con el rumbo de la política metropolitana, y las fuerzas insurgentes, desgastadas pero decididas a no ceder en su demanda de emancipación absoluta de España.

"Iturbide representaba a las clases sociales poderosas de la Nueva España y a la jerarquía eclesiástica; Guerrero, a los insurgentes. De manera que juntos, en nombre de la religión y la independencia, acordaban unirse como mexicanos y caminar separados ya de la vieja metrópoli para construir juntos una nueva nación", expresa la historiadora.

"En síntesis, el Plan ofrecía un proyecto moderado e independentista que pretendía atraer a grupos y tendencias de muy distinto signo político: desde la insurgencia armada y republicana hasta la jerarquía eclesiástica más conservadora, pasando por simpatizantes del liberalismo constitucional y por sectores medios y bajos de las fuerzas armadas virreinales", complementa Moreno.

Era, dice Ávila, un plan en el que Iturbide ofrecía a cada quien lo que estaba pidiendo, que prometía satisfacer las demandas de todos: la Iglesia, el Ejército, liberales, insurgentes, los grandes comerciantes. Lo cual posteriormente fue difícil de cumplir, en particular porque el País estaba en bancarrota y el líder militar realista no quiso aumentar los impuestos.

Pero fue un proyecto que, tras su publicación, logró prosperar y crecer con rapidez debido a la paulatina adhesión de ayuntamientos -a los que Iturbide ofrecía contar con autoridad propia-, de militares y de milicianos. Aunque el pacto unitario, considerando la diversidad de intereses que lo habían avalado en un primer momento, tuvo poco futuro.

Eventualmente, el Plan tuvo como consecuencia la firma de los Tratados de Córdoba -suscritos por Juan O'Donojú, el último jefe político superior de la provincia de la Nueva España, y a favor de la causa independentista- y la publicación del Acta de Independencia del Imperio Mexicano el 28 de septiembre de 1821, destaca Gantús.

Así como el establecimiento del propio y efímero Primer Imperio Mexicano encabezado por Iturbide, que tras menos de un año de duración dio paso a un largo periodo de luchas y empeños por establecer un régimen republicano que hiciera posibles equilibrios de poder y formas de convivencia política para mantener la unidad de esa nueva nación en gestación.

"He aquí el objeto para cuya cooperación os invita. No os pide otra cosa que lo que vosotros mismos debéis pedir y apetecer: unión, fraternidad, orden, quietud interior, vigilancia y horror a cualquier movimiento turbulento", clamaría Iturbide hace 200 años.

¿Padre de la patria?

En 1971, en el marco de los 150 años del Plan de Iguala, el Gobierno de Luis Echeverría y ambas Cámaras elaboraron un decreto para hacer que Vicente Guerrero fuera considerado el auténtico consumador de la Independencia.

Lo cual, explica Ávila, se debe a que Iturbide es un personaje incómodo y que ha causado animadversión a lo largo de la historia, en parte por razones ideológicas.

"Se coronó Emperador, y desde la perspectiva del relato patriótico oficial del pasado mexicano, pues la Monarquía es vista como conservadora, retardataria, elitista; es la aristocracia. Mientras que la República es lo moderno, lo popular, etcétera", apunta el investigador del IIH.

Pero también hay otras razones estrechamente vinculadas con su papel como Comandante del ejército realista y su feroz combate a los insurgentes, cometiendo verdaderos crímenes contra la población civil.

"Entonces sí, es un personaje muy difícil, muy incómodo, y la verdad es que en todo el siglo 20 mexicano los gobiernos prefirieron realzar el papel de Guerrero para tratar de reducir el de Iturbide", remarca el historiador.

Para Fausta Gantús es importante, sin obviar su cruda faceta militar y sus afanes imperialistas, dar a Iturbide el lugar que le corresponde del lado de quienes hicieron posible la separación de España, la creación de un territorio independizado de la corona española.

Aunque Ávila hace especial hincapié en tampoco caer en el extremo contrario, como en ocasiones ha sucedido, de atribuirle responsabilidad de más. Pues si bien el Plan de Iguala es autoría suya, lo cierto es que la idea de la independencia estaba presente en el discurso público de la época y las condiciones estaban dadas para que él o cualquier otro la encabezara.

"Sí, es el protagonista de eso que sucedió, pero no es el hombre indispensable; no es el gran genio. Por supuesto que hizo cosas importantes, pero tampoco caigamos en la otra visión, la visión de la historiografía más conservadora que lo ve como padre de la patria", expresa el historiador.

"No creo útil en la actualidad buscar la exaltación o el vilipendio de ninguna figura histórica, más bien, el análisis ponderado y contextualizado de los procesos históricos", agrega Moreno. "Me parecería más interesante recuperar la dimensión colectiva de éste y otros procesos históricos en lugar de continuar su personificación a partir de un puñado de protagonistas icónicos".

Ni buenos ni malos

Al estar incluido el bicentenario de la promulgación del Plan de Iguala entre las efemérides del programa conmemorativo impulsado por el Gobierno del Presidente Andrés Manuel López Obrador, Ávila percibe una gran oportunidad para mostrar, a través de la historia, que la realidad es mucho más complicada de lo que habitualmente el discurso o el relato patriótico ha promovido.

"El sentido tendría que ser mostrarle a la gente que la historia está hecha de cosas que pueden ser contradictorias. Que el hombre ambicioso, cruel y terrible que fue Iturbide también fue el que hizo el Plan de Independencia (de la América Septentrional) y fue el que consiguió la independencia definitiva de México.

"¿Eso lo hace un héroe o un villano? Pues la verdad es que ni una cosa ni la otra. La vida no tiene héroes y villanos; se trata de una realidad mucho más complicada en la que no hay buenos ni malos", enfatiza el investigador del IIH de la UNAM. "Son personajes muy complejos que tienen sus propios intereses, y que actúan movidos por éstos y también por sus ideales".

Es, continúa, lo que le gustaría que estas conmemoraciones pudieran transmitir: una visión más compleja del pasado nacional, menos maniquea. Y que, a partir de ello, le permita a la gente reflexionar que lo que vive en el México de hoy no es distinto a todas las contradicciones en la base de la construcción del País.

"Si estás acostumbrado a ver el pasado en blanco y negro, en el bueno Juárez contra el malo Maximiliano, o el bueno Hidalgo contra el malo Iturbide, entonces el presente lo analizas igual: si estás con el Gobierno actual dices 'la Cuarta Transformación, qué gran movimiento es éste, y sus enemigos son los malos'. Pero si estás en la Oposición piensas exactamente igual: 'Nosotros somos los buenos y aquellos son los malos'. Y sabemos que no es así.

"Entonces, aprovechar las conmemoraciones para empezar a enseñarle a la gente una historia más complicada, una historia que muestre más las contradicciones que hay. Creo que puede ser útil porque nos enseñaría también a interpretar nuestro presente de una manera más compleja y menos simplona", estima Ávila.